sábado, 16 de agosto de 2008

La toponímia PERA en Constantinopla (actual Estambul, Turquía) - Parte III: La participación de la República de Génova en el comercio bizantino

(Mapa que muestra la expansión de las rutas y redes de comercio de la República de Génova, así como sus principales colonias y emporios mercantiles en las costas de los mares Negro, Egeo y Mediterráneo)
Fuente: Wikipedia

Habiendo efectuado un gran esfuerzo para resumir en unas cuantas líneas tanto el florecimiento como la posterior debacle del Imperio Romano de Oriente, o también llamado Imperio Bizantino, desde sus inicios hasta sus últimos días -de verdadero espanto para los ciudadanos de la antigua ciudad de Constantinopla-, paso ahora a referir mayores alcances sobre la llamada La Serenísima República de Génova (cuya existencia se dio entre los años 958-1805) y el desarrollo de la política de expansión económica, social y política de la misma en las múltiples ciudades de las costas de los mares Mediterráneo, Negro y Egeo, y en particular, en la ciudad capital del Imperio Bizantino, la conocida mundialmente como "la mas bella de las ciudades": Constantinopla.

Históricamente se conoce que el primigenio asentamiento de colonos genoveses en la magna capital de oriente, se dio en el año de 1155, mas debo aclarar que aquel asentamiento se constituyó tan sólo como un pequeño barrio de mercaderes marítimos, ínfimo en comparación a los -para esa misma fecha ya antiguos- asentamientos y mucho mas desarrolladas colonias de ciudadanos venecianos, napolitanos y pisanos principalmente. La República de Venecia se había encargado de asegurarse una exclusiva participación en los negocios y el comercio ultramarino bizantino, dominando desde antes del año 1204 casi la totalidad de las ciudades mercantilmente importantes asentadas en las costas del Mar Mediterráneo y del Mar Negro, prerrogativa que vio su apogeo máximo una vez que éstos ofrecieron su apoyo decidido y contundente (consistente en armas, dinero y hombres) que dieron a los Francos en el año 1204 para la Cuarta Cruzada, apoyo que dio como resultado la instauración del llamado Imperio Latino, y la consiguiente exclusividad comercial de la República de Venecia con Bizancio y las ciudades portuarias aledañas. Es así que con el favor "devuelto" de los cruzados ya instalados en el gobierno del Imperio Romano de Oriente, los colonos y mercaderes venecianos lograron una perfecta y absoluta hegemonía en el comercio marítimo de la zona, y se consolidaron como la primera fuerza mercante que recorría los diversos mares de la misma. No obstante ello, las relaciones bizantino-venecianas se remontaban al Siglo VI, cuando el general Flavio Belisario (505-565), conquistó para el dominio del Imperio Bizantino gran parte de la actual Italia, con lo que Venecia pasó a formar parte del dominio de dicho imperio. Recién en el año 726, el tercer dogo veneciano llamado Orso Ipato fue reconocido como Dux (en castellano, jefe) por el Imperio Bizantino, el mismo que aceptó la autonomía (mas no independencia) del hasta ese entonces Ducado de Venecia; la independencia veneciana se lograría de manera absoluta recién en el Siglo IX. Debo mencionar aquí, que la excelente ubicación geográfica de la República de Venecia (enclavada en el medio del Mar Mediterráneo) le permitía ejercer un activo rol mercantil entre Bizancio y el resto de ciudades europeas. Junto a ello, su ubicación en el extremo norte del Mar Adriático constituía una perfecta defensa geográfica frente a los posibles ataques marítimos debido a su dominio sobre Dalmacia; todas estas circunstancias ayudaron a que Venecia incrementara su poderío en una época cuando las flotas comerciales en el Mar Mediterráneo aún eran raras, incluso la gran tolerancia en general en cuanto al pensamiento e ideas de las que hacían gala los venecianos en temas de religión y creencias culturales básicamente, les permitió desarrollar una actividad de comercio prácticamente de manera libre y tranquila con los estados tanto de credo religioso cristiano católico romano, como ortodoxo, islámico, hebreo, etc. o incluso credos tan distintos al suyo, como aquellos propios de los pobladores de la antigua China e India, siendo éste un trascendental factor que les permitía ejercer como nexos o intermediarios entre Europa, África y Asia. Tenemos entonces, que para el año 1100 la República de Venecia ya estaba cimentada como una muy desarrollada potencia marítima comercial mediterránea, tanto así que incluso ofrecían sus servicios como flota naval de comercio al propio Imperio Bizantino, para poder ganar así estratégicamente con dicho apoyo, mayores privilegios comerciales en "la reina de las ciudades", Constantinopla. Como he mencionado líneas arriba, la participación y ayuda brindada por la enérgica flota veneciana a los Cruzados en 1204, fue determinante para que los mismos lograsen el saqueo de Constantinopla en aquel deplorable acto, hecho que visto desde todas las aristas, aceleró la decadencia y posterior debacle del Imperio Bizantino. Como corolario directo de aquel invalorable apoyo, la República de Venecia logró luego para sí, las anexiones de las islas griegas (también llamadas "islas del Egeo") de Creta y Eubea, ello a inicios del Siglo XIII, con lo que expandieron enormemente su poder, riqueza y redes de comercio ultramarino (según se dice, la flota veneciana llegó a contar en su mejor época con alrededor de 3300 navíos), con lo que las redes y flotas comerciales venecianas pudieron llegar por primera vez desde Inglaterra, hasta Egipto y posesiones situadas en el propio Mar Negro. Para el año de 1380, la República Veneciana obtuvo una gran victoria sobre la naciente República de Génova, la misma que se empezaba a avisorar como la principal competencia comercial y por ello, como la enemiga acérrima, mas con esta primera derrota la flota genovesa tuvo que aguardar un mejor momento, por lo que limitó su expansión mercantil a la zona occidental del Mar Mediterráneo.

