lunes, 30 de junio de 2008

La toponímia PERA en Constantinopla (actual Estambul, Turquía) - Parte I: Historia de la capital oriental del Imperio Romano

(vista recreada de la ciudad de Constantinopla en el año 1453 y su ubicación geográfica)

No cabe duda que quizás la toponímia mas antigua que se encuentre plenamente establecida y registrada en los anales de la historia por su gran importancia en el desenvolvimiento del desarrollo histórico del mundo europeo-asiático, es la toponímia PERA en Constantinopla, actual Estambul, República de Turquía.

La caída del Imperio Romano de Occidente, el cual desapareció como entidad política el 04 de Setiembre del 476 d.C., significó un gran resquebrajamiento de las estructuras sociales que se habían mantenido como inalterables, no sólo para los pueblos que se encontraban bajo dominio del Imperio Romano a lo largo de varios siglos, sino también para todas las naciones aledañas que de una u otra manera no habiendo estado bajo el yugo romano, habían aprendido a convivir si se quiere de alguna manera con el "gigante" que de modo tan avasallador obtuvo para sí y llevó las riendas del manejo del mundo antiguo por varios siglos antes y después de Jesucristo. Frecuentemente se ubica al año 476 d.C., como la fecha clave que marcó de modo definitivo la caída del antiguo Imperio, y esto es porque para dicha fecha ya ni siquiera se puede ubicar en la política romana, a algún personaje que al menos se autodenominase el "emperador" de Occidente; esto unido a que para dicho año Roma como ciudad capital, ya había sido saqueada e invadida por las tribus bárbaras procedentes del norte europeo, tribus que vieron en el resquebrajamiento del poderío político y militar romano, la oportunidad perfecta para invadir y hacerse del tan apetecible botín que era Roma. Es así que en los hechos, para el año 476 d.C., prácticamente ya no quedaba nada del históricamente famoso orden romano original.
Tras el "sacudón" propio de la caída del orden socio-político, cultural y económico que había regido a casi todo el mundo conocido para ese entonces por siglos, el Imperio Romano no tuvo mas salida ante tal crisis que preparar prontamente su traslado e intentar conservar y hacer predominar su hegemonía desde lo que el Imperio siempre consideró el territorio límite mismo entre los continentes de Europa y Asia. Es así que habiendo ya sucumbido el Imperio Romano de Occidente, Constantino I (272 d.C. - 337 d.C.), apodado el Grande, fue proclamado Emperador de Roma por sus propias tropas el 25 de Julio de 306 d.C., el cual sería a su vez el cargo político que ocuparía hasta su muerte. Es importante destacar, que este personaje ha sido objeto de los mas profusos estudios históricos dada su principal actuación en casi todos los órdenes de la vida en el "nuevo" Imperio Romano, el Imperio Romano de Oriente (también denominado Imperio Bizantino). Por sólo citar algunos aspectos, Constantino I fue el legalizador de la religión cristiana en el Imperio Romano, y fue quien refundó la antigua ciudad de Bizancio (ciudad griega capital de la región de Tracia, ubicada en la entrada del estrecho del Bósforo -que úne al Mar de Mármara con el Mar Negro-), en el año 330 d.C., llamándola "Nueva Roma" (por construirse de modo muy similar a la capital histórica del Imperio Romano, contando con 14 regiones, 01 foro, 01 capitolio y 01 senado, además de pasar a tener su territorio la calidad legal de "suelo itálico" con lo que estaría libre del tener que efectuar pago por concepto de impuestos a la autoridad mayor romana. Se dice que la similitud que se buscaba con Roma era tal, que al igual que la capital de occidente, Constantinopla se edificó teniendo siete colinas), y que tras la muerte de Constantino I en el año 337 d.C., pasó a llamarse Constantinopla (derivada del griego Constantini-polis, en castellano "ciudad de Constantino"). Es debido a que dicha nueva ciudad se asentó sobre la antigua Bizancio, que al Imperio Romano de Oriente se le conoció a su vez, como Imperio Bizantino; no obstante, sus habitantes la nombraban coloquialmente como "polis" (en castellano, ciudad), de donde con su caída se produjo el nombre turco de "Istanbul", palabra árabe que es una deformación de la terminología griega clásica "eis tên polin" (en castellano, en la ciudad). Asímismo, también es de resaltarse que los eslavos la llamaban "Tsarigrad" (derivada de la palabra tsar, en castellano César; y de grad, en castellano la ciudad, lo que significaba en conjunto la Ciudad del César). Es importante destacar, que los habitantes de Constantinopla nunca se llamaron así mismos bizantinos, sino que fueron bautizados así por los historiadores en tiempos mas recientes.

