miércoles, 30 de septiembre de 2009

El 125 aniversario del natalicio de don Antonio Francesco PERA Mariátegui

(Fotografía de don Antonio Francesco PERA Mariátegui, año aprox. 1910)

Tal como al principio de este mes, que ofrecí una breve reseña biográfica de mi tío don César Antonio PERA Balestra con motivo de su centenario, hoy 30 de setiembre de 2009, efectuaré otra reseña biográfica respecto al primogénito de la familia que conformaron mis bisabuelos: don Antonio PERA y doña Francisca Mariátegui, con motivo del 125 aniversario del natalicio de éste.
Mi tío-abuelo, don Antonio Francesco PERA Mariátegui, nació el 30 de Setiembre de 1884, tal como todos sus hermanos, en altamar. Como he referido en anteriores "entradas", mi bisabuelo Antonio PERA Piccone era dueño y Capitán del barco velero "San Remo", con el cual realizaba labores de comercio ultramarino alrededor de buena parte del mundo (América del Norte, Centro y Sur, Europa, Medio Oriente y por la costa occidental de África), por lo que al no tener domicilio fijo en tierra, vivía con su esposa en su barco. Es por ello, que todos sus hijos nacieron en las llamadas "aguas internacionales" o altamar, que como he indicado antes, la llamada Convención de Derecho del Mar refiere que el "libre mar" se constituye por aquellas zonas marítimas que no se encuentran incluidas ya sea en la zona económica exclusiva, en el mar territorial o en las aguas interiores de un Estado, ni en las aguas archipelágicas de los conocidos como Estados archipelágicos), por lo que altamar es considerada como patrimonio común de la humanidad. Debo indicar asimismo, que en el Art. 91º de dicha Convención se manda lo siguiente: "Los buques poseerán la nacionalidad del Estado cuyo pabellón estén autorizados a enarbolar"; en ese sentido, el velero de mi bisabuelo ("San Remo") al enarbolar la bandera del aún Reino de Italia (puesto que Italia recién se hace República en el año 1946) tenía para las normas del Derecho Internacional la calidad de territorio italiano, por lo que habiendo nacido mi tío-bisabuelo en dicho barco, mientras el mismo navegaba en aguas internacionales, le correspondía en aplicación de las normas internacionales -aún vigentes-, la nacionalidad italiana, tal como a cualquier sujeto nacido en el propio suelo continental italiano.

No obstante ello, el alumbramiento de todo nacido en ultramar o en una nave aérea (evento para el cual se prevé la misma circunstancia) debe ser inscrito en el registro de nacimientos de la ciudad donde el barco o aeronave efectúe una escala. Por aquel año, 1884, mis bisabuelos tenían poco más de un año de casados y se encontraban navegando las costas sudamericanas del Océano Pacífico, dando la coincidencia que se encontraban cerca del que hasta hace pocas décadas fuera uno de los más importantes -si no el más importante- puerto de la costa norte peruana, el Puerto de Paita (actual tercer puerto del Perú), localizado en el Departamento de Piura, ciudad portuaria que acogería a insignes personajes tales como el "Caballero de los Mares" don Miguel Grau Seminario y el Libertador don Simón Bolívar y su consorte doña Manuelita Saénz Aispuru.

Es así que mis bisabuelos decidieron registrar a su primer hijo (o primogénito) en dicha ciudad -tan importante para el comercio marítimo peruano hasta mediados del siglo XX-, tras lo cual mi tío-abuelo obtuvo desde su nacimiento y registro terrestre la doble nacionalidad, italiano-peruano. Dicho registro se dio primero en el registro bautismal de la más antigua iglesia del puerto, la famosa Iglesia "San Francisco de Asis de Paita" -denominada a su creación como "San Francisco de Paita de Buena Esperanza", que es el nombre del Santo Patrón de la misma-, ello el día 11 de Diciembre de 1884 (cuando Antonio Francesco contaba ya con dos meses y días de nacido), siendo bautizado por el Presbítero Pedro Rubio Mesía, y siendo sus padrinos de bautismo los paisanos de mi bisabuelo, el matrimonio italiano conformado por don Bartolomé Nicolini Ravenna y doña María Castagnino de Nicolini. Al día siguiente, el 12 de Diciembre del mismo año, sería don Bartolomé Nicolini Ravenna quien tuviere el encargo de inscribirlo en el registro civil del puerto consignándole como nombre simplemente Antonio PERA Mariátegui. Dicha equivocación daría como anécdota que el 17 de Diciembre de 1929 (a los 45 años de edad) mi tío-abuelo viajara a Paita a efectuar el pedido de rectificación de su partida de nacimiento civil ante el Inspector del Estado Civil del Concejo Provincial de Paita, a quien le dirigió una carta en la que le sustentó el pedido de rectificación ofreciendo como testigos de que el real nombre que le fuere impuesto por sus padres fue Antonio Francesco, y no únicamente Antonio, dichos testigos fueron don J. Adolfo Valdez y don Braulio Panta García. Dicha solicitud fue inmediatamente admitida por el citado inspector civil, y en virtud de ello se enmendó la partida de nacimiento de mi tío-abuelo, quedando desde entonces sentado, que su nombre completo era Antonio Francesco PERA Mariátegui.