Retomando el tema central de la presente "entrada", puedo decir que la mayor presencia de ciudadanos de la república genovesa, como conglomerado de colonos en la ciudad de Constantinopla se dio en las postrimerías de la existencia de la ciudad de Constantinopla como tal, es decir, dos siglos antes de la caída de dicha ciudad capital y del Imperio Bizantino, acaecida en 1453. Es por ello, que tenemos que a partir de mediados del Siglo XIII de nuestra era, el asentamiento de gran cantidad de colonos de origen genovés se manifestaba en su mayor esplendor y auge, siendo la principal y suponemos casi única actividad que realizaban, la de efectuar labores de comercio predominantemente marítimo. No obstante lo indicado, debo remarcar que desde antes del Siglo XIII, y como era de esperar dado el carácter y espírito propio de los genoveses, se conoce de la existencia de grupos pequeños de colonos de dicha procedencia ya instalados en Constantinopla para el citado año de 1155.

Pero, ¿quiénes eran aquellos colonos genoveses?... La República de Génova se creó como un estado independiente, cuya capital era la antigua ciudad portuaria de Génova (que históricamente ha sido el mayor puerto del Mar Mediterráneo), y que se ubicaba en la actual región de la Liguria italiana. Es un hecho a resaltarse, que tras la caída del Imperio Romano de Occidente, en el año 476 d.C., dicha ciudad capital fue ocupada por tropas del para ese entonces naciente Imperio Bizantino (tal como en el caso antes expuesto de Venecia), situación que tras muchos siglos se invertiría, puesto que serían colonos genoveses los que ocuparían parte de Bizancio, pero eso lo trataremos en profundidad mas adealnte. Dicha República, fue la primera en obtener, en el año 958 d.C., algunas prerrogativas otorgadas a sí por los reyes de Italia (Regnum Italiae o Regnum Italicum) Berengario II D'Ivrea (900-966) y Adalberto II D'Ivrea (931-972), siendo aquellos los primeros privilegios que recibía un municipio italiano de manos directas de un Rey de Italia. La dación de estas prerrogativas fue sin duda el punto de partida para el inicio de la búsqueda de independencia de la ciudad dentro del Reino de Italia, por lo que es comunmente aceptado que es apartir de la fecha antes indicada que se dio nacimiento a la República de Génova.

Entre estas prerrogativas antes señaladas, se encontraban dos fundamentales: 1. La inmunidad del territorio de la ciudad, punto clave para pensar en una independencia real frente a las demás ciudades y municipios integrantes del reino italiano; y 2. La inmunidad respecto de las posesiones materiales de sus habitantes, los genoveses, frente al poder de los monarcas de dicho territorio, quienes desde aquel momento tenían legalmente prohibido el ingreso a las propiedades (domicilios, tiendas, factorías, etc.) de los habitantes de la ciudad, así como también tenían prohibido el exigirle a los pobladores alojamiento o manutención alguna durante sus visitas oficiales. Es por ello, que la dación de estos privilegios transformó la forma de vida de los genoveses, haciéndolos en suma libres. A partir de dicha época, la política exterior de la República de Génova fue una prevalentemente dirigida a garantizar a sus habitantes, y mas aún a los ciudadanos genoveses quienes vivían en los confines del llamado Genovesato (en castellano, Genovesado) que se constituía del territorio itálico genovés, la necesaria protección de los territorios genoveses de ultramar, a través de una extensa red de rutas comerciales para lo cual contaban con una poderosa escuadra mercante pero que de ser necesario, desenfundaban rápidamente sus cañones y espadas para convertirse en una fuerza bélica de considerables proporciones para la época. Tal política consistía entonces, en adquirir y controlar nuevos territorios ultramarinos, los que con el tiempo devenían en la constitución de posteriores colonias genovesas a lo largo del Mar Mediterráneo y Mar Negro, en ciudades tan distantes de la propia Génova como entre sí, ciudades tales como: Brujas (Bélgica); Southampton o Gibraltar (Reino Unido); La Rochelle, Marsella o Córcega (Francia); Porto o Lisboa (Potugal); Málaga, Valencia o Barcelona (España); Bona (hoy Annaba, Argelia); Túnez o Mahdia (Túnez); Trípoli (Libia); Roma, Nápoles, Sicilia, Bari (Italia); Alejandría (Egipto); Haifa (Palestina); Beirut (Líbano); Famagusta (Chipre); Antioquía, Laiazzo, Esmirna, Nicea, Amasra, Samsun, Trebizonda o PERA (Turquía); Odesa, Cembalo (hoy Balaklava) Calitra, Caffa (hoy Teodosia), Bosforo, Matrega, Copa, Soldaia, Tana (hoy Asovia) o Sebastopol (Crimea, Ucrania); Tesalónica, Atenas, Focea, Creta, Éfeso, Rodas, Samos, Quíos, Lesbos, Lemnos, Enos (Grecia). Estas ciudades, todas portuarias, en las que se habían asentado colonias genovesas de manera permanente o temporal, constituían una vasta red de líneas de comercio marítimo que unía las costas de Europa, África y Asia, lo que significaba para la república genovesa, el contar con las mas importantes plazas financieras del mundo conocido de aquella época. Es así que los genoveses pusieron las bases para la creación de un "imperio" basado en la economía y comercio ultramarino (el que si bien es cierto ya había iniciado con las acciones de la República de Venecia), el mismo que siempre iba de la mano con la poderosa arma de la "diplomacia" tan reconocida como practicada por los xeneizes (en castellano, genoveses), así como la utilización de las afamadas galeras genovesas, las mismas que servían como ya hemos indicado tanto como navíos para el comercio como para la guerra. Es de resaltar aquí, que los genoveses siendo predominantemente marinos comerciantes muchos de los cuales pertenecían a las familias mas aristocráticas, siempre mantenían como un principio rector el agotar todos los medios diplomáticos antes de llegar al uso de la fuerza para resolver sus conflictos, característica que a su vez compartía su acérrimo rival: Venecia. Quizás ello se debiese a que realizando ambas repúblicas gran parte de su comercio con Bizancio, había aprendido de este último el arte del entendimiento por medio del uso de la palabra. Es ampliamente conocido por todos, que los Bizantinos ante todo problema suscitado siempre recurrían a la diplomacia y a la habilidad de llegar a acuerdos sin utilizar un sólo cañonazo.

