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miércoles, 30 de septiembre de 2009

El 125 aniversario del natalicio de don Antonio Francesco PERA Mariátegui

(Fotografía de don Antonio Francesco PERA Mariátegui, año aprox. 1910)

Tal como al principio de este mes, que ofrecí una breve reseña biográfica de mi tío don César Antonio PERA Balestra con motivo de su centenario, hoy 30 de setiembre de 2009, efectuaré otra reseña biográfica respecto al primogénito de la familia que conformaron mis bisabuelos: don Antonio PERA y doña Francisca Mariátegui, con motivo del 125 aniversario del natalicio de éste.
Mi tío-abuelo, don Antonio Francesco PERA Mariátegui, nació el 30 de Setiembre de 1884, tal como todos sus hermanos, en altamar. Como he referido en anteriores "entradas", mi bisabuelo Antonio PERA Piccone era dueño y Capitán del barco velero "San Remo", con el cual realizaba labores de comercio ultramarino alrededor de buena parte del mundo (América del Norte, Centro y Sur, Europa, Medio Oriente y por la costa occidental de África), por lo que al no tener domicilio fijo en tierra, vivía con su esposa en su barco. Es por ello, que todos sus hijos nacieron en las llamadas "aguas internacionales" o altamar, que como he indicado antes, la llamada Convención de Derecho del Mar refiere que el "libre mar" se constituye por aquellas zonas marítimas que no se encuentran incluidas ya sea en la zona económica exclusiva, en el mar territorial o en las aguas interiores de un Estado, ni en las aguas archipelágicas de los conocidos como Estados archipelágicos), por lo que altamar es considerada como patrimonio común de la humanidad. Debo indicar asimismo, que en el Art. 91º de dicha Convención se manda lo siguiente: "Los buques poseerán la nacionalidad del Estado cuyo pabellón estén autorizados a enarbolar"; en ese sentido, el velero de mi bisabuelo ("San Remo") al enarbolar la bandera del aún Reino de Italia (puesto que Italia recién se hace República en el año 1946) tenía para las normas del Derecho Internacional la calidad de territorio italiano, por lo que habiendo nacido mi tío-bisabuelo en dicho barco, mientras el mismo navegaba en aguas internacionales, le correspondía en aplicación de las normas internacionales -aún vigentes-, la nacionalidad italiana, tal como a cualquier sujeto nacido en el propio suelo continental italiano.

No obstante ello, el alumbramiento de todo nacido en ultramar o en una nave aérea (evento para el cual se prevé la misma circunstancia) debe ser inscrito en el registro de nacimientos de la ciudad donde el barco o aeronave efectúe una escala. Por aquel año, 1884, mis bisabuelos tenían poco más de un año de casados y se encontraban navegando las costas sudamericanas del Océano Pacífico, dando la coincidencia que se encontraban cerca del que hasta hace pocas décadas fuera uno de los más importantes -si no el más importante- puerto de la costa norte peruana, el Puerto de Paita (actual tercer puerto del Perú), localizado en el Departamento de Piura, ciudad portuaria que acogería a insignes personajes tales como el "Caballero de los Mares" don Miguel Grau Seminario y el Libertador don Simón Bolívar y su consorte doña Manuelita Saénz Aispuru.

Es así que mis bisabuelos decidieron registrar a su primer hijo (o primogénito) en dicha ciudad -tan importante para el comercio marítimo peruano hasta mediados del siglo XX-, tras lo cual mi tío-abuelo obtuvo desde su nacimiento y registro terrestre la doble nacionalidad, italiano-peruano. Dicho registro se dio primero en el registro bautismal de la más antigua iglesia del puerto, la famosa Iglesia "San Francisco de Asis de Paita" -denominada a su creación como "San Francisco de Paita de Buena Esperanza", que es el nombre del Santo Patrón de la misma-, ello el día 11 de Diciembre de 1884 (cuando Antonio Francesco contaba ya con dos meses y días de nacido), siendo bautizado por el Presbítero Pedro Rubio Mesía, y siendo sus padrinos de bautismo los paisanos de mi bisabuelo, el matrimonio italiano conformado por don Bartolomé Nicolini Ravenna y doña María Castagnino de Nicolini. Al día siguiente, el 12 de Diciembre del mismo año, sería don Bartolomé Nicolini Ravenna quien tuviere el encargo de inscribirlo en el registro civil del puerto consignándole como nombre simplemente Antonio PERA Mariátegui. Dicha equivocación daría como anécdota que el 17 de Diciembre de 1929 (a los 45 años de edad) mi tío-abuelo viajara a Paita a efectuar el pedido de rectificación de su partida de nacimiento civil ante el Inspector del Estado Civil del Concejo Provincial de Paita, a quien le dirigió una carta en la que le sustentó el pedido de rectificación ofreciendo como testigos de que el real nombre que le fuere impuesto por sus padres fue Antonio Francesco, y no únicamente Antonio, dichos testigos fueron don J. Adolfo Valdez y don Braulio Panta García. Dicha solicitud fue inmediatamente admitida por el citado inspector civil, y en virtud de ello se enmendó la partida de nacimiento de mi tío-abuelo, quedando desde entonces sentado, que su nombre completo era Antonio Francesco PERA Mariátegui.

Desde muy joven, tuvo que encargarse de cuidar a sus hermanos menores, habiéndo quedado huérfano de madre en el mes de Agosto de 1899, con apenas 14 años de edad, por lo que no solo tuvo que acudir a la ayuda de su padre en el negocio familiar como aprendiz de marina en conjunto con su hermano menor (mi abuelo) don Cesare Umberto PERA Mariátegui -de 12 años-, sino además en las labores de la casa que por aquellos años alquilaban en la Provincia Constitucional del Callao, primer puerto de la República del Perú, así como a cuidar a sus hermanos menores, la más pequeña de tan solo año y medio de nacida. Con el paso del tiempo, la pérdida de la madre uniría más aún a la familia PERA Mariátegui, el amor y abnegación tanto del padre con los hijos como de los hijos al padre era evidente, palpable y en base a ello, es que pudieron salir adelante, en un país en el que no tenían parientes y no hablaban bien el idioma nacional (puesto que en casa se comunicaban usualmente en dialecto genovés o italiano).

Es a mediados de la década de 1910, que mi bisabuelo se retiró del recio y laborioso trabajo de mar, al igual que mi abuelo, y desde entonces el barco de la familia, el velero de cuatro mástiles "San Remo", fue cedido por ambos y pasó a ser de propiedad de Antonio Francesco, quien desde aquel momento se convirtió en el nuevo Capitán PERA -y con él inició la penúltima generación de marinos en la familia, con siete generaciones en su haber-. Pronto don Antonio Francesco conoció a la que años más tarde se convertiría en su esposa, la Srta. Saba Elvira Durán Joffré, con la que contrajo nupcias el día 04 de Enero de 1911, en acto ceremonial religioso celebrado por el Presbítero Antenor Camacho en la Iglesia de San Pedro en Lima, y refrendado luego a través del matrimonio civil realizado en la Municipalidad de Lima en la misma fecha. Con Saba Durán Joffré tuvo cuatro hijas: María Saba Elvira, Hilda, Suzel y Elsa; de la cuales por lástima ninguna tuvo descedencia.