Al ser Constantinopla la nueva capital del Imperio Romano y la ciudad situada ad portas del ingreso tanto a Europa como a Asia Meridional, ello le otorgó a dicha ciudad un status único, el ser la "reina de las ciudades", ostentando un poder que se manifestaba en todos los órdenes del actuar humano, constituyéndose como el centro del saber, prosperidad y preservación de la cultura e historia de la antigua Roma, para lo cual Constantino I dotó a dicha ciudad de un Senado y oficiales civiles de forma similar a los que regían en la antigua capital occidental, ubicando esta vez un nuevo referente, el cual sería poner al naciente imperio bajo la protección de la simbología cristiana como la supuesta "Vera Cruz", la "vara de Moisés" y otras reliquias consideradas sagradas para el cristianismo. Constantino I pasó asimismo a la historia mundial, por las leyes que promulgó y que verbi gratia convirtieron los oficios de carnicero y panadero en hereditarios, así como convertieron a los colonos de las granjas en siervos, sentando con ello las bases de la incipiente sociedad feudal europea de la Edad Media. Como he referido, desde sus primeros días la ciudad de Constantinopla se expandió con asombrosa agilidad, siendo que la gran cantidad de recursos que empezó a aglomerar atrajeron a un gran número de personas que practicaban los mas diversos oficios y profesiones, desde abogados, arquitectos, ingenieros, hasta artesanos y principalmente comerciantes los cuales llegaban casi desde todas las regiones de Europa y del oriente para buscar amasar fortuna en la nueva gran capital del Imperio. Es por ello, que si nos ubicamos en el contexto general del nuevo Imperio, Constantinopla se convirtió en la ciudad que servía de perfecto nexo entre las regiones de Oriente y Occidente, caracterizándose por ser sumamente cristiana, no permitiéndose la existencia de ningún templo pagano, y adornándose a la misma con plazas monumentales y los mas bellos edificios públicos, todos los cuales habían sido edificados teniendo en cuenta el debido respeto a la "religión oficial" de Imperio. Luego de profundas investigaciones, se ha podido determinar que durante su máximo apogeo, la ciudad de Constantinopla llegó a contar con 14 iglesias cristianas, 11 palacios, 05 mercados, 01 Universidad (la primera del mundo, fundada en el año 340 d.C. y llamada la Universidad de Constantinopla, en la que se enseñaba gramática, retórica, derecho, filosofía, matemática, astronomía y medicina), 08 baños públicos, 153 baños privados, 20 panaderías públicas, 120 panaderías privadas, 52 pórticos, 322 calles y 4.388 casas.

Viendo el contexto general en el que se desarrolló Constantinopla, podemos apreciar que prontamente y gracias a los esfuerzos (políticos, sociales y principalmente económicos) de Constantino I y su séquito imperial, Constantinopla -la ciudad de Constantino el grande- supo reunir en sí una incomparable combinación de imperialismo, religiosidad y posición estratégica comercial, lo que le depararía el desempeño de un papel mas que trascedental en la escena política y socio-económica del antiguo mundo, configurándose como una encrucijada perfecta entre dos continentes (Europa y Asia), y luego como un incentivo para África y otros territorios a su vez, constituyéndose como una posibilidad muy efectiva para intentar lograr su desarrollo en los aspectos de comercio, cultura, diplomacia y estrategia. Siendo un enclave tan valioso, Constantinopla era capaz de controlar la ruta del comercio entre Asia y Europa, así como el paso del Mar Mediterráneo al Mar Negro, lo que generó que mientras la parte occidental del Imperio Romano decaía cada vez mas en una aguda crisis económica, comercial, política y demográfica (que a la postre determinaría su caída total), Constantinopla mantuvo y mas aún capitalizó dicho resquebrajamiento y pudo consolidar su posición hegemónica durante los siglos posteriores, convirtiéndose en la gran urbe europea medieval de cara a dos amplios frentes: Europa y Asia. Como ejemplo de ello, se puede evidenciar que para el año 336 d.C. Constantinopla contaba con cerca de 30 mil habitantes, tan sólo un siglo después alcanzó los 500 mil (aumentando 16 veces su demografía) convirtiéndose para dicha época en la ciudad más grande del mundo, tal es así que algunos historiadores han indicado que en los picos poblacionales de dicha capital, la misma llegó a constituirse de un millón de habitantes (sin contar a aquellos viajeros que permanecían por escasas semanas o días hasta concretar sus negocios), lo que de comprobarse, definitivamente situaría a Constantinopla como la ciudad mas grande de la antigüedad de la que se haya tenido un conocimiento histórico documentado.