Desde muy joven, tuvo que encargarse de cuidar a sus hermanos menores, habiéndo quedado huérfano de madre en el mes de Agosto de 1899, con apenas 14 años de edad, por lo que no solo tuvo que acudir a la ayuda de su padre en el negocio familiar como aprendiz de marina en conjunto con su hermano menor (mi abuelo) don Cesare Umberto PERA Mariátegui -de 12 años-, sino además en las labores de la casa que por aquellos años alquilaban en la Provincia Constitucional del Callao, primer puerto de la República del Perú, así como a cuidar a sus hermanos menores, la más pequeña de tan solo año y medio de nacida. Con el paso del tiempo, la pérdida de la madre uniría más aún a la familia PERA Mariátegui, el amor y abnegación tanto del padre con los hijos como de los hijos al padre era evidente, palpable y en base a ello, es que pudieron salir adelante, en un país en el que no tenían parientes y no hablaban bien el idioma nacional (puesto que en casa se comunicaban usualmente en dialecto genovés o italiano).

Es a mediados de la década de 1910, que mi bisabuelo se retiró del recio y laborioso trabajo de mar, al igual que mi abuelo, y desde entonces el barco de la familia, el velero de cuatro mástiles "San Remo", fue cedido por ambos y pasó a ser de propiedad de Antonio Francesco, quien desde aquel momento se convirtió en el nuevo Capitán PERA -y con él inició la penúltima generación de marinos en la familia, con siete generaciones en su haber-. Pronto don Antonio Francesco conoció a la que años más tarde se convertiría en su esposa, la Srta. Saba Elvira Durán Joffré, con la que contrajo nupcias el día 04 de Enero de 1911, en acto ceremonial religioso celebrado por el Presbítero Antenor Camacho en la Iglesia de San Pedro en Lima, y refrendado luego a través del matrimonio civil realizado en la Municipalidad de Lima en la misma fecha. Con Saba Durán Joffré tuvo cuatro hijas: María Saba Elvira, Hilda, Suzel y Elsa; de la cuales por lástima ninguna tuvo descedencia.

Al quedar Antonio Francesco al absoluto mando del velero familiar "San Remo" y habiéndose casado, decidió asociarse con su concuñado, el Capitán Guillermo Wriedt -esposo de Orfilia Durán Joffré-, quien también poseía un velero. Dicha sociedad PERA-Wriedt, se conformaría no solo por los lazos de parentesco, sino por una gran estima y admiración mutua respecto a la labor que ambos realizaban como marinos mercantes, por lo que decidieron que la mejor manera de crecer en el negocio del transporte marítimo interocéanico de carga (y excepcionalmente uno que otro empresario, comerciante o aventurero), que para aquel momento venía siendo copado por las grandes empresas trasnacionales que trabajaban con buques a vapor, que eran más veloces y tenían más capacidad de carga, era el asociarse y trabajar en conjunto como una única firma, y así lo hicieron. Así pasaron varios años, en los que el nuevo Capitán Antonio F. PERA surcaba los mares Pacífico, Atlántico y Mediterráneo predominantemente, llevando y trayendo mercancías que distribuía por los diferentes puertos de las costas Europeas, Africanas, Americanas y del Medio Oriente, hasta que como ya he referido en una "entrada" anterior, la nefasta administración del presidente de facto Luis M. Sánchez-Cerro, haciendo uso de una política completamente irracional, racista y anti-inmigracionista, decretó la usurpación y en la práctica robo gubernamental para su "nacionalización" de todos los negocios de inmigrantes italianos, ingleses, japoneses, alemanes, chinos, franceses, etc. incluso llegando a expulsar a una buena cantidad de dichos inmigrantes del territorio nacional. Así, ambos bergantines propiedad de PERA & Wriedt fueron expropiados a sus legítimos dueños, y fueron pronto "nacionalizados" para hacer que realizaran labores para las cuales no habían sido construidos. El velero propiedad de don Antonio Francesco PERA Mariátegui fue utilizado para cargar carbón, transportarlo y distribuirlo por todos los puertos de la costa nacional peruana, hasta que finalmente y debido a una sobrecarga -producto de un uso inadecuado de la nave- fue penosamente hundido algunos meses luego de dada su expropiación. Si en ello algún único consuelo se pudo hallar, fue que mi bisabuelo don Antonio PERA Piccone -primer dueño de dicho velero- patriarca familiar en el Perú de la familia PERA, ya había fallecido en el año 1919, por lo que no tuvo que pasar por el inmenso dolor de ver a su querido "San Remo" siniestrado y hundido por la estupidez de un presidente nefasto para la historia peruana.