Es así que los marinos genoveses llevaban su cultura a todos los lugares costeros antes mencionados, sus costumbres, formas, leyes, cosmovisión, etc. siendo a la vez comerciantes y si se requeria en extremo militares, puesto que tal como sus navíos que como hemos mencionado tenían doble uso (para el transporte de mercadería como para la defensa militar de Génova o sus colonias), ellos mismos eran a la vez mercaderes notables y afamados, como conspicuos marinos de guerra que (tras agotar toda posibilidad de solución al problema por la vía diplomática por mas ínfima que esta fuese) no dudaban en dirigir la proa de sus galeras hacia la zona de conflicto, y perfilar sus cañones y espadas para lograr el bien de Génova y los genoveses. Por ello, es por todos conocido que los genoveses se movían en nombre de su República, siempre buscando obtener privilegios para Génova, inclusive logrando ello por propia cuenta. La constitución de la llamada Compagna Communis (organización territorial de la antigua Génova), reunió en sí a todos los consorcios comerciales de la ciudad (llamados Compagne=Compañeras), a la que posteriormente se adhirieron los nobles feudales de los valles limítrofes y de las costas, hecho que marcó definitivamente el derrotero y nacimiento de la República de Génova.

Las riquezas en las arcas de la República se acrecentaron notablemente gracias a su participación en la Primera Cruzada cristiana (1096-1099), ya que su apoyo le produjo y facilitó la adquisición de grandes privilegios para las comunides de colonos genoveses ya instalados en muchas localidades de la llamada Tierra Santa. Aproximadamente el año 1100, una asociación voluntaria (compagna) de todos los ciudadanos genoveses, creó la República independiente de Génova; el poder ejecutivo fue concedido a un número de cónsules elegidos anualmente en una asamblea popular. El poder legislativo estaba en manos de pequeños nobles y burgueses influyentes, siendo el comercio marítimo la actividad dominante. Documentos históricos como la valiosa fuente de archivo notarial de Giovanni Scriba, dan cuenta de cientos de documentos comerciales de los años 1154 a 1164, lo que pone en evidente manifiesto, la práctica de una sofisticada economía en Génova entre los que encontramos documentos legales como contratos de commenda, societas y préstamos marítimos. Es para finales del siglo XI y principios del XII, que finalmente la República de Génova se constituyó como una comuna (municipio) totalmente independiente. Pese a haber sido la primera comuna en lograr su ansiada independencia, la política genovesa era muy inestable, ello se evidenciaba claramente en que durante sus ocho siglos de vida republicana, la misma tuvo diferentes formas de gobierno, cambios que crearon constantes altibajos para sus intereses económicos y de estabilidad social. Debo señalar aquí, que en el año 1103 el Rey Balduino de Boulogne (¿1058?-1118), llamado Balduino I de Jerusalem, entregó a los genoveses un territorio en la conocida como Siria latina o cristiana en retribución por el apoyo que estos habían dado en la Primera Cruzada cristiana, por lo que los genoveses establecieron allí una de las primeras colonias prácticamente autónomas, puesto que vivían bajo sus propias leyes y costumbres, inclusive con magistrados genoveses quienes se encargaban de dar justicia a los requerimientos de los colonos, tanto así que a cualquier visitante le hacía pensar que se encontraba en la mismísima ciudad de Génova. En el año 1106 lograron idéntico beneficio y establecieron esta vez una colonia en la ciudad de Antioquía (actual Turquía), con lo que ampliaron el espectro de su comercio.

Durante los siglos XII y XIII, Génova desempeñó un papel principal en la revolución comercial que Europa experimentaba. Se convirtió en una ciudad de cerca de cien mil habitantes, una potencia naval que trataba en términos iguales a las mayores monarquías, y en un centro comercial que rivalizaba siempre con Venecia, y competía con otras ciudades italianas en el comercio con Europa occidental. Los productos de principal circulación intercontinentales eran las especias traidas de los confines del este, los colorantes y los medicamentos, el paño y los metales occidentales, las lanas africanas, las pieles, el coral, y el oro, como se puede apreciar todos eran productos de un comercio internacional muy diversificado. Las actividades bancarias y la construcción naval prosperaron, y la industria textil local prontamente tuvo sus comienzos. La distensión política interna era incesante, pero ello no obstaculizaba seriamente el progreso de la comunidad genovesa y de sus colonias, a pesar que el estado era manejado como asunto de negocios para beneficio común de las familias predominantes económica y socialmente hablando, finalmente ello redundó en ciertas ventajas para toda la ciudadanía xeneize. La forma de gobierno cambió y se desarrolló con el paso del tiempo, de modo que en la segunda mitad del siglo XIII el estándar de vida de los genoveses mejoró considerable y constantemente, viendose incluso que el orgullo gubernamental y el de las familias predominantes, generó que se diese inicio a la construcción de edificios, puentes e iglesias espléndidas, todas aquellas edificaciones fastuosas que enaltecieron el valor arquitectónico de la ciudad.