Año a año, Constantinopla fue creciendo y embelleciéndose a través de la colocación de monumentos u obras de otras ciudades aledañas -Alejandría, Éfeso y principalmente de Atenas-, las que fueron saqueadas para trasladar sus tesoros: esculturas, columnas, mosaicos, obeliscos, etc. a la nueva capital mundial. Para ello, Constantino I no reparó en los grandes gastos que dichos traslados implicaban, ello hallaba su explicación en que el mismo quería edificar una ciudad que fuese el máximo símbolo del nuevo Imperio, y una ciudad capital no sólo para Europa, sino una de calidad universal. Teniendo en cuenta lo antes mencionado, es fácil preveer que ante tales características, la ciudad capital del Imperio Romano de Oriente, Constantinopla, era muy apetecible -tal como en su momento lo fue la ciudad de Roma- ante los ojos de los diversos reinos que se encontraban a sus alrededores, e incluso algunos cuyas tierras se ubicaban bastante alejadas. Dicha ciudad fue debido a ello sitiada en múltiples ocasiones (algunos historiadores indican que fue sitiada en mas de 22 oportunidades) por diversos ejércitos como el persa, ávaro, árabe, búlgaro, ruso y turco, mas de todos estos sitios y asaltos Constantinopla pudo salir victoriosa y triunfante gracias al arrojo, valentía y fe de sus habitantes quienes no dudaban en salir a defender su ciudad, así como por la triple muralla que hacía prácticamente imposible el ingreso a la misma una vez cerradas las puertas. No obstante ello, como indican las leyes de la naturaleza, "todo lo que sube, baja", y Constantinopla no fue la excepción a esta regla, pues su declive puede decirse que empezó en el año 1190, durante los preparativos de la Tercera Cruzada o "Cruzada de los Reyes" (1189-1192) en los reinos de Occidente, que tuvo la intención de recuperar la Tierra Santa del dominio de Salah ad-Din Yusuf, históricamente conocido como Saladino. Llama mucho la atención, que al ser una ciudad eminentemente cristiana, los habitantes de Constantinopla, mantuvieren la firme convicción que los cruzados cristianos no tenían posibilidad alguna de vencer Saladino. Quizás ello se debió a que estando los bizantinos en una directa colindancia con los dominios de Saladino, conocían muy bien el poderío militar con el que contaba el mismo; ello unido a las divergencias agudas en cuanto a los dogmas de fe entre los cristianos ortodoxos y los católicos apostólicos romanos, nos hace notar el posible leitmotive por el que Constantinopla a pesar de ser la cuna del cristianismo como religión oficial en el límite continental, optó por mantenerse como territorio neutral ante el nuevo conflicto que surgía entre cristianos y musulmanes. Es debido a esta reticencia a ayudar a la cruzada, no sólo aportando un ejército, sino también aportando en lo económico (mas aún si se tiene en cuenta que era ampliamente conocida la gran riqueza de dicha ciudad), que los cruzados occidentales tuvieron la excusa que buscaban para por primera vez tener una supuesta "legitimidad" para saquear y hacerse de los tesoros de Constantinopla.

Así, el primer asalto cristiano a dicha ciudad tuvo lugar en el año 1204, y ya estando en época de la Cuarta Cruzada (1202-1204) -expedición militar organizada como una cruzada para reconquistar Tierra Santa, pero que en el camino varió su rumbo, terminando con la conquista y el saqueo de Constantinopla-, fue que se creó el efímero Imperio Latino (1204-1261). Mientras ello tenía lugar y los bizantinos eran despojados de su capital imperial, los mismos tuvieron como única salida a la crisis que estaban viviendo en fundar nuevos Estados aledaños a Constantinopla, desde donde podían observar como satélites, lo que sucedía dentro de su capital dominada por un ejército que se decía protector y seguidor de las enseñanzas de Jesucristo, pero que derramaba sangre, muerte y destrucción a su paso. Es así, que luego de la toma de Constantinopla por parte de los cruzados cristianos, y tras la fundación del Imperio Latino manteniendo prácticamente a la misma como una ciudad "secuestrada", se fundaron los Imperios de Nicea (1204-1261), de Trebisonda (1204-1461)y el Despotado de Epiro o Arta (1205-1358), que fueron determinantes en la suerte de la propia ciudad capital del Imperio Romano de Oriente.

Sin embargo, con el paso de los años el reino establecido por los cruzados occidentales en Constantinopla fue perdiendo territorios, hasta que finalmente en el año 1261, el Imperio de Nicea, bajo el mandato de Miguel VIII Paleólogo (1225-1282), reconquistó la capital de oriente, arrebatando Constantinopla al emperador latino Balduino II de Constantinopla (1217-1273), haciéndose coronar con su hijo menor Andrónico II Paleólogo (1260-1332), como co-emperadores. Una vez en el trono, Miguel VIII abolió todas las costumbres latinas y restauró muchas de las ceremonias e instituciones bizantinas que habían existido antes de la conquista de los cruzados latinos. Poco después del año 1259, sería investido con el título de déspota, para ser finalmente proclamado emperador, con el apoyo de la colonia de los genoveses asentada en Constantinopla, en el territorio conocido como PERA. Posteriormente, Miguel VIII en su intento por unir las iglesias Católica Bizantina y Católica Apostólica Romana, lucharía contra los colonos genoveses y venecianos asentados en Constantinopla, y cuya influencia en dicha capital quería reducir, manteniendo el equilibrio de fuerzas entre ambos grupos de italianos. Durante la era bizantina, Constantinopla fue conquistada sólo una vez. La ocupación del Viernes Santo de 1204 por la mencionada Cuarta Cruzada, que despojó a Constantinopla de sus tesoros, y la condenó a cincuenta y cinco trágicos años de mal gobierno por los francos, quienes se decían descendientes de Carlos I (742-814) históricamente conocido como Carlomagno, apodado el Grande fundador del Imperio Carolingio y del Sacro Imperio Romano Germánico, y quienes usurparon el trono de los emperadores bizantinos. La ciudad de Constantinopla quedó así debilitada profundamente ante sus potenciales futuros adversarios, los turcos otomanos, por ello la única posibilidad de salvación radicaba en una alianza con la lglesia de Roma y las naciones cristianas de occidente, mas aquello se mantenia como algo poco probable, pues como sentenció en 1452 el primer ministro y comandante militar bizantino, el megaduque Lucas Notaras: "Antes el turbante del sultán que la mitra papal", y la mayoría del pueblo y el clero bizantino eran de la misma opinion, sin importar el grave peligro que acechaba a sus puertas.