Al quedar Antonio Francesco al absoluto mando del velero familiar "San Remo" y habiéndose casado, decidió asociarse con su concuñado, el Capitán Guillermo Wriedt -esposo de Orfilia Durán Joffré-, quien también poseía un velero. Dicha sociedad PERA-Wriedt, se conformaría no solo por los lazos de parentesco, sino por una gran estima y admiración mutua respecto a la labor que ambos realizaban como marinos mercantes, por lo que decidieron que la mejor manera de crecer en el negocio del transporte marítimo interocéanico de carga (y excepcionalmente uno que otro empresario, comerciante o aventurero), que para aquel momento venía siendo copado por las grandes empresas trasnacionales que trabajaban con buques a vapor, que eran más veloces y tenían más capacidad de carga, era el asociarse y trabajar en conjunto como una única firma, y así lo hicieron. Así pasaron varios años, en los que el nuevo Capitán Antonio F. PERA surcaba los mares Pacífico, Atlántico y Mediterráneo predominantemente, llevando y trayendo mercancías que distribuía por los diferentes puertos de las costas Europeas, Africanas, Americanas y del Medio Oriente, hasta que como ya he referido en una "entrada" anterior, la nefasta administración del presidente de facto Luis M. Sánchez-Cerro, haciendo uso de una política completamente irracional, racista y anti-inmigracionista, decretó la usurpación y en la práctica robo gubernamental para su "nacionalización" de todos los negocios de inmigrantes italianos, ingleses, japoneses, alemanes, chinos, franceses, etc. incluso llegando a expulsar a una buena cantidad de dichos inmigrantes del territorio nacional. Así, ambos bergantines propiedad de PERA & Wriedt fueron expropiados a sus legítimos dueños, y fueron pronto "nacionalizados" para hacer que realizaran labores para las cuales no habían sido construidos. El velero propiedad de don Antonio Francesco PERA Mariátegui fue utilizado para cargar carbón, transportarlo y distribuirlo por todos los puertos de la costa nacional peruana, hasta que finalmente y debido a una sobrecarga -producto de un uso inadecuado de la nave- fue penosamente hundido algunos meses luego de dada su expropiación. Si en ello algún único consuelo se pudo hallar, fue que mi bisabuelo don Antonio PERA Piccone -primer dueño de dicho velero- patriarca familiar en el Perú de la familia PERA, ya había fallecido en el año 1919, por lo que no tuvo que pasar por el inmenso dolor de ver a su querido "San Remo" siniestrado y hundido por la estupidez de un presidente nefasto para la historia peruana.

Expropiado el velero familiar, Antonio Francesco no pudo continuar trabajando en aquello que fue su pasión desde muy niño, el hacerse a la mar y viajar hacia el infinito con el vaivén de las olas, la suave brisa marina en el rostro y el horizonte por delante. Por ello, su hermano menor -mi abuelo Cesare Umberto-, le ofreció hacerse socio de él en un negocio de café, comercio en el que había ingresado para escasos años antes del inicio de la década de 1910. Es así que mi abuelo puso fin a la sociedad que tenía con su paisano, el italiano Giovanni B. Mazzi, con el cual había fundado el "Café Chanchamayo", para pasar a fundar el que con los años se hiciera famoso por la calidad de sus productos, el "Café PERA". El "Café PERA" fue una empresa que se dedicó exclusivamente al comercio del mejor café producido en la zona central del Perú, en la llamada "ceja de selva" y particularmente de Chanchamayo. Se abrió un local en el centro de la ciudad capital, Lima, en el que se ofrecía el servicio de venta al por mayor y menor de café, así como fiel al estilo de las pulperías italianas asentadas en el Perú, se dispuso dentro del mismo establecimiento un pequeño lugar que sirviese como tostaduría de café y como panadería en la que todos los trabajadores de la zona y público en general de alrededores, podían degustar los mejores y más selectos tipos de café del mundo.

Algunos años transcurrieron, trabajando ambos hermanos en total sincronía, armonía y cordialidad, como siempre lo hicieron desde pequeños, con los altibajos típicos de todo negocio, pero en general produciendo rentas que les permitía vivir con cierta tranquilidad ya en los postreros años de sus vidas. Cabe recordar aquí, que la esperanza de vida de los peruanos para el año 1940 era ostensiblemente menor que la actual, por lo que una persona de más de sesenta años era ya considerada prácticamante un anciano, y por lo mismo no era nada común y se esperaba que no superáse los 70 años de vida. En el mes de Enero de 1947, murió sorpresivamente mi abuela, Jeane Balestra Pastorelli, hecho que significó un muy agudo pesar moral, anímico y hasta físico para mi abuelo, lo que también afectó enormemente según referencias familiares a Antonio Francesco. Ante los acontecimientos de la muerte de mi abuela y el desgano para la regencia del "Café PERA" de mi abuelo como consecuencia de ello, así como por el auge y proliferación de cafeterías en la ciudad de Lima, el "Café PERA" fue declinando en ventas hasta que no pudiendo hacerse cargo del negocio ni Antonio Francesco ni Cesare Umberto por temas personales, decidieron cerrarlo, y poner punto final a una empresa que por años fue el sustento de la familia.

Poco tiempo después, la fatalidad asolaría nuevamente a la familia. Tan solo cuatro escasos meses luego de la muerte de mi abuela, moriría mi tío-abuelo don Antonio Francesco PERA Mariátegui a las 08.00 a.m. del día 18 de Mayo de 1947, y le seguiría la última hija de este, Elsa PERA Durán de tan sólo 21 años de edad, quien falleció dos días después de la muerte de este último, por complicaciones cardíacas que según referencias familiares se vieron agudizadas ante la sorpresiva muerte de su padre. Con ello, el año 1947 fue absolutamente fatídico para la familia PERA, pues no solo se sintió la irreparable pérdida de Jeane Balestra esposa de Cesare U. PERA, sino por la sorpresiva muerte tanto de Antonio F. PERA y de su hija Elsa PERA Durán, en un lapso de tiempo de no más de cinco meses.

Hoy, 30 de Setiembre de 2009, mi tío-abuelo Antonio Francesco PERA Mariátegui cumpliría de estar vivo nada menos que 125 años de nacido. Dedicó su vida a la pasión de la familia, el trabajo marítimo como comerciante, a los viajes interminables en océanos turbulentos, viajando y conociendo cada rincón del mundo conocido para ese entonces, y dejando tras su muerte, una larga estela de experiencias, tanto agradables como aciagas. Falleció a los escasos 62 años de vida, dejando una viuda y cuatro hijas que por siempre lo idolatraron y tuvieron en la máxima de sus consideraciones emocionales, cosa que personalmente pude corroborar cuando visité a la última de sus hijas vivas, mi tía Suzel PERA Durán, en el año 2001 (54 años después de la muerte de su padre) y lo primero que observé al ingresar a su departamento, fue una inmensa fotografía de poco menos que un metro de ancho por uno de largo de su padre, ahí mismo, en el centro de la pared de la sala, dándole la bienvenida a todo aquel que allí ingresara. Como he referido, lamentablemente mi tío abuelo Antonio F. no tuvo descedencia por parte de sus hijas, pues ninguna tuvo un hijo o hija por lo que su línea de parentesco murió con él. Por ello, yo como sobrino-nieto me siento en la obligación de rendirle este homenaje no solo en mi nombre, sino en el de toda la familia, que lo recuerda con aprecio, admiración y respeto por haber tenido una vida honesta, digna, de trabajo y siempre buscando la mejora en todo orden de su familia. Un homenaje que como siempre, es a mi manera.