Un importante episodio bélico sucedió en el año 1261, el cual según se dice "abrió las puertas" del Mar Egeo y del Mar Negro a los mercaderes genoveses. En dicho año fue suscrito el denominado Tratado de Ninfeo entre Génova y el Imperio Bizantino. Por parte de la República de Génova, el encargado de suscribir dicho acuerdo era el político y militar genovés Guglielmo Boccanegra (electo el capitán del pueblo en 1257, quien pertenecía a una de las mas influyentes familias genovesas, y quien fue uno de los comitentes en el año 1260 para conseguir la edificación del Palacio de San Jorge -Palazzo di San Giorgio-, futura sede del poder republicano genovés); por parte del Imperio Romano de Oriente, el encargo de la suscripción del tratado fue nada menos que el fundador de la dinastía Paleólogo en Bizancio, Miguel VIII Paleólogo (1225-1282). En tratado en sí, aludía al apoyo que los genoveses se comprometían a brindar a Miguel VIII para que el mismo efectuase la reconquista de la ciudad de Constantinopla de las manos del Emperador Latino Balduino II de Constantinopla (1217-1273), dicho apoyo consistía en ofrecerle toda una flota de navíos, la misma que estaría anclada en el puerto de la capital bizantina, lo que impediría posibles incursiones marítimas principalmente de los venecianos (quienes como ya he mencionado, habían actuado de modo decisivo para la toma de Bizancio por parte de los Francos en el año 1204 luego de producida la Cuarta Cruzada, logrando con ello la hegemonía en el comercio marítimo de la zona, y quienes por lo mismo siempre habían sido los competidores de los genoveses para lograr el dominio de las rutas del comercio marítimo en el Imperio Romano de Oriente); así como se pactó además, que luego de que Miguel VIII lograra su objetivo, los genoveses le proporcionarían el reabastecimiento de toda aquella mercadería necesaria para reconstituir prontamente a Bizancio con toda clase de víveres y demás. Es así que en 1261, Miguel VIII Paleólogo logró su cometido con el apoyo de los genoveses, reconquistó Bizancio, por lo que fue nombrado co-emperador del rescatado Imperio, cargo que ocupó conjuntamente con su hijo Andrónico II Paleólogo (1259-1332), y siendo a su vez nombrado regente del Imperio de Nicea. Lograda la reconquista, la pretensión expresa de Miguel VIII Paleólogo era expulsar a los enemigos de los genoveses del territorio bizantino, para con ello concederles a los primeros, toda clase de prerrogativas legales en cuanto al comercio y el control marítimo de los estrechos (de los Dardanelos y del Bósforo) que dirigían hacia el Mar Negro. Una vez instalado en el poder, Miguel VIII cumplió los acuerdos suscritos en el citado Tratado de Ninfeo, y le otorgó a la República de Génova y con ello a los mercaderes genoveses, la exclusividad en cuanto al tránsito y el comercio en las diversas rutas de los estrechos que dirigían al Mar Negro, por lo que a partir de aquella fecha, dicho mar mismo fue llamado irónicamente pero con certeza "lago genovés", pues el dominio comercial y autonomía política de las colonias genovesas asentadas a lo largo y ancho del Mar Negro era casi absoluta.

Contando con el incondicional apoyo del nuevo co-emperador bizantino, los genoveses rápidamente desplazaron a los venecianos en el control del comercio en todo el territorio bizantino, obteniendo finalmente el tan ansiado monopolio comercial en el mercado de oriente por el tiempo que le restaba de vida al Imperio Romano de Oriente, prácticamente dos siglos. Las obras realizadas por los "hombres de la Superba o Dominante" (términos con los que a partir de 1261 era llamada la República de Génova; un dicho genovés conocido era el siguiente: "La Repubblica non riconosce superiori", en castellano, La República no reconoce superiores) en todas las costas del Mar Negro fueron tan vastas que incluso se le ha atribuído a dichos comerciantes genoveses obras realizadas con posterioridad al periodo de dominación genovesa en aquella zona geográfica. Es de destacar, que la presencia ligur en el periodo de máximo apogeo de la colonización genovesa en las costas del Mar Negro, llegaban hasta los mas extremos confines de oriente, tales como los territorios de los actuales Iraq e Irán. Es así que poco a poco desde el año 1261, comenzaron a proliferar y florecer importantes colonias genovesas en ciudades de las costas del Mar Negro, como las mencionadas párrafos arriba. Aquí se debe destacar, que los genoveses ya contaban desde antes de dicha fecha con algunas pequeñas colonias en las ciudades portuarias mas importantes; sin embargo, el apoyo del co-emperador bizantino a los mercaderes genoveses marcó una nueva etapa, de total y absoluta dominación de los mismos sobre todas y cada una de las ciudades importantes situadas a orillas del Mar Negro, principalmente en las costas de los actuales países de Turquía, Ucrania y Rusia. En aquellos puertos donde ya existía una colonia genovesa, la misma crecía y se afianzaba, mientras que en aquellos puertos donde aún no había una colonia dicha procedencia, a partir de dicho momento no tardó en instaurarse e incorporarse rápidamente a la vasta red de conexiones comerciales marítimas xeneizes. Es así que una vez convertidos en la primera potencia del comercio marítimo de Bizancio y zonas aledañas, los genoveses crearon la primera institución bancaria moderna del mundo, el Banco de San Jorge -Banco di San Giorgio-, cuya sede estaba ubicada en el ya citado antiguo Palacio de San Jorge.