En relación a la nación que pretendía la conquista de Constantinopla, los turcos otomanos, puedo expresar que el actual pueblo turco se asento en el Siglo IX en el Califato de Bagdad o Abasí (750-1258) -ubicado en la actual Irak-. Con el tiempo, los turcos lograron derrocar a la dinastía de los Abásidas, y consiguieron fundar una dinastia propia con Osmán I (1258-1326), apodado el Victorioso. Es por el nombre de este emperador, que se conoció en adelante a los turcos con el sobrenombre de otomanos, y de allí viene el nombre justamente de Imperio Otomano. Así, desde la actual Irak, los turcos otomanos comenzaron una expansión estilo imperial que los llevó en el Siglo XV a poseer vastos territorios en Europa, Asia y África, por lo que sin duda el Imperio Otomano se constituyó como uno de los mas importantes imperios en la historia de Europa y Asia, a pesar que no susbsistieran por muchos siglos como tal.

Volviendo a la historia de la conquista otomana de Constantinopla, los otomanos ya habían hecho prevalecer su dominio anteriormente al cada vez mas desvalido Imperio Bizantino, ello lo lograron haciendo suyas las últimas ciudades asiáticas bajo dominio bizantino, ciudades tales como: Bursa, Nicea y Nicomedia. Es en el año 1341, que tras morir el emperador bizantino Andrónico III Paleólogo (1297-1341), el Imperio Romano de Oriente quedó en manos de su esposa Ana, quien nombró al clérigo Juan Cantacuzeno (1292-1283) -quien estaba emparentado a la familia Paleólogo por su madre- como tutor o regente de su hijo Juan V Paleólogo (1332-1391) y corregente de la propia Ana. En 1343, el clerigo Cantacuzeno usurpó el poder abusando de su cargo y de la minoría de edad de su regentado con ayuda turca -haciéndose llamar desde allí Juan VI Cantacuzeno, y se declaró asimismo como regente único de Constatinopla, pidiendo ayuda militar a los otomanos para imponer su control sobre los últimos remanentes del Imperio Bizantino. Es así, que la emperatriz Ana pactó con Juan VI Cantacuzeno para que el mismo y su hijo Juan V Paleólogo gobernarían como co-emperadores, teniendo Cantacuzeno mayor autoridad sobre Paleólogo durante diez años, siendo que a partir de dicha fecha gobernarían como co-emperadores en situación de plena igualdad. No obstante, tras el primer ataque efectuado por el Reino de Serbia, efectuado a la ciudad de Salónica en el año 1349, el clérigo y regente bizantino Juan VI Cantacuzeno pidió por segunda vez ayuda al Imperio Otomano. En el año 1351, Cantacuzeno haría una tercera alianza con los otomanos la misma que lo ayudaría en la guerra civil provocada entre sus partidarios y los seguidores del príncipe Juan V Paleólogo. Debido a este último acuerdo que para los bizantinos tenía un sabor a traición, Cantacuzeno prometió a los otomanos la posesión de una fortaleza del lado europeo del estrecho de los Dardanelos: la misma que se convertiría en la primera ocupación de una civilización asiática en Europa desde el asedio persa a Grecia, hacía más de dos mil años atrás. Entretanto, los otomanos reforzaban su posición tomando la ciudad de Gallípoli, estableciendo el control sobre toda la península y una base estratégica para la expansión del Imperio Otomano en Europa. Cuando Juan VI Cantacuzeno exigió la devolución de dicha ciudad, los otomanos se volvieron en contra de Constantinopla. Mientras tuvieron lugar estos hechos, el Imperio Romano de Oriente, se encontraba muy fraccionado y casi reducido a una mínima expresión, era constantemente atacado por todos sus límites, teniendo guerras incluso por ejemplo con los genoveses, que mantenían una colonia en Galacia y controlaban las transacciones monetarias con la corte. Allí se hallaba el barrio llamado Gálata, y que hasta estos días conserva dicho nombre. El mismo se encuentra sobre una colina rodeada de calles sinuosas, con casas de estilo occidental. La torre de Gálata es una fortificación que formaba parte de un conjunto que construyeron los genoveses en el antiguo barrio de Gálata, en el año 1348, en momentos en que las relaciones que mantenían los genoveses con Constantinopla no eran del todo buenas, y además las mismas se veían constantemente amenazadas por los venecianos, que fueron desde siempre los rivales de los genoveses, con quienes pugnaban por el poder y la hegemonía en el comercio entre oriente y occidente.