¡Buon compleanno 125 zio Antonio Francesco, buon compleano!

miércoles, 9 de septiembre de 2009

El centenario del natalicio del primogénito PERA

(Foto de Don César Antonio PERA Balestra, ciudad de Lima, aprox. 1955)

Resulta que hoy es una fecha especial en mi familia, aunque quizás seamos pocos los que lo recordemos, aunque lo importante es que al menos alguien lo haga, como todo en la vida. Como reza el título de esta “entrada”, hoy 09 de Setiembre de 2009, mi tío (hermano de mi padre) Don César Antonio PERA Balestra (César PERA II) cumpliría de estar en vida nada menos que 100 años, un siglo de nacido; y siendo costumbre en mí, encuentro esta como la mejor forma para rendirle un pequeño homenaje aprovechando su centésimo aniversario de nacimiento.

César Antonio nació a las seis de la tarde del jueves 09 de Setiembre de 1909, siendo el primogénito de la familia formada apenas un año antes, en 1908, por Don Cesare Umberto PERA (César PERA I) y Doña Jeane Balestra. Al ser el primer hijo de la pareja, y mas aún siendo varón en épocas en las que este hecho pesaba mucho mas de lo que actualmente, es innegable que desde su nacimiento fue cubierto por el amor de toda la familia, ya que además no solo era el primer hijo en nacer de esta unión, sino también el primer nieto de Don Antonio PERA Piccone, y primer sobrino de los hermanos tanto por la rama PERA, como por la rama Balestra. Es indudable entonces, que desde su alumbramiento César Antonio pudo disfrutar del pleno amor y algarabía familiar por la venida de un nuevo miembro. Desde muy joven, mi tío César demostró ser en extremo aplicado en los estudios, y mas que eso, con singulares dotes intelectuales tanto para los números como para las letras. A decir de muchos que lo conocieron, tenía una gran capacidad analítica, conjugado ello con una vocación temprana por el estudio de diversas ciencias, las cuales en su mayoría investigaba de modo autodidácta.

Terminó el colegio a los dieciseis años y tiempo después se enroló en la Marina Mercante del Perú, en la que serviría por algunos años. Su vocación, como he mencionado, siempre fue el estudio de las diversas ciencias; no obstante, dado el imperativo de la añeja costumbre familiar PERA de desarrollar una vida en relación directa con el trabajo de mar (ello ya que por mas de siete generaciones los varones PERA se ganaron la vida como mercaderes marinos), César A. tomó la decisión de continuar con dicha costumbre, y con ello hacer honor a sus antepasados, siguiendo la instrucción marina, con la que luego de graduaría como Tercer Oficial de la Marina Mercante. Aquellos eran años difíciles en el mundo, el periodo de la entreguerra o interbellum había generado una depresión en los países occidentales tanto en lo económico como en lo social, el mundo acababa de ser testigo de los horrores de la Primera Gran Guerra, y los efectos tras la misma se empezaban a sentir con el Crack y depresión de la economía estadounidense, el colapso de la economía europea, y el surgimiento de nuevos sistemas políticos los mas instaurados con sangre y lágrimas, tales como la Revolución Rusa, el auge del Comunismo y Fascismo, la Guerra Civil Española, etc., hechos que sin duda marcaron toda una época en la generación que vio ante sus ojos esta seguidilla de eventos trascedentales en la historia de la humanidad.

Sin lugar a dudas, César A. fue parte de una generación que vivió y pudo conocer de cerca lo que es vivir en un mundo convulsionado, cambiante y en constante trasgresión de los parámetros que en todo orden se estaban rompiendo para formar nuevos, los de la llamada Posmodernidad. Por todo ello, no es difícil imaginarse la situación de incertidumbre socio-económica con la que tuvo que lidiar César A. en sus primeros años de vida adulta. Una vez finalizado su paso por la Marina Mercante, cursó estudios universitarios de ingeniería en la reconocida Universidad Nacional de Ingeniería del Perú, con lo que al poco tiempo se convertiría en ingeniero, el primero de la familia. Años mas tarde, se casaría en primeras nupcias el 13 de Mayo de 1931 en la Parroquia de San Marcelo de Lima - Perú, con la Srta. Blanca Luisa Dillon, naciendo de esta primera unión sus hijas: Mildred, Doris y Lilian. Por aquella época continuó mostrando el carácter reservado y analítico que siempre lo caracterizó, en contraposición a algunos de sus hermanos, quienes mostraban mas bien un carácter mas abierto y expresivo (típico de los italianos). Así, de modo autodidácta, inició una investigación personal en áreas tan disímiles como la medicina humana y los idiomas, aprendió a hablar y escribir en ruso tan solo con la ayuda de un diccionario, ello con la intención de poder leer bibliografía especializada e intercambiar correspondencia con un médico ruso pionero en ciertos estudios de cardiología en los que estaba interesado.

Años mas tarde, y luego de una separación con su primera esposa, César A. PERA Balestra se desposaría en segundas nupcias a fines de la década de 1950 con la Srta. María Nelly Cáceres Gamino, y fruto de esta segunda relación nacerían sus dos últimos hijos: María Roxana, y César Federico (César PERA III), con quienes viviría hasta su prematuro fallecimiento. Otra muestra de esta singular actitud de constante exploración por las diversas ramas del saber científico, nos refiere que en el año 1967 un grupo de ingenieros peruanos se mostraban entusiasmados por establecer la sección peruana del reconocido Institute of Electrical and Electronics Engineers (IEEE - Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos) que fuere fundado en los Estados Unidos de América por nada menos que los archifamosos inventores Thomas Alva Edison, Alexander Graham Bell y Franklin Leonard Pope, y que celebra este año sus 125 años de creación. Para ese año, en todo el Perú no existían mas de veinte ingenieros miembros de la citada IEEE, por lo que la tarea de cumplir con todos los requerimientos que solicitaba la matriz cuya sede se ubicaba en la ciudad de Nueva York, era un tanto una tarea dificultuosa; y en ello se hallaban abocados cinco ingenieros cuando recibieron la visita de otro ingeniero miembro de la IEEE que en solitario había estado comunicándose con la central del mencionado Instituto, para formalizar la creación de una sede peruana para dicho importante organismo, encargado de desarrollar las nuevas tecnologías que habrían de imperar en el mundo del Siglo XX en adelante, y gracias a las cuales podemos gozar de lo que hoy llamamos "modernidad", desde la energía eléctrica y el teléfono, hasta las computadoras, televisores, cine, satélites, naves espaciales, teléfonos celulares y diversas máquinas utilizadas en la medicina humana. Dicho ingeniero que venía recabando dicha información, era César Antonio PERA Balestra, uno de los primeros miembros en el Perú del Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos estadounidense; y fue justamente César A. quien ya había recibido de la misma sede central del IEEE los formatos y la información de los requerimientos para conformar y establecer una sucursal de dicha Institución en el Perú, por lo que el trabajo que venía realizando dicha pequeña comitiva se aligeró y dio el gran salto para la creación final de la sede peruana.