Poco tiempo mas tarde, el 06 de Agosto de 1284, los genoveses pudieron derrotar definitivamente a los pisanos en la llamada Batalla de Meloria, con lo que se ponía punto final a varios siglos de apoyo mutuo y ayuda entre ambas repúblicas marítimas, y tras lo cual Pisa vio su final como potencia marina en Italia durante el medioevo. En el año 1298, los genoveses obtuvieron una segunda gran victoria, esta vez frente a sus rivales de siempre y competidores máximos en el comercio ultramarino, los venecianos, en batalla ocurrida cerca de la isla dálmata de Curzola, conocida por ello como la Batalla de Curzola, dada el 09 de Septiembre de dicho año. Debido a ello, el dominio de los mares (Mediterráneo, Negro, Egeo) pasó a manos de la República de Génova durante unos setenta años, hasta que Venecia tuvo su revancha con la guerra final de Chioggia, acaecida entre los años 1379-1381. Las relaciones entre Génova y Venecia fueron casi siempre de fuerte hostilidad y competencia, tanto en el terreno económico como en el militar. Hasta principios del Siglo XIII las hostilidades se habían limitado a simples actos de piratería y escaramuzas aisladas. Siendo incluso que en el año 1218 ambas repúblicas acordaron un cese a las hostilidades para acabar así con la cada vez mas dañina piratería, con lo cual se avalaban mutua protección, a la vez que los genoveses veían cómo se garantizaba la libertad de comercio en las tierras del imperio oriental, el cual se configuraba como un nuevo y productivo mercado. Hacia finales del Siglo XIV, la isla de Chipre, que se encontraba bajo el mandato de Pedro II de Lusignán, había sido ocupada por los genoveses, mientras la isla de Tenedos, que era más pequeña pero muy importante pues era una escala obligatoria en la ruta del estrecho del Bósforo y del Mar Negro, era cedida por Andrónico IV Paleólogo (1348-1385) a Génova, en contraste con la anterior concesión de su padre Juan V Paleólogo (1332-1391) a Venecia. Los dos hechos contribuyeron a la reactivación de las hostilidades entre ambas repúblicas marítimas, cuya rivalidad se extendía desde oriente a occidente por todo el Mar Mediterráneo y el Mar Negro. Las guerras civiles dadas en Génova a inicios del Siglo XIV, devastaron el comercio xeneize puesto que en el año 1339, en una de las tantas revoluciones, se destruyeron los archivos de deudas públicas, a los que el primer Dogo genovés, Simone Boccanegra (?-1366) tuvo que responder honrando las antiguas deudas, mientas que en las vastas posesiones genovesas del este, principalmente la colonia de PERA en Constantinopla, y la de Caffa en Crimea fueron vitales para mantener a flote el comercio oriental en tanto que la colonia genovesa en la Siria latina había sido perdida tras enfrentamientos con los mamelucos de Egipto.

Finalmente, en el año de 1304 el ya mencionado Emperador bizantino Andrónico II Paleólogo (co-Emperador de Bizancio con su padre Miguel VIII Paleólogo), le concedió a los genoveses el tan ansiado territorio para el establecimiento de una colonia con todas las formalidades legales y con el apoyo de la máxima autoridad bizantina, siendo aquel territorio uno cercano (vecino) a la capital Constantinopla, de la cual se encontraba separado por una estrecha "lengua" de agua llamada, un estuario llamado el "Cuerno de Oro". Aquella ciudad, colonia formal construida y poblada predominantemente y en completa autonomía política, administrativa y judicial por los genoveses en Bizancio, fue llamada PERA. El establecimiento de esta colonia genovesa totalmente independiente y vecina a Constantinopla, fue la máxima muestra del apogeo y dominio marítimo comercial de la República de Génova en el Imperio Bizantino. Si bien es cierto para aquella epoca Constantinopla ya no era la ciudad tan magnánima que fuere en su "época de oro" siglos atrás, aún era una plaza financiera y mercantil importante puesto que actuaba como una "bisagra" entre los continentes de Europa y Asia. Luego de constituida PERA como la principal colonia genovesa de la zona, ya que prontamente se afianzó como el centro administrativo y legal de todas y cada una de las posesiones y asentamientos coloniales genoveses de las Islas del Egeo y de las costas del Mar Negro, dicha primacía se evidenció en la necesidad de contar con Notarios, quienes diesen fe y legalidad a todas las transacciones y en general a los actos civiles y de comercio. Es así que por casi dos siglos floreció en cierta paz y tranqulidad el comercio marino entre Bizancio, las zonas aledañas al mismo y la colonia genovesa de PERA.