Por todo lo antes mencionado, se puede decir que durante el gobierno de Juan V Paleólogo, y por actuación de Juan VI Cantacuzeno, el Imperio Romano de Oriente y en particular Constantinopla, se convirtió un estado vasallo de los otomanos, ofreciendo soldados para las campañas de los turcos en Europa y pagando un tributo anual para mantener a los turcos lejos de la ciudad capital. Mas con el tiempo, las exigencias turcas se agravaron cuando Juan V Paleólogo murió en 1391, y su hijo Manuel II Paleólogo (1350-1425) subió al trono, en desacato a lo que el sultán otomano Bayaceto I (1354-1403) exigía para el gobierno de Constantinopla. Entre las nuevas exigencias del sultán Bayaceto I, se encontraba principalmente el establecimiento de un distrito en Constantinopla con el dominio de los mercaderes otomanos, tal como existían asentamientos de comerciantes venecianos, florentinos, romanos y genoveses, quienes se repartían el territorio bizantino. Frente a dicho requerimiento Manuel II Paleólogo se rehusó a consentir dicho asentamiento ya que el mismo simbólicamente significaba el aceptar el inicio y "pie de apoyo" de la invasión otomana a Constantinopla. Ante la negativa rotunda de Manuel II, Bayaceto I ordenó efectuar un cerco a la capital de oriente por tierra, siendo que tras siete largos meses de sitio, Manuel II Paleólogo no pudo mantener su decisión, y se vio obligado a ceder ante el petitorio otomano, tras lo cual el poderío militar turco se dirigió inmediatamente hacia iniciar campañas en el norte, contra el Reino de Serbia y Hungría. Tiempo después, Bayaceto I llamaría a varios reyes cristianos del este europeo -entre los que estaba Manuel II- para efectuar una audiencia, donde según dijo demostraría las consecuencias para cualquiera que se resistiera a su poder como sultán. Ante tan invitación, Manuel II Paleólogo presintió que el objetivo del sultán era asesinarlo frente a los demás reyes católicos, lo que se configuraría como una clara amenaza para el qué se negara a obedecer sus mandatos, por lo que rechazó la propuesta. Manuel II volvería a ser invitado por Bayaceto I en el año 1396, no obstante, el emperador bizantino nuevamente rechazaría el pedido, a lo que el sultán respondería enviando por segunda vez a su ejército a sitiar Constantinopla, destruyendo y saqueando los campos aledaños a la ciudad, impidiendo que quien fuese entrara o saliera vivo de la ciudad capital. Pese al sitio terrestre, Constantinopla aún contaba con suministros que llegaban vía marítima, ya que las huestes de Bayaceto I no habían dispuesto un sitio marítimo a la ciudad. Constantinopla tuvo que resistir por largos seis años dicho segundo asedio, hasta que en el año 1402, el temible ejército del conquistador y líder militar turco-mongol Tamerlán (?-1405), apodado el Cojo, invadió el Imperio Otomano por el este -Anatolia-, y Bayaceto I se vio obligado a trasladar las tropas que tenía en el sitio de Constantinopla hacia el nuevo frente, por lo que la ciudad capital pudo tener un respiro y se salvó una vez mas de la inminente invasión otomana en el último momento por un factor totalmente externo a sí.

Durante los siguientes veinte años, Constantinopla se vio libre del yugo y asedio otomano gracias a los conflictos internos entre los musulmanes, e incluso pudo recuperar algunos territorios en Grecia, sin embargo los perdería nuevamente poco tiempo después. Quizás pensando que podría obtener algún provecho como una tregua, en el año 1422 Manuel II Paleólogo decidió apoyar a uno de los príncipes otomanos que querían hacerse del trono en su imperio. Pero, la respuesta a tal ofrecimiento de apoyo tuvo como resultado que el sultán Murad II (1404-1451) enviara un contingente de 10 mil soldados para cercar Constantinopla nuevamente. El 24 de Agosto de 1422, Murad II ordenó que se realizara un fuerte ataque a las murallas bizantinas, mas luego de varias horas de ardua batalla, ordenó la retirada de sus tropas, por lo que la capital del Imperio Romano de Oriente, la ciudad de Constantinopla, logró sortear y sobrevivir increiblemente una vez mas a los constantes ataques invasores otomanos.