En nuestro país el número de socios IEEE no alcanzaba el número mínimo (cuarenta, siendo tan solo veinte), por lo que la dirección regional de dicho organismo decidió revisar su reglamento y aprobar la postulación de países en regiones geográficas con escasa cantidad de miembros. Así finalmente, con el brillante apoyo entre otros de César A. PERA, se pudo establecer la sección peruana del Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos estadounidense, el 03 de Noviembre de 1967, de la cual él se convertiría en Vocal de la primera Junta Directiva elegida en Febrero de 1968 por sufragio de sus miembros. Dicha noticia se tomó con suma alegría por parte de este grupo de pioneros en la tecnología del Perú, quienes se reuniero en el Restaurante Gianino, sembrando así las bases para el mayor desarrollo de la ingeniería en el país en sus diversas áreas de estudio, así como de la tecnología, avances de los cuales podemos disfrutar en la actualidad. Dicha información se puede revisar en los links siguientes:

A lo largo de su vida, César Antonio PERA Balestra mostró siempre una especial vocación por hallar una explicación analítica a las diversas cosas que presenciaba, no era extraño según me contaba mi padre (su hermano, con quien pese a la gran diferencia de edad que los separaba -dieciseis años- siempre mantuvo una relación bastante cercana no solo de familiaridad sino sobretodo de amistad) encontrarlo inmerso, abstraído, en una ruma de libros realizando algún estudio pormenorizado respecto de un tema que había llamado su atención, desde una novedad tecnológica hasta un descubrimiento científico, pasando por la lectura de lo mas selecto de creatividad literaria mundial, podía pasarse horas releyendo, profundizando, analizando, para luego obtener una conclusión al respecto.

Quizás una de las mayores preocupaciones que tuvo, y que lo motivó a involucrarse de lleno en el tema, fue la hipertensión arterial que se había llevado tanto a su madre en 1947, como a su padre en 1951. Según me refirió una vez su hijo, habían días en la que se podía pasar un par de horas sentado en soledad, en la sala de su casa, muy pensativo y observando la palma de su mano como tratando de hallar una explicación a algún problema que lo afectaba. Dicho tema que lo preocupaba, era la hipertensión arterial y la cardiopatía hipertensiva que padecía. Según le indicó en una oportunidad a su hijo, César A. pensaba por aquellos años que dicha enfermedad cardíaca y la consecuencia lógica de la misma, el ataque cardíaco, se podía manifestar físicamente tiempo antes de suceder, con un dolor intenso en el brazo e incluso con un cambio en el color de las palmas de las manos debido al transtorno sanguíneo generado por el desbalance hipertensivo. Décadas mas tarde, se descubriría que uno de los síntomas mas comunes, entre otros, antes de que se produzca un ataque cardíaco es el dolor comúnmente sentido en el brazo izquierdo.

Por lástima, pese a haber tenido esta idea por aquel tiempo innovadora (a mediados de la década de 1960), ello no lo pudo salvar de sufrir un ataque al corazón fulminante, que lo haría fallecer el día 22 de Marzo de 1973, a los 63 años de edad, cuando aún gozaba de una gran vitalidad intelectual y física, y con un futuro de al menos quince años mas en los que pudo haber continuado desarrollándose en el ámbito de la investigación científico - ténica que tanto lo apasionaba. Actualmente, en mi familia de la rama PERA existen ya cuatro generaciones de que mantienen como un lazo firme con nuestro pasado, uno de los mas apreciables legados que nos pueden dejar nuestros ancestros, un nombre digno, íntegro, que debemos encargarnos las nuevas generaciones de mantenerlo así, para ofrecerlo posteriormente, a quienes les demos la posta. Cuatro generaciones que ostentan el nombre de César PERA, y que espero sea algo que se pueda prolongar por muchas generaciones mas, ya que en el consta uno de nuestros mas importantes lazos con el pasado familiar, y es de alguna manera, un modo de rendir un pequeño tributo a la memoria de nuestros antepasados.

El día de hoy, 09 de Setiembre de 2009, mi tío, Don César Antonio PERA Balestra, cumpliría un siglo de nacido, por lástima dada su prematura muerte yo no lo pude conocer; no obstante, a través de sus hijos (mis primos) y su hermano (mi padre), pude llegar a formar de algún modo una "relación" de admiración y respeto por él, tanto en su vida privada (honesta, leal, dedicada siempre al trabajo y a su familia), como por su vida profesional e intelectual, plagada del "germen" de la investigación y constante búsqueda de respuestas respecto al mundo en el que vivimos y la manera en la que podemos hacer del mismo un lugar mejor y mas cómodo para los seres humanos.

¡Buon compleanno cento zio!

martes, 23 de diciembre de 2008

23 de Diciembre, una fecha especial por generaciones

(Foto Nº1: don Cesare Umberto PERA Mariátegui, año apróx. 1940; Foto Nº 2: don Mario Enrico PERA Balestra, año apróx. 1988)



Cada 23 de Diciembre mi familia paterna, los PERA, recordamos un aniversario mas de los natalicios de dos de sus miembros, me refiero a mi abuelo: don CESARE UMBERTO PERA MARIÁTEGUI; y mi padre: don MARIO ENRICO PERA BALESTRA. Ambos nacieron en la misma fecha, dos días antes de la Navidad, y siendo esta una fecha sumamente especial para la Familia PERA, que siempre ha guardado una singular predilección por no sólo celebrar el natalicio de Jesús de Nazareth, al ser una familia de marcado acento religioso católico-apostólico-romano, sino porque además se rememora la fecha de nacimiento de mi padre y abuelo, de los cuales puedo decir lo siguiente.