Luego de dos siglos, ya en el año 1453, con la conquista turca otomana de la ciudad de Constantinopla, y la consecuente caída del Imperio Bizantino o Imperio Romano de Oriente, la política exterior genovesa sufrió un duro remezón, muchas colonias genovesas se regían bajo la guía de "consorcios familiares" llamados Maone, los cuales no obstante el nuevo dominio otomano en todo el territorio bizantino, el Mar Negro y demás, continuaron echando para adelante los negocios genoveses por cerca de dos siglos mas, aunque de modo cada vez mas exiguo y discontinuo, ya que los colonos genoveses o sus descendientes iniciaron una migración de retorno o de viaje a nuevas plazas comerciales mas atractivas para sus intereses y con menos conflictos como los que empezaban a hacerse cada vez mas frecuentes con los turcos. A pesar de mantenerse ciertas prerrogativas para las colonias genovesas instaladas en dicha zona, (ganadas a las mismas por los Cónsules genoveses enviados expresamente con dicha intención a pactar con el sultán Mehmed II tras la caída de Constantinopla), los intereses mercantiles de la República de Génova comenzaron a variar su destino definitivamente hacia otros rumbos, ello debido a la particular actuación de Andrea D'Oria, quien seguía una política muy apegada al naciente Imperio Español.

Con el descubrimiento de América en 1492, por el genovés Cristoforo Colombo (1451-1506) auspiciado por los reyes católicos españoles, es que prácticamente Andrea D'Oria unió el destino de Génova con el floreciente y poderoso Imperio Español. Es fácil preveer que viendo la enorme plaza que se abría en el comercio ultramarino con las denominadas "indias occidentales españolas", que los mercaderes genoveses entendieron que la nueva riqueza provendría de dicha parte del globo, por lo que ello unido a la cada vez mayor beligerancia turca, hizo que los mercaderes genoveses cuyas colonias se encontraban situadas en las diversas ciudades de las costas del Mar Negro, pensaran que era tiempo de partir hacia territorios y plazas mercantiles menos hostiles y mas productivas económicamente. Como ya he mencionado, las relaciones genovesas-turcas se hicieron con el tiempo mas distantes y difíciles de llevar, y a pesar que en un inicio, luego de la caída de Constantinopla, los diplomáticos genoveses habían podido conseguir la dádiva otomana que los ciudadanos mercaderes de su República continuaran trabajando con cierta tranquilidad en los territorios de dominio turco, las relaciones empeoraron y se hicieron cada vez mas tirantes, por lo que ello también contribuyó sin duda a que los colonos genoveses afincados en las ciudades de la costas del Mar Negro, que ahora eran de dominio netamente otomano, decidieran retornar a la tierra natal de sus padres o antepasados. Es por todo ello, que el Siglo XVI es conocido como "el siglo de los genoveses", por haber sido aquel el siglo donde los mismos consiguieron mantener una serie de colonias estables, temporales y emporios coloniales comerciales, desperdigados por todo el Mar Mediterráneo, y algunas aún remanentes pequeñas colonias en las costas del Mar Negro, a la vez que empezaban a expandirse en los territorios del "Nuevo Mundo". No obstante, pese a que Génova mantenía plazas importantes en territorios de ultramar, tanto del Mar Mediterráneo como del Mar Negro que les dieron por siglos amplios réditos económicos, la mayoría de aquellos asentamientos terminaron siendo luego del siglo XVI, únicamente establecimientos comerciales, pues como he dicho la mayoría de colonos genoveses iniciaron una migración intensa hacia la propia Génova o hacia las posesiones imperiales españolas en América. Después de un periodo de sucesión de instrusiones milanesas, francesas y españolas, Andra D'Oria forzó la dación de una nueva Constitución en el año 1528, y restauró el orden del gobierno bajo el mandato bienal de dogos y una oligarquía compuesta por antiguos y nuevos mercaderes nobles; haciendo también, como ya he mencionado, a Génova un "satélite" de la nueva potencia imperial española, intentando con ello lograr para Génova ciertos privilegios para la explotación del comercio en las vastas y nuevas tierras imperiales españolas en el Nuevo Mundo, lo que redundó en un parcial reestablecimiento de la economía genovesa en los Siglos XVI y XVII.

En el Siglo XVI, la República de Génova varió su forma de gobierno hacia uno de tipo oligárquico, siendo que por primera vez desde que Génova se independizó, Andrea D'Oria (1466-1560, almirante y hombre de Estado genovés miembro de una de las familias mas influyentes de dicha República) logró que se concretara un acuerdo por el que las doscientas cincuenta familias mas poderosas de la República genovesa entre las que estaban los Adorno, Lomellini, D'Oria, Giustiniani, Guarco, Pagana, Promontorio, Zoagli, Campofregoso, Cattaneo, Lazzari, Longo, Grimaldi, Spinola, Gentile, Centurione, Durazzo, De Franchi, Invrea, Lercari, Della Torre, De Mari, Imperiale, Brignole, Sforza, Montaldo, etc., pactaron actuar como "un sólo puño" para el beneficio y nueva expansión de los dominios y comercio marítimo genovés. Aquellas familias tendrían a partir de dicha fecha la labor de elegir al llamado Maggior Consiglio (en castellano, Mayor Consejo) el mismo que elegiría cada dos años a los máximos jefes o Dogos xeneizes (dicho cargo deriva del latín dux=jefe) los mismos que ejercerían la representación de la República de Génova ante el mundo. Así, con el paso de los siglos la influencia de la Serenísima República de Génova en el ex territorio bizantino se diluyó poco a poco, para prácticamente extinguirse tal como se entnguió la propia República genovesa con los múltiples cambios sociales y económicos que se dieron en los Siglos XVII, XVIII y finalmente en el Siglo XIX, cuando se dio la conquista por parte de Napoleone di Buonaparte (1769-1821, mas conocido como Napoleón Bonaparte nacido en Córcega un año luego que dicha isla fuese vendida a la República de Francia por parte de la Serenísima República de Génova, lo que definitivamente influyó para que en el poder, el 14 de Junio de 1797, Bonaparte conquistara casi todo el territorio ligur e implantara la conocida como la nueva República Ligur y haciendo que pasara a depender del Imperio Francés desde el año 1805. Tras la caída de Napoleón en el año 1815, el Congreso de Viena (1814-1815) estableció formalmente la anexión de la República Ligur, y por lo tanto de todo el territorio de la Liguria al Reino de Cerdeña, el cual era gobernado por la casa real de los Saboya (antigua familia noble del norte de Italia, que tuvo su solar en el ducado de Saboya y que, en el Siglo XIX y Siglo XX llegó a ostentar la corona del Reino de Italia y del Reino de España). Así, tras casi mil años de gobierno autónomo republicano, Génova y los ligurianos pasaron a estar gobernados por la dinastía de los Saboya, la misma que en 1946 se vio forzada a abandonar el territorio de la recién fundada República de Italia, tras el plebiscito por el que los italianos expresaron su rechazo a la tolerancia que dicha casa real había mostrado con Mussolini y los fascistas desde que los mismos asumieron el poder en dicho país.