Sin duda, quizás el mayor problema o "talón de Aquiles" del que padecía Constantinopla, era que el cisma existente entre las Iglesias Católicas Romana y Ortodoxa, era demasiado profundo, a pesar de la cercanía entre las creencias religiosas de ambos "bandos" cristianos. Resulta muy interesante observar que precisamente el peor problema que debía enfrentar el Imperio Romano de Oriente y Constantinopla, era interno, y se refería a aquella división tan marcada entre dos facciones de una misma religión, los musulmanes constituían un problema, pero la desunión y escasa voluntad de sobreponerse a las viejas rencillas internas dentro de una misma creencia cristiana, eran la mas dura prueba que los bizantinos debían superar. Aquella división y fractura religiosa, había mantenido a dicha ciudad distante de las naciones occidentales que le podían haber brindado mucha y valiosa ayuda para su defensa, es sorprendente que incluso durante los múltiples asedios de los turcos musulmanes, tanto Roma como sus aliados occidentales no hayan hecho sino mostrarse indiferentes al sufrimiento del pueblo cristiano bizantino. En un último intento de aproximación entre estas facciones del cristianismo, y teniendo presente la constante amenaza turca y las exiguas fuerzas de Constantinopla para resistir los incesantes ataques otomanos, el emperador Juan VIII Paleólogo (1392-1448) promovió la realización del llamado Concilio de Ferrara (1438-1442), en Italia, el cual tenía como objetivo el estudiar una reforma a la iglesia cristiana y reconciliar a los bizantinos (ortodoxos) con los latinos (apostólicos romanos), éstos a su vez entraron en efecto en el seno de la Iglesia con los armenios, los jacobitas, los mesopotamios, los caldeos y los maronitas. Este concilio se dio en varias etapas y sedes diferentes, lo que ocasionó muchas situaciones tirantes. Fundamentalmente se trató de lograr la ansiada unión de la Iglesia Católica Apostólica Romana con las diferentes Iglesias Cristianas Orientales Autónomas, y con ello lograr al fin unificar criterios de fe dentro de una misma religión. No obstante, dicho último gran esfuerzo realizado por Juan VIII Paleólogo, generó entre la población bizantina tumultos y división entre los que rechazaban a la iglesia romana y los que apoyaban la maniobra política de Juan VIII como medio momentáneo para lograr un apoyo en la defensa se Constantinopla. Muerto Juan VIII en el año 1448, su hermano Constantino XI Paleólogo (1405-1453), último emperador del Imperio Romano de Oriente, asumió el trono al año siguiente (mientras la regente en Constantinopla fue Elena Dragases, madre de ambos). Constantino XI era una figura popular y muy respetada por la población, la misma que tenía muy presente que Constantino XI había luchado en la resistencia bizantina en el Peloponeso frente al ejército otomano, por tal lo veían como un noble muy patriota. Este último emperador romano seguía la línea política de su hermano y predecesor en lo concerniente a la necesaria conciliación entre las iglesias cristianas de oriente y occidente, lo que causaba desconfianza no sólo entre el clero bizantino totalmente reticente a superar las disputas internas de fe con sus pares latinos, sino también en el sultán Murad II, que veía esta posible unificación como una amenaza de intervención de las potencias occidentales en la resistencia a la expansión de su Imperio en Europa, y en particular, frente a su inminente conquista del botín mas preciado: Constantinopla. En 1451 Murad II falleció sin lograr sus objetivos políticos y militares de conquista, y fue sucedido en el trono otomano por su joven hijo Mehmed II (1432-1481), apodado el Conquistador, y a quien la historia le tendría deparado ser el emperador otomano que finalmente tras siglos de asedio turco podría tomar la ciudad capital de Constantinopla en el año 1453 e ingresar en ella triunfalmente, provocando tras ello la caída definitiva del milenario, hegemónico y mas importante de los imperios que la historia del mundo haya conocido: el Imperio Romano.

Inicialmente, al subir al trono otomano Mehmed II prometió no violar el territorio bizantino, en reconocimiento a la actuación que había tenido su antecesor Murad II (quien incluso tuvo la prerrogativa de actuar como arbitro cuando tras morir Juan VIII Paleólogo, hubo un enfrentamiento por el trono bizantino entre Constantino XI y su hermano Demetrio, siendo finalmente Murad II quien eligió al nuevo emperador de Constantinopla, coronando él mismo en persona a Constantino XI en la ciudad de Mistra-Peloponeso el 06 de Enero de 1499), lo que aumentó la confianza de Constantino XI Paleólogo quien en el mismo año, se sintió seguro y en una posición tal que le permitiese exigir a Mehmed II el pago de una renta anual para la manutención de un supuesto príncipe otomano capturado y mantenido como rehén en Constantinopla. No obstante, Mehmed II mas por furia debido a la afrenta a su honor que por la amenaza de muerte a su pariente en sí, ordenó los preparativos para un asedio definitivo y hasta las últimas consecuencias a la capital bizantina, configurando algo así como una batalla final, que sellaría el último capítulo de la historia de Constantinopla, y del Imperio Romano de Oriente.