Mi abuelo, don Cesare Umberto PERA Mariátegui nació un 23 de Diciembre de 1886 en medio del eterno compás y vaivén de las olas y las aguas del Océano Pacífico, esto pues mi bisabuelo (don Antonio PERA Piccone) y su familia, habían decidido establecer como su residencia y hogar, el barco velero de cuatro mástiles "San Remo", propiedad del mismo y en el cual navegaba junto a toda su familia nuclear, principalmente entre los diversos puertos de las costas sudamericana, africana y europea, actuando como comerciantes interoceánicos. Es así que en la mencionada fecha, mi abuelo vio por primera vez la luz en este mundo de constantes tribulaciones, siendo el segundo hijo del matrimonio constituido en el año 1883 por el ya referido don Antonio PERA Piccone (natural del puerto ligur de Sanremo, Italia) y doña Francisca Mariátegui Escrusería (natural del puerto de Tumaco, Colombia). Al haber nacido en lo que se conoce en el Derecho como "aguas internacionales", "altamar" (fue a inicios del Siglo XVII, que sustentado en principios del Derecho Romano, Hugo Grocio postuló la llamada "doctrina del mar libre" en su obra Mare Liberum -Mar Libre-. Siglos mas tarde, se establecería la denominada Convención de Derecho del Mar, que indica que el libre mar se constituye por aquellas zonas marítimas que no se encuentran incluidas ya sea en la zona económica exclusiva, en el mar territorial o en las aguas interiores de un Estado, ni en las aguas archipelágicas de los conocidos como Estados archipelágicos), por lo referido el altamar es considerado patrimonio común de la humanidad. Según manda el Art. 91º de dicha Convención, "Los buques poseerán la nacionalidad del Estado cuyo pabellón estén autorizados a enarbolar", en ese sentido al siempre haber sido un uso propio del Derecho Consuetudinario, todos aquellos sujetos (como mi abuelo) nacidos en Altamar adoptan, inmediata y automáticamente, la nacionalidad del barco o buque que los transporta. Siendo así, a mi abuelo don Cesare Umberto, nacido en Altamar en el barco velero "San Remo" de nacionalidad italiana perteneciente a mi bisabuelo, y con enarbolada bandera de idéntica procedencia, le correspondía por derecho propio, la nacionalidad italiana. No obstante ello, al haber nacido cerca a las costas colombianas del Mar Pacífico, y siendo su madre natural de San Andrés de Tumaco, el segundo puerto mas importante de Colombia en dicho mar (sólo superado por el Puerto de Buenaventura), conocido también como "la perla del Pacífico", ya que en sus playas se halló la perla mas grande encontrada hasta la actualidad, mis bisabuelos decidieron inscribir a su segundo hijo en dicha ciudad portuaria, tras lo cual mi abuelo obtuvo desde su nacimiento la doble nacionalidad, italiano-colombiana (siéndole refrendado el reconocimiento de la nacionalidad italiana, a través de la suscripción de la partida efectuada por el Cónsul de Francia en dicha localidad, quien en base a las normas del Derecho Internacional hizo las veces de funcionario extranjero acreditado en nombre de la República Italiana).


Tal como he referido en una "entrada" anterior relacionada al aniversario del natalicio de mi bisabuelo don Antonio PERA Piccone, la esposa de éste murió en Agosto de 1899 víctima de una infección puerperal, con lo que dejó huérfano de madre a mi abuelo a la escasa edad de 12 años, con el consiguiente duro golpe que para todo niño constituye el fallecimiento a edad tan temprana de su progenitora. Pese a la trágica pérdida familiar, ya desde aquellos jóvenes años y junto con su hermano mayor don Antonio Francesco PERA Mariátegui (de 14 años), el aprendiz Cesare Umberto se inició en las labores marítimas del comercio, inter regional e intercontinental, bajo la atenta batuta y dirección de su padre y hermano, por lo que pronto aprendió de la rudeza y la persistencia que debía lograr en su accionar para ser útil en el negocio familiar. Los viajes se sucedieron por varios países del mundo, y el hablar fluidamente como lenguas nativas el castellano, tanto como el italiano y genovés, y además defendiéndose muy bien en el francés e inglés, fue un factor que lo ayudó a poder rápidamente comprender la mecánica del comercio de ultramar. Quizás en compensación por la irreparable pérdida temprana de su madre, la vida lo bendijo con un padre que pese a no contar siempre con los mayores recursos económicos, trabajó incansablemente y con eterna dedicación exclusiva a sus hijos, para darles todo lo que podían necesitar básicamente. don Antonio PERA Piccone vivió hasta los 76 años de edad (algo poco frecuente para la época) lo que hizo que viéndose reflejado en su padre, don Cesare U. entendiera cuál era la labor central que le correspondería a futuro como padre de familia.

Los años pasaron, y mi abuelo se retiró junto a su padre del recio e incansable trabajo en altamar, dejándole la posta del barco velero y el negocio familiar, a su hermano don Antonio Francesco, quien desde aquel momento se convirtió en el nuevo Capitán PERA (tomando con ello la posta que le ofrecía su padre, en un acto que se había visto repetido por mas de siete generaciones de marinos mercantes y de guerra en la familia). Siendo Contador de profesión, mi abuelo pronto halló una oportunidad de un negocio bastante lucrativo naciente por aquellas épocas (primeras décadas del Siglo XX), este era el negocio del café. A inicios de la década de 1910, viajó a la ciudad de San Ramón en la Provincia de Chanchamayo, ubicada geográficamente en la zona central del Perú, llamada también "La puerta de oro de la selva central" ya que estando en la ceja de selva, sus tierras son en alto grado pródigas para el cultivo entre muchas especies, y entre ellas el privilegiado siempre fue el café. Es así que su vida empezó a transcurrir en constantes viajes entre Lima, San Ramón y La Merced, y es en este último lugar que se desposó con la inmigrante francesa de origen italiano ligur, Jeane Balestra Pastorelli (nacida en el puerto francés de Niza) con quien se casó en acto canónico celebrado por el Párroco Franciscano don Antonio Battle, un 30 de Abril de 1908 en la Iglesia de La Merced, siendo sus padrinos de boda don Andrés Gabiño (quien actuó en representación y por poder otorgado en Lima por el padre del novio, don Antonio PERA Piccone) y doña Giovanna Pastorelli Alberti, madre de la novia, para aquel momento él contaba con 21 años y ella con 15. Pronto vino el primer embarazo, lamentablemente fueron gemelos que quizás por la escasa edad de la madre, mi abuela, nacieron muertos. No obstante, ello fue superado, y en los próximos años el matrimonio PERA-BALESTRA vería el nacimiento de una profusa estirpe conformada por doce vástagos, entre ellos mi padre, quienes nacerían en diversas ciudades.

Así, don Cesare Umberto PERA Mariátegui ya siendo padre de familia y sustento principal no sólo de la misma, sino en conjunto con su hermano mayor, de su padre y hermanas solteras, fundó a mediados de la década de 1910 en sociedad con el también comerciante de origen italiano Giovanni B. Mazzi Guffanti, una empresa dedicada al comercio exclusivo del mejor café de la zona central del país, denominando a la misma como "Café Chanchamayo". A la par abrieron dos locales, uno en el centro de la ciudad capital Lima, situado en la calle Lechugal, y otro en el puerto del Callao, desde donde se ofrecía un servicio de venta al por mayor y menor de café, así como fiel al estilo de las pulperías italianas asentadas en el Perú, se dispuso dentro del mismo establecimiento un lugar que sirviese como tostaduría de café (y venta del mismo) así como una panadería en la que todos los trabajadores de la zona y público en general, pudiesen degustar de uno de los mejores y mas selectos café's del mundo entero. Estos primeros años fueron de pleno apogeo en el negocio mundial de la venta del café, por lo que prontamente la empresa de don Cesare U. PERA y Giovanni B. Mazzi Guffanti prosperó, convirtiéndose en una de las mejores del rubro a escala nacional. A la par, el otrora negocio familiar que pasó a manos del primogénito don Antonio Francesco PERA Mariátegui, mantenía su rumbo siendo ahora dos los veleros que surcaban los puertos de sudamérica y Europa siendo su negocio principal el traslado de mercaderías (y a veces empresarios o viajeros) que a pedido efectuaban los clientes entre ambos continentes, uno de aquellos veleros era comandado por él mismo, y el otro por su concuñado, el Capitán alemán Guillermo Wriedt Claussen. En 1919 falleció su padre, don Antonio PERA Piccone, lo que le trajo un profundo desconsuelo a toda la familia, debido al carácter en extremo abnegado que siempre mostró éste con sus hijos y nietos, sin duda aquella fue una herida que quedó muy profunda en el corazón de sus hijos y demás familiares.