La Serenísima República de Génova fue un estado con una eminente vocación marítima y comercial, mas como entidad política su situación siempre se mantuvo en extremo endeble debido a las múltiples rencillas y luchas internas entre las principales familias que dominaban la política genovesa, así como producto de ello debido a la alta dependencia de injerencia por parte de otras portencias extranjeras (principalmente España, Holanda, Inglaterra y Francia) en el plano político y militar. Como ya hemos mencionado, la política genovesa se mantuvo dominada (casi en un secuestro perpetuo) por varias familias económica y socialmente prevalentes en la ciudad, sin que el estado genovés como ente político llegara a tener realmente un papel principal en las decisiones fundamentales que separasen la política económica republicana, de los odios y recelos internos, como si sucedió en otros estados que otrora existieron en la actual República italiana. Fue quizás este hecho en conjunto con la serie de cambios que socio-economicos y políticos que sufrió el mundo y principalmente Europa con el paso de la Edad Media (Siglo V al Siglo XV, también conocida como Medioevo) a la Edad Moderna (Siglo XVI al Siglo XVIII) y finalmente a la llamada Edad Contemporánea (Siglo XIX a la actualidad), lo que generó el declive y posterior desaparición de la ahora histórica Serenísima República de Génova, la misma cuyo territorio actualmente forma parte de Italia, y cuyas posesiones o colonias ultramarinas pertencen a diversos países de Europa, del Medio Oriente y de África. Así cayó Roma, Bizancio y la Superba.

domingo, 27 de julio de 2008

La toponímia PERA en Constantinopla (actual Estambul, Turquía) - Parte II: Historia de la Caída de la última ciudad capital del Imperio Romano

(Mapa del ataque e invasión final a la ciudad de Constantinopla por parte de las tropas turcas efectuado el 29 de Mayo de 1453)

Es luego de varios siglos e intentos de conquista, a lo largo de múltiples asedios algunos de los cuales duraron entre seis y siete años, que a mediados del Siglo XV, especificamente en el año 1453, el objetivo primordial del Imperio Otomano, el cual era lograr tener una capital a la altura de su creciente imperio, se puedo concretar finalmente. Los turcos otomanos, tal como otras naciones aledañas siempre vieron en Constantinopla, la ciudad perfecta para instalarse en ella y nombrarla como la capital de sus imperios. Sin embargo, ninguna de aquellas naciones (ávaros, búlgaros, rusos, persas, etc.), lucharon tan insistentemente a lo largo de un siglo y medio para conseguir su objetivo. No obstante, la valentía y serenidad del emperador Constantino XI, quien no era presa fácil del desaliento, y animaba constantemente a su pueblo a trabajar día y noche para reforzar las murallas de la ciudad tras los constantes ataques y asedios sin mostrarse en ningún momento dubitativo o siquiera desesperanzado, consiguió con aquella conducta que los grupos más disímiles y que frecuentemente se habían enfrentado como las propias familias de los Paleólogos y los Cantacuzenos, venecianos y genoveses, o unionistas y antiunionistas, sumaran sus fuerzas en pro de la defensa común de su ciudad.