Ambos bandos, cristianos católicos y turcos musulmanes, se prepararon así para la guerra final. Los bizantinos, contando tras los esfuerzos de Juan VIII y Constantino XI, con la simpatía de las naciones cristianas occidentales, enviaron mensajeros a dichas naciones pidiendo refuerzos, mas únicamente consiguieron promesas de ayuda que nunca se concretarían. Sólo tres navíos genoveses contratados por el Papa Católico Nicolás V (1397-1455) estaban en camino a Constantinopla con armas y provisiones. Este mismo Papa solicitó la ayuda de los reyes cristianos de occidente para evitar la caída de Constantinopla, mas a pesar de su solicitud, su pedido cayó en "oídos sordos". Nicolás V también envió en el mes de Octubre de 1452 al cardenal Isidro para que confirmara la unión de las Iglesias mediante una misa solemne en la Iglesia de Santa Sofía. Dicho Cardenal, trajo consigo a una fuerza de 300 arqueros los que aparentaban ser la "avanzadilla" de una futura ayuda militar mayor para la defensa de la capital oriental, efecto que no consiguió. A fines de Agosto de 1452, los turcos terminaron de construir la fortaleza de Rumelí Hisar en la orilla europea del Bósforo, a escasos kilómetros al norte de Constantinopla, y en Noviembre hundieron a cañonazos a un navío veneciano -que se negó a detenerse ante las fuerzas otomanas y a pagarles tributo- desde esa posición, lo que iniciaba a cumplir la amenaza sobre la capital bizantina, la misma que se transformó en una realidad cada vez mas desesperante para la población de Constantinopla. En el mismo mes de Noviembre de 1452 el cardenal Isidro convocó una reunión conciliatoria en la que los antiunionistas bizantinos expusieron todas sus objeciones de fe contra los cristianos de credo latino: los católicos apostólicos romanos. La materialización de las amenazas y la exhibición de fuerza de Mehmet II despertaron tal pánico entre toda la población, que Isidoro tuvo la certeza que había llegado el momento de celebrar en la Iglesia de Santa Sofía la solemne misa de la proclamación de la Unión entre las iglesias cristianas. Con la venia del emperador Constantino XI, la misa se celebró el 12 de Diciembre de 1452. A lo largo del invierno, Mehmet II empezó a tomar posiciones para lanzar el que sería el ataque definitivo contra la "Reina de las Ciudades". A mediados del año siguiente, los venecianos enviaron un exiguo refuerzo de 800 soldados y 15 navíos con pertrechos, mientras que los ciudadanos venecianos residentes en Constantinopla aceptaron participar de las defensas de la ciudad. La capital bizantina también recibió refuerzos de los ciudadanos de origen genovés, habitantes de PERA. Se aprestaron a la defensa de la ciudad con barriles del llamado "fuego griego" y varias armas de fuego, la orden era que todos los hombres y jóvenes capaces de empuñar una espada o un arco, defendieran la ciudad. Para esa época, Constantino XI Paleólogo había hecho un censo en la ciudad para contabilizar mejor las fuerzas disponibles para la defensa de Constantinopla, siendo el resultado decepcionante, pues la población apenas llegaba a los 50 mil habitantes (recordemos que como he mencionado en su época de máximo esplendor en el Siglo V Constantinopla había llegado a contar con 500 mil habitantes) y apenas había entre 5 mil a 7 mil soldados para la defensa. Los otomanos, a su vez, iniciaron el cerco construyendo rápidamente una muralla diez kilómetros al norte de Constantinopla, en Anadoluhisari. Mehmed II sabía que todos los asedios anteriores habían fracasado porque los mismos sólo se habían efectuado por vía terrestre, mientras la ciudad capital recibía suministros por vía marítima; es por ello que trató de bloquear las dos entradas a la ciudad, la que daba al Mar Negro, con una fortaleza armada con tres cañones (Rumeli Hisari) en el punto más estrecho de la orilla del Bósforo, y con 125 navíos ocupando los Dardanelos, el Mar de Mármara y el oeste del Bósforo. Mehmed II también reunió un ejército estimado entre 80 mil a 100 mil soldados, muchos de los cuales eran combatientes turcos profesionales; los demás, eran reclutas capturados en campañas anteriores o mercenarios, aventureros, voluntarios de Anatolia, los bashi-bazuks y renegados cristianos, los cuales fueron empleados en los asaltos directos. Mehmed II empleó toda la fuerza de su artillería, y se sabe que en cuanto a su infantería 12 mil de sus soldados eran jenízaros (infantería adiestrada específicamente para ser la élite del ejército otomano, quienes debían defender a todo costo al sultán y a las dependencias del palacio real otomano, eran una suerte de guardia pretoriana. Su orígen data de 1330 y fueron finalmente exterminados en 1826 por el Sultán Mahmud II tras la decisión de éstos de asesinar al sultán predecesor y al propio Mahmud II), y 15 mil eran cipayos (caballería de élite incluida dentro de las Seis Divisiones de la Caballería del Imperio Otomano y que normalmente procedía del Magreb, eran una suerte de caballeros feudales medievales); como se puede ver, Mehmed II envío lo mejor que tenía, la élite completa del ejército otomano por todos los frentes para garantizar así su magna victoria.