Lamentablemente, el régimen del Presidente peruano de facto Luis M. Sánchez Cerro, asesinado en funciones en 1933, ante una creciente y cada vez mas opresiva oleada anti-inmigracionista tanto de europeos como de asiáticos (chinos y japoneses), decidió expropiar ambos veleros de nacionalidad italiana y alemana a las familias PERA y Wriedt respectivamente, debido a que eran propiedad de extranjeros afincados en el país. Con ello y en particular, la suerte del velero de propiedad de Don Antonio F. PERA Maríategui estaba echada, pues el ente nacional que expropió la nave la dispuso como embarcación que debía efectuar un servicio de traslado de carbón llevando dicho producto por todos los puertos del litoral peruano, no tardó en llegar el momento en el que debido a que las características de dicha nave no eran las adecuadas para aquella labor, el velero "San Remo" fue absurdamente hundido en uno de los múltiples viajes que realizó debido al sobre exceso de carga. Felizmente, para dicha época, mediados de la década de 1930, el patriarca de la Familia PERA en el Perú, Don Antonio PERA Piccone ya se encontraba fallecido, sino el dolor de ver a su velero (con el que navegó por mas de 50 años todos los mares del mundo, y arribó a las costas mas distantes y fascinantes en Oceanía, África y Asia, y los antiguos puertos europeos y americanos) hundido por la mas ignominiosa estupidez e ignorancia, hubiese sido totalmente devastador.

Ante la pérdida del velero familiar, mi abuelo, Don Cesare Umberto le ofreció a su hermano Don Antonio Francesco ser su socio en el negocio del café, es así que ambos hermanos se unieron y fundaron el conocido y bastante popular entre las décadas de 1930-40 "Café PERA", empresa también dedicada al comercio mayorista y minorista de café traído de Chanchamayo. La nueva empresa, y el "Café PERA", que aglutinaba tanto al negocio del comercio del café en sí, como el establecimiento de un popular local donde se servía el café, tuvieron singular éxito por unos años. Sin embargo, de manera súbita Don Cesare U. sufrió un derrame cerebral producto de una hipertensión que para aquellos años era una enfermedad difícil de controlar, lo que le acarreó el que no pudiere por un tiempo encargarse del nuevo negocio que acababa de emprender, por lo que toda la labor del mismo recayó en su hermano, quien tan sólo logró mantener el mismo a flote por unos escasos años. Ya en la década de 1940, Don Cesare Umberto PERA Mariátegui decidió dar por terminada una etapa, que le había sido gratificante pero a la vez le había acarreado algunas complicaciones respecto a su salud, por lo que ante el imperativo de tener que continuar viajando constantemente a Chanchamayo a comprar el café y con ello, tener que verse expuesto con una hipertensión agresiva al cambio abrupto de altitudes debido al traslado que debía realizar de la costa a la sierra y luego a la ceja de selva, es que decidió retirarse del negocio de dicho negocio y poner con ello, fin a varios años dedicados a hacer empresa de la venta y negociación con el café.

Empezó a trabajar así en su profesión como Contador en el en aquel entonces llamado Banco Italiano, que mas tarde se convertiría en el aún existente Banco de Crédito del Perú. El año 1947 sería completamente infausto para Don Cesare U. ya que el 01 de Enero de dicho año moriría su esposa tras un mortal derrame cerebral, y el 18 de Mayo asimismo, fallecería su hermano mayor Don Antonio Francesco, lo que lo sumió en el mas absoluto y dificultoso trance producto de la pérdida prematura de dos de sus seres mas queridos. Tras la irremediable pérdida su carácter, antes risueño, extrovertido, amiguero y en extremo cariñoso con su familia (muy típico de todo italiano), se tornaría mas tranquilo, nostálgico y taciturno, por lo que quizás ello le acarrearía pocos años mas tarde un nuevo derrame cerebral que lo golpearía tanto física como anímicamente, ya que perdería algunas facultades físicas por lo que quedó al cuidado abnegado de su hija menor Perla Celeste PERA, para fallecer al promediar la 05:45 a.m. del día 14 de Julio de 1951, producto de un nuevo y fulminante derrame cerebral.


Don Cesare Umberto PERA Mariátegui dejaba tras de sí una larga estela dedicada a la labor marítima según manda la tradición paterna familiar, mas tarde una labor dedicada al café, y finalmente desempeñándose dentro de su profesión en el banco mas exitoso del Perú. Dejó siete hijos e hijas (ya que otros siete fallecieron de niños o sin dejar descendencia), de los cuales se forjó el núcleo de la Familia PERA en Lima, Perú. Con ello, nos legó no únicamente un apellido, sino toda una enseñanza de amor por el trabajo y la familia, una vida dispuesta a servir a los demás siempre, siendo alegre y mostrando fe ante la adversidad, y luchando, luchando siempre y a cada instante por los suyos y para lograr para ellos un futuro mejor, como es el anhelo de todo inmigrante.

Ahora llega el turno de hablar de mi padre, Don Mario Enrico PERA Balestra, quien nació a las 4:00 a.m. del 23 de Diciembre de 1924. Desde muy joven mostró esa eterna inquietud y búsqueda que lo llevó, quizás por el designio de su sangre, a enrolarse como aspirante a cadete de la Marina de Guerra del Perú en 1939, contando con apenas catorce años de edad recién cumplidos. Creció teniendo como escuela la férrea disciplina militar, convirtiéndo en su casa a la Marina peruana en la que estuvo en el servicio activo por mas veinticinco años, llegando al grado de Capitán de Fragata y sirviendo en la élite de la fuerza marina, como submarinista especializado de la que por casi un siglo fue la mas potente arma de la milicia peruana (y es que la fuerza peruana de submarinos sólo ha podido ser mejorada en sudamérica por la armada chilena y esto hace pocos años). Con la marina de guerra viajó por los siete mares, conoció los cinco continentes, y en suma visitó 116 países, se casó en primeras nupcias en el año 1947 teniendo sólo una hija, y en segundas nupcias dos (varón y mujer). En 1945, fue enviado por dos años a hacer una pasantía en la base de la Marina Estadouniense llamada Kingspoint, en North Carolina-E.E.U.U., en la que pudo continuar con la rama que mas le atraía, los submarinos. Por lástima, estando allá es que recibió la funesta noticia de la muerte de su madre, siendo el único hijo que no pudo estar presente en dicho álgido momento familiar. En 1951 perdería igualmente a su padre, no obstante, la vida de depararía aún un momento mas aciago que la muerte de un ascendiente, ya que en 1977 tras un accidente automovilístico en Lugano, Suiza y tras un penoso mes internada en una clínica de Milán-Italia, murió su hasta ese momento única hija, hecho que sin lugar a dudas lo despedazó por el imprevisto e impensado final que tendría el viaje a tierras europeas de la misma. Poco tiempo después, nacen los hijos de su segundo matrimonio, hecho que de cierta manera lo ayudó a seguir adelante y a soportar la dura etapa vivida años antes.