Expropiado el velero familiar, Antonio Francesco no pudo continuar trabajando en aquello que fue su pasión desde muy niño, el hacerse a la mar y viajar hacia el infinito con el vaivén de las olas, la suave brisa marina en el rostro y el horizonte por delante. Por ello, su hermano menor -mi abuelo Cesare Umberto-, le ofreció hacerse socio de él en un negocio de café, comercio en el que había ingresado para escasos años antes del inicio de la década de 1910. Es así que mi abuelo puso fin a la sociedad que tenía con su paisano, el italiano Giovanni B. Mazzi, con el cual había fundado el "Café Chanchamayo", para pasar a fundar el que con los años se hiciera famoso por la calidad de sus productos, el "Café PERA". El "Café PERA" fue una empresa que se dedicó exclusivamente al comercio del mejor café producido en la zona central del Perú, en la llamada "ceja de selva" y particularmente de Chanchamayo. Se abrió un local en el centro de la ciudad capital, Lima, en el que se ofrecía el servicio de venta al por mayor y menor de café, así como fiel al estilo de las pulperías italianas asentadas en el Perú, se dispuso dentro del mismo establecimiento un pequeño lugar que sirviese como tostaduría de café y como panadería en la que todos los trabajadores de la zona y público en general de alrededores, podían degustar los mejores y más selectos tipos de café del mundo.

Algunos años transcurrieron, trabajando ambos hermanos en total sincronía, armonía y cordialidad, como siempre lo hicieron desde pequeños, con los altibajos típicos de todo negocio, pero en general produciendo rentas que les permitía vivir con cierta tranquilidad ya en los postreros años de sus vidas. Cabe recordar aquí, que la esperanza de vida de los peruanos para el año 1940 era ostensiblemente menor que la actual, por lo que una persona de más de sesenta años era ya considerada prácticamante un anciano, y por lo mismo no era nada común y se esperaba que no superáse los 70 años de vida. En el mes de Enero de 1947, murió sorpresivamente mi abuela, Jeane Balestra Pastorelli, hecho que significó un muy agudo pesar moral, anímico y hasta físico para mi abuelo, lo que también afectó enormemente según referencias familiares a Antonio Francesco. Ante los acontecimientos de la muerte de mi abuela y el desgano para la regencia del "Café PERA" de mi abuelo como consecuencia de ello, así como por el auge y proliferación de cafeterías en la ciudad de Lima, el "Café PERA" fue declinando en ventas hasta que no pudiendo hacerse cargo del negocio ni Antonio Francesco ni Cesare Umberto por temas personales, decidieron cerrarlo, y poner punto final a una empresa que por años fue el sustento de la familia.

Poco tiempo después, la fatalidad asolaría nuevamente a la familia. Tan solo cuatro escasos meses luego de la muerte de mi abuela, moriría mi tío-abuelo don Antonio Francesco PERA Mariátegui a las 08.00 a.m. del día 18 de Mayo de 1947, y le seguiría la última hija de este, Elsa PERA Durán de tan sólo 21 años de edad, quien falleció dos días después de la muerte de este último, por complicaciones cardíacas que según referencias familiares se vieron agudizadas ante la sorpresiva muerte de su padre. Con ello, el año 1947 fue absolutamente fatídico para la familia PERA, pues no solo se sintió la irreparable pérdida de Jeane Balestra esposa de Cesare U. PERA, sino por la sorpresiva muerte tanto de Antonio F. PERA y de su hija Elsa PERA Durán, en un lapso de tiempo de no más de cinco meses.

Hoy, 30 de Setiembre de 2009, mi tío-abuelo Antonio Francesco PERA Mariátegui cumpliría de estar vivo nada menos que 125 años de nacido. Dedicó su vida a la pasión de la familia, el trabajo marítimo como comerciante, a los viajes interminables en océanos turbulentos, viajando y conociendo cada rincón del mundo conocido para ese entonces, y dejando tras su muerte, una larga estela de experiencias, tanto agradables como aciagas. Falleció a los escasos 62 años de vida, dejando una viuda y cuatro hijas que por siempre lo idolatraron y tuvieron en la máxima de sus consideraciones emocionales, cosa que personalmente pude corroborar cuando visité a la última de sus hijas vivas, mi tía Suzel PERA Durán, en el año 2001 (54 años después de la muerte de su padre) y lo primero que observé al ingresar a su departamento, fue una inmensa fotografía de poco menos que un metro de ancho por uno de largo de su padre, ahí mismo, en el centro de la pared de la sala, dándole la bienvenida a todo aquel que allí ingresara. Como he referido, lamentablemente mi tío abuelo Antonio F. no tuvo descedencia por parte de sus hijas, pues ninguna tuvo un hijo o hija por lo que su línea de parentesco murió con él. Por ello, yo como sobrino-nieto me siento en la obligación de rendirle este homenaje no solo en mi nombre, sino en el de toda la familia, que lo recuerda con aprecio, admiración y respeto por haber tenido una vida honesta, digna, de trabajo y siempre buscando la mejora en todo orden de su familia. Un homenaje que como siempre, es a mi manera.

¡Buon compleanno 125 zio Antonio Francesco, buon compleano!
 

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