En los primeros meses de 1452, un ingeniero húngaro llamado Urbano (Orbón) y sus trabajadores (todos húngaros), ofrecieron sus servicios de artillería pesada al emperador Constantino XI, mas éste rehusó los mismos debido a que no contaba con la gran cantidad de dinero que pedían para llevar a cabo la construcción de una defensa de artillería a lo largo de toda la muralla de Constantinopla, así como le ofreció poner a su servicio su "nueva arma". Es de tenerse en cuenta que para dicha época la nación húngara constituía el pináculo de la ciencia de la pólvora, incluso se decía que este pueblo era capaz de jactarse de poder reducir a cenizas las mismas murallas de Babilonia. Pese a ello, el hecho que el Imperio Romano de Oriente no pudiese pagar los servicios de Urbano, demuestra el elevado costo que implicaba el uso de artillería, donde únicamente para su transporte, esta clase de armamento requería de setenta bueyes y 10 mil hombres. Es así que ante la negativa de Constantino XI, el húngaro Urbano optó por ofrecer sus servicios al sultán Mehmed II, quien no reparó en el gasto en que se incurriría, y prontamente hizo responsable al húngaro de la instalación de los 68 cañones en su nueva fortaleza, así como le ofreció los medios necesarios para la fabricación de la nueva arma "creación" del húngaro: un inmenso cañón de nueve metros de longitud, apodado "gran bombarda", el cual medía 26 pies (unos 7.9 metros) de largo y pesaba 20 toneladas. Este cañón podía disparar sin problemas una piedra de 1.200 libras, y requería para su funcionamiento un contingente de al menos 200 hombres. Dicho monstruoso instrumento de artillería fue llevado a las cercanías de Constantinopla empujado por varios cientos de bueyes y auxiliado por un contingente de cien hombres, quienes consiguieron su objetivo a la velocidad de dos kilómetros por día. El gran tamaño de esta colosal arma, unido al tremendo ruido que su transporte provocó, hizo que cundiera el pánico entre los defensores bizantinos, y principalmente entre los pobladores de Constantinopla. A todo este estruendo, se le sumaba el incesante sonido de aquellos que animaban a la batalla con sus tambores y trompetas que se contaban por miles, no cesando de tocar en ninguno de los momentos del asedio turco, además del apoyo de los derviches (miembros del grupo religioso Sufi, aquellos que viven una pobreza mendicante y ascética, indiferente a las posesiones materiales, dedicada al aprendizaje de la religión) que incitaban a destruir la ciudad. El sultán prometió así a sus hombres que de obtener la victoria les otorgaría tres días de pillaje y botín, lo que enardeció mas aún los ánimos de la soldadesca turca, incluso llegó a prometer que nombraría como Bey (en castellano, gobernador) de una de las provincias bizantinas capturadas, a quien destruyese primero parte de la larga y sólida muralla que protegió a Constantinopla por mas de 22 asedios a lo largo de los siglos.

El 29 de Enero de 1453, la ciudad capital se regocijó y tuvo un cierto respiro con el arribo de algunos Caballeros italianos cristianos quienes colaborarían con la defensa de Constantinopla. Entre ellos destacaban Maurizio Cattaneo, los hermanos Bocchiardi y el reconocido noble genovés Giovanni Giustiniani Longo (?-1453), fervoroso católico, político, militar y cónsul de Génova en Crimea (se debe tener en cuenta que el Reino de Génova tal como en Constantinopla con PERA, contaba a su vez con una colonia llamada Kaffa -actualmente llamada Teodosia- en territorio ahora ucraniano), famoso por su pericia para defender ciudades amuralladas de los asedios y por manifestar frente a su desmoralizada tropa cristiana ante las ingentes huestes otomano musulmanas al inicio de la cruda batalla por la defensa de Constantinopla: "Si es necesario morirán por el honor de Dios y de toda la Cristiandad". Este personaje arribó al sitio con setecientos soldados bien armados, cuatrocientos que habla reclutado en su natal Génova, y trescientos alistados en Quíos y Rodas. A fines del mes de Marzo, el inmenso ejército otomano de 80 mil (algunas versiones hablan de 100 mil) hombres, comenzó a avanzar desde la ciudad de Adrianópolis hacia el estrecho del Bósforo, que separa a Europa de Asia; para efectuar toda su defensa Giovanni Giustiniani Longo contaba escasamente con 8000 soldados para defender 22 kilómetros de muralla. Frente al impactante avance otomano, el emperador Constantino IX Paleólogo vio que tras nueve ataques sucesivos de la peste negra en el siglo precedente, Constantinopla habla perdido el cuarenta por ciento de su ya bastante menguada población. Constantino contaba con menos de siete mil hombres para defender la larga y triple muralla que protegia la ciudad capital.

El lunes 02 de Abril, los vigías bizantinos descubrieron las vanguardias del ejército del sultán Mehmed II. El emperador Constantino ordenó inmediatamente que se cerraran todas las puertas de la ciudad, que se destruyeran todos los puentes sobre los fosos, y que se echara una inmensa cadena sobre las aguas del Cuerno de Oro (estuario, parte más ancha y profunda en la desembocadura del Mar de Mármara) para impedir el ingreso de las embarcaciones turcas que se acercaban con inminente peligro. Lo peor aún estaba por venir...

 

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