Tras dejar la Marina de Guerra del Perú, se embarcó en varios negocios, fue socio de una compañia maderera, del laboratorio Pharvet, incluso fue actor en comerciales de televisión en vivo y comerciales en prensa escrita, hasta que finalmente entró a trabajar como Gerente de Relaciones Públicas de la Empresa Nacional de Comercialización de Insumos -ENCI-, empresa en la que trabajo por un largo periodo de mas de quince años hasta que finalmente se jubiló en 1991. Pese a estar jubilado, aún mantenía el vigor, fortaleza y la alegría de vivir que siempre lo caracterizó, a pesar de los crueles avatares del destino, y se desempeño por algunos años mas como Gerente de Relaciones Públicas de la Beneficencia Pública de Lima, siendo el principal promotor de la organización de la Feria del Señor de los Milagros de Acho, donde pudo conocer a los mejores toreros del momento. En el mes de Octubre del año 2001 sufriría un pequeño derrame cerebral, que le generó una afasia, lo que melló grandemente su salud y sobre todo su espíritu de vivir, pese a ello, continuó dando batalla aunque ya retirado a su casa. Finalmente, debido a complicaciones propias de dos enfermedades que menguaron su salud por mas de veinte años, la hipertensión arterial y la diabetes, su ánimo se resquebrajó ya próximo a cumplir los 80 años de edad, mas no fue así, pues fallecería el 24 de Julio del 2004, pocos meses antes de cumplir efectivamente los ochenta años. Su legado fue sin duda ejemplar, supo ser un padre como los que hay pocos, situación que ahora entiendo es una constante en la familia, al repasar la calidad de persona y ejemplo que fue sin duda en lo moral, familiar y personal. Sin temor a equivocarme, puedo mencionar con plena convicción y fe ciega, que fue el mejor padre que un hijo pueda tener, con sus aciertos (muchísimos mas) y sus defectos, no obstante, siempre se mantuvo íntegro, honesto y probo, cualidades personales que muy pocos pueden afirmar en sus progenitores actualmente.

Hoy, 23 de Diciembre del 2008, mi abuelo Don Cesare Umberto PERA Mariátegui cumpliría 122 años de edad, y mi padre Don Mario Enrico PERA Balestra, 84. Por medio de estas breves pero muy sentidas semblanzas, he querido reseñar de alguna manera, y celebrar a mi modo un aniversario mas del natalicio de mis ascendientes. A pesar de que a mi abuelo por lástima debido a obvias razones temporales no lo conocí, pude saber mucho de él a través de mi padre y diversos familiares, sintiendome muy próximo a ambos, reconociéndome en algún gesto físico, en alguna palabra incluso en algunas letras que escritas por mi padre y por mí lucen, muy similares. Ambos no sólo me heredaron un apellido, PERA, sino además me heredaron cosas de las mas trascendentales, experiencias y ejemplos de vida, recuerdos, historias y características no únicamente físicas -las mas evidentes-, sino también características espirituales, algunas difíciles de reconocer a simple vista, otras no tanto. Sin embargo, el recuerdo de ambos permanece en mí, como huella indeleble marcada con hierro y sangre, fraguada por siempre en lo único que jamás nadie me podrá arrebatar sea donde fuere que esté, en mi mente y corazón.

¡Buon Compleanno Nonno! ¡Buon Compleanno papá! Donde estén, siempre vivirán presentes en mí.

viernes, 9 de mayo de 2008

Recordando un aniversario de mis raíces


Siendo el día de hoy 09 de Mayo, no quería dejar pasar la ocasión para dejar constancia en la presente "entrada" (y blog de la familia PERA), del aniversario número ciento sesenta y cinco del natalicio de mi bisabuelo paterno y patriarca de la familia PERA en esta parte del mundo (Perú - Sudamérica).

Mi bisabuelo, Don ANTONIO PERA PICCONE, nació el 09 de Mayo de 1843 en el antiquísimo puerto de San Remo (en italiano Sanremo), Provincia de Imperia, Región de Liguria - en ese entonces Reino de Italia (actual República Italiana), siendo bautizado como todos sus antepasados y familiares, según el rito Católico Apostólico Romano, al día siguiente de su nacimiento -el 10 de Mayo-, en la nombrada así por la Ciudad del Vaticano Insigne Basílica Catedral de San Siro, por ser la parroquia mas antigua de dicho puerto, y sin duda una de las mas antiguas de la Región de la Liguria en general. Don Antonio, fue hijo legítimo del matrimonio conformado por Pietro Francesco PERA y Maria Giacinta Piccone, y tal como su padre (mi tatarabuelo), desde muy niño estuvo familiarizado con el trabajo ligado al mar, labor típica de todo puerto marítimo importante, como siempre lo ha sido San Remo, por lo que desde muy joven -siendo aún un adolescente- se hizo a la mar cumpliendo de ese modo con la tradición ancestral de la familia PERA de desempeñar labores marítimas de comercio, familia la cual cuenta en su haber más de siete generaciones de marinos mercantes y de guerra.

Su profesión y su vida entera la dedico al trabajo en el mar en diversas embarcaciones, y con ello, a los continuos y perennes viajes donde únicamente se ve "cielo y mar", azul versus azul, y de cuando en cuando un puerto, ya sea en las costas del Mar Mediterráneo (en puertos europeos, asiáticos o africanos), así como en los puertos del Mar Negro (principalmente en el antiguo y famoso puerto de Odessa -actual Ucrania-), para finalmente, con la amplia experiencia que sólo los muchos años en la labor marina pueden otorgar, pasar a dedicarse al comercio mayor de diversas mercaderías entre los múltiples puertos de los distintos continentes.

A través de años de trabajo arduo e infatigable como marino mercante, pudo finalmente adquirir un barco velero de cuatro mástiles al cual bautizó con el nombre de su ciudad natal, "San Remo", y pronto se alistó a conseguir una adecuada tripulación para el mismo (entre algunos de los integrantes de dicha tripulación, estuvieron los jóvenes hijos de algunas de las más ilustres familias sanremeses, como los Borea y los Drago). Con el velero "San Remo", Don Antonio PERA Piccone y su tripulación surcaron las amplias aguas de los mares Atlántico, Pacífico e Índico, las cálidas aguas del Mar Caribe y las gélidas aguas del sur de Sudamérica: el polo sur y las costas del continente Antártico. Cruzó innumerables veces el Mar Atlántico para llegar a las costas del Mar Pacífico por el Estrecho de Magallanes -anteriormente llamado Estrecho de Todos los Santos- (segundo pasaje interoceánico mas transitado superado sólo por Cabo de Hornos), allá por las últimas décadas del Siglo XIX -recordemos que el Canal de Panamá recién se inauguró el 15 de Agosto de 1914-, con lo que podemos confirmar con ello, su gran pericia y extensos conocimientos en la navegación en Mar abierto, y en territorios tan difíciles de surcar como lo constituye incluso hasta la actualidad a pesar de contar con instrumentos como el Sonar (medio de localización acústica importantísimo para la navegación), y con el uso de cartas de navegación en extremo precisas de dicha zona marítima.

El navegar y cruzar por el Estrecho de Magallanes -para utilizar al mismo como corredor o pasaje marítimo interoceánico que abrevie el tiempo de navegación entre las costas del Atlántico y del Pacífico- siempre ha sido un reto mayor, pues el mismo depara mas de un dolor de cabeza para las embarcaciones que lo atraviesen debido a los innumerables elementos que se deben sortear con pericia para superarlo con éxito. La navegación por dicha zona por tal, requiere de "maestros" de la navegación (y a fines del Siglo XIX, de expertos "viejos lobos de mar"), pues existen incontables peligros como vientos tempestuosos procedentes de la Antártida (conocidos como "turbonadas" por su gran velocidad y poca duración), chubascos, quebradas que requieren ser bordeadas con maniobras de agudos ángulos, granizo, y escasa visibilidad (producto de las llamadas "mangas de agua" que por momentos eclipsan por completo el horizonte y la costa continental e insular haciendo que éstas desaparezcan, lo que puede generar una total desorientación a los tripulantes y temerariamente al timonel de la embarcación). Por ello, el difícil e impredecible clima y el escaso margen de maniobrabilidad por la geografía de la zona, han sido factores que han contribuido y aún son los culpables de la zozobra de no pocas embarcaciones de todo calaje en dichas aguas; por algo dicho Estrecho contiene nombres como "Paso Tortuoso", "Isla Desolación", "Bahía Inútil" o "Puerto Misericordia". Según se refiere: "(...)La resolución y ánimo de un Capitán para ingresar y navegar el estrecho de Magallanes, se basará siempre y ante todo, en la práctica y conocimiento que tenga de la región misma, pues indudablemente sería una gran imprudencia arriesgarse a esa empresa desde la primera vez que se la acomete sin la asesoría y conocimientos del mar y de la zona apropiados (...)".
(Ref. http://www.shoa.cl/servicios/magallanes/02_region_occ_esp.htm)

Don Antonio PERA Piccone, demostró como Capitán de su velero "San Remo", que contaba con esa pericia única que dan los años dedicados al mar, para luego de tantas décadas como marino, de incontables viajes transoceánicos con innumerables idas y retornos, y de visitar puertos de Europa, Asia, África, Oceanía y las Américas, conocer precisamente en el segundo puerto mas importante del Pacífico colombiano, el Puerto de Tumaco -situado en la antigua Región del Cauca hoy departamento de Nariño, República de Colombia-, a la que a la postre se convertiría en su esposa, la tumaqueña Francisca Mariátegui Escrusería. Con ella se desposaría el 03 de Setiembre de 1883 en dicho mismo puerto (él contando con 40 años, y ella con 17), para iniciar de allí en adelante una vida marital en la que su vivienda fue su propio barco velero. Los hijos como era lógico vinieron con los años, hasta que finalmente el matrimonio de Don Antonio y Doña Francisca PERA con sus hijos, estableció su domicilio ya en tierra firme en la ciudad de Lima - Perú, a finales del Siglo XIX, en la ciudad capital del antiguo y mas importante virreynato de España. Muy pronto la familia PERA Mariátegui sufrió un duro golpe de la vida, de esos que devastan los sentimientos y el corazón, esto pues tras un parto se complicaría la salud de Doña Francisca Mariátegui de PERA, quien tuvo que hacer frente a los embates de una infección puerperal o post-parto. Doña Francisca (mi bisabuela), no soportó y decayó prontamente ante la infección, falleciendo tras el fallido parto el 07 de Agosto de 1899.

A partir de ahí la vida no sería nada fácil para Don Antonio y sus hijos e hijas, en el momento de la muerte de Doña Francisca, el mayor de sus hijos -Antonio Francisco-, contaba con quince años, y la menor -Luisa María- con dos. Así, mi bisabuelo tuvo que hacer frente a una nueva vida en la cual tenía que ser padre y madre para sus hijos (todos menores de edad), además de tener que trabajar para mantener a su familia, y todo ello encontrándose en un país muy lejano al suyo, y sin poder contar siquiera con la ayuda de sus familiares, pues los mismos radicaban en su tierra natal: San Remo - Italia. Los años pasaron, aquellos hijos crecieron y se hicieron hombres y mujeres de bien, algunos se casaron y otras adoptaron los hábitos. Don Antonio -en situación poco usual para la época- vivió muchos años (quizás como una recompensa que la vida le otorgó a la familia por la temprana pérdida de la madre), tantos que le permitieron conocer a sus primeros nietos y gozar de una apacible vejez rodeado de todos sus seres queridos.

Don Antonio PERA Piccone, el patriarca de la familia PERA en Sudamérica, moriría a las doce horas con veinte minutos de la tarde del 14 de Mayo de 1919, a los 76 años de edad recién cumplidos y veinte años después de la muerte de su esposa. Su muerte fue repentina según consta en su acta de defunción eclesiástica, siendo el motivo de la misma presumiblemente un derrame cerebral, aunque su partida de defunción civil consigna como motivo de la muerte una septicemia. Fue inhumado con entierro de primera clase en el primer cementerio civil de América, el Cementerio Museo Presbítero Matías Maestro (inaugurado un 31 de Mayo de 1808 por el Virrey español José Fernando de Abascal y Sousa, el cual fue diseñado por el pintor, músico, clérigo y escultor Matías Maestro Alegría, por lo que se le denominó de esa manera).

Don Antonio dejaba tras de sí una vida entera dedicada al mar, fue un marino de vieja estirpe, una persona que hasta el final rememoraba sus vivencias surcando los siete mares, visitó como marino mercante casi todas las costas del mundo, y los actos más importantes de su vida así lo reflejan: nació en Italia, se casó en Colombia y falleció en Perú. Además, dejó tras de sí una numerosa familia que lo respetaba, amaba y por sobre todo le guardaba devoción, no sólo por el hecho de llevar su misma sangre, sino principalmente porque dedicó por completo la segunda mitad de su vida (treinta y seis años) a cuidar de su familia, y a la muerte de su esposa, a cuidar exclusivamente de sus hijos. Pese a que era costumbre común en esa época que al enviudar el hombre éste rápidamente se volviese a casar, mas aún teniendo varios hijos pequeños por criar, mi bisabuelo nunca lo hizo; él no halló en el volverse a desposar la salida a sus problemas, sino la obtuvo en el trabajo infatigable y en el cuidado constante de todos sus hijos, y he ahí el por qué de la gran devoción y amor que los mismos le profesaban.

Hoy mi bisabuelo, Don Antonio PERA Piccone, cumpliría 165 años de nacido; y a través de esta pequeña semblanza he querido celebrar a mi manera dicho aniversario. A pesar de no haberlo conocido por la evidente distancia temporal que nos separa, siempre me he sentido muy próximo a él. El mismo no sólo me legó su apellido, PERA, sino me legó un invalorable bagaje de recuerdos, historias y características no únicamente físicas -que son las mas evidentes-, sino también y quizás las mas importantes, características espirituales, algunas de las cuales puedo reconocer fácilmente en mi o en mis parientes, otras no tanto pero no obstante ello, sé que las mismas se encuentran ahí, como sello indeleble en nuestro ADN.

¡Buon Compleanno bisnonno! Donde sea que estés, ¡Buon Compleanno!


 

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