Era el 06 de Abril de 1453, y el sitio a la ciudad capital del Imperio Romano de Oriente inició oficialmente. El comienzo de la última y batalla final por el dominio y la hegemonía en Constantinopla, se selló con un cañonazo dirigido al valle del río Lico, junto a la denominada puerta de San Romano. Aquella puerta hasta aquel asedio había podido soportar todos los ataques y embates efectuados por todos los invasores previos e incluso los asedios de los propios turcos otomanos, mas dicho pórtico no había sido hecho para soportar la artillería pesada de la que como novedad utilizó Mehmed II (1432-1481), apodado el Conquistador, con la ayuda de ingenieros húngaros expertos en artillería y pólvora. Antes de cumplirse una semana del asedio, la puerta de San Romano comenzó a ceder increíblemente ante los ojos pasmados de los bizantinos, ello pese a que dicho pórtico era quizás la mejor arma con que disponían los defensores de Constantinopla contra los otomanos, ya que el mismo se constituía de tres anillos gruesos de murallas con fosos de entre 30 y 70 metros de profundidad. Mas tras cada cañonazo turco la puerta se desmoronaba mas y mas, a lo que los bizantinos respondían prácticamente todos los días, cuando al anochecer aprovechando la oscuridad se escabullían fuera de la ciudad capital para reparar los daños causados por el cañón en lo posible, fuere con sacos y barriles de arena, o incluso con las mismas piedras despedazadas de la propia muralla, las cuales se ubicaban como estacas que apuntalaban el portal, todo ello tenía lugar mientras los arqueros y los ballesteros bizantinos lanzaban flechas y dardos respectivamente, para proteger a sus compañeros quienes arriesgaban la vida pudiendo ser presa fácil de flechas e incluso de nuevos cañonazos mientras arreglaban la puerta de San Romano. Así, a pesar que Mehmed II tenía muy claro que este nuevo sitio a Constantinopla no podía efectuarse sólo por tierra, sino que debía también darse por mar, ya que todos los sitios anteriores habían fracasado debido a que los bizantinos recibían provisiones vitales por vía marítima, en un primer momento los otomanos evitaron realizar un ataque por la costa, ya que las murallas de la ciudad se encontraban reforzadas por altas torres dispuestas con cañones y artilleros que fácilmente podían destruir toda la flota turca en muy poco tiempo de darse un enfrentamiento "cara a cara". Es por ello, que el ataque en su inicio sólo se circuncribió al frente terrestre y en base a artillería, lo que como era de preveer facilitó el trabajo de defensa de los bizantinos, otorgándoles el tiempo y la mano de obra suficientes para soportar el asedio, y quizás hasta pensar que nuevamente Constantinopla podría soportar al enemigo al asecho y salir victoriosa del nuevo intento de invasión. Asimismo, la artillería de los bizantinos les permitió repeler de cierto modo a la artillería turca que se hallaba a la vista, mas había un elemento clave en el cual los bizantinos no habían reparado hasta el momento de la defensa en sí. Dicho elemento era que las murallas de la ciudad estaban hechas para contener la artillería invasora, mas no habían sido construidas para contener a su propia artillería de defensa, las torres antes mencionadas no estaban emplazadas a lo largo de la muralla de manera adecuada, tal que por irónco que parezca, los oficiales bizantinos encargados de la defensa se preocupaban más por el daño que sus propios cañones podían hacer a su muralla tras cada fuego que emitían, que por el impacto que causaban las bombardas enemigas.

Al inicio del sitio, los bizantinos conseguirían dos victorias alentadoras, y que les harían pensar en una posibilidad de triunfo. El 12 de Abril, la flotilla de avanzada del almirante turco de origen búlgaro Suleimán Baltoghlu fue rechazada y vencida por la armada bizantina, al intentar forzar el paso por la ensenada del Cuerno de Oro. Seis días después de aquel primer fracaso, el Sultán Mehmed II intentó un nuevo ataque a la muralla efectuado por la parte dañada de la misma, que se encontraba en el valle del río Licos, pero nuevamente sus tropas verían la derrota por un pequeño y muy bravío contigente bizantino, liderados por el valuarte del comando de defensa bizantina, el noble genovés Giovanni Giustiniani Longo (?-1453). El 20 de Abril los bizantinos avistaron los navíos con ayuda enviados por el Papa Nicolás V (1397-1455), así como avistaron la llegada de un barco provedente de Grecia que traía grano de la isla de Sicilia, navíos todos los cuales pudieron atravesar el bloqueo que en el Estrecho de los Dardanelos los barcos turcos estaban efectuando como parte de la estrategia de sitio marítimo a la ciudad de Constantinopla por parte de Mehmed II. Ello se dio gracias a que el almirante Suleimán Baltoghlu desplazó los navíos que efectuaban el cerco hacia el Mar de Mármara, Baltoghlu intentó interceptar los cuatro navíos cristianos atacándolos, pero vio que su flota que constaba de embarcaciones mas pequeñas que las cristianas, corría el peligro de ser destruida totalmente (pues en el camino perdió varios barcos y hombres) por los ataques del llamado fuego griego arrojado sobre sus embarcaciones, por lo que no pudo contener el paso de la flota cristiana (siendo insultado desde tierra por el propio Sultán), tras lo cual llegaron los cuatro navíos con éxito al Cuerno de Oro y abastecieron a la ciudad de Constantinopla, así como arribó un nuevo contigente de soldados que ayudarían en la defensa. El almirante Baltoghlu fue llevado ante Mehmed II, quien lo humilló públicamente por la supuesta cobardía, tras lo cual ordenó ejecutar en el acto al almirante, mas los subordinados de Baltoghlu suplicaron al Sultán por la vida de éste (quien incluso había perdido un ojo en el combate) e indicaron que pese a la derrota había mostrado gran valor y arrojo en la corta batalla, tras lo cual Mehmed II decidió perdonarle la vida.

El 22 de Abril, el Sultán asestó un golpe estratégico en las defensas bizantinas con la ayuda de la genial maniobra ideada por su general Zâganos Pasha (un griego cristiano convertido al islamismo, cuya familia históricamente había estado ligada al Imperio Otomano ya que su abuelo tanto como el mismo Pasha tenían el título de Sadrazam -en castellano, primer ministro del Sultán-). Ante la imposibilidad de los navíos turcos de atravesar la cadena que cerraba la ensenada del Cuerno de Oro, Mehmed II siguiendo lo ideado por Pasha, ordenó algo que en un primer momento parecía descabellado, pero que poco a poco fue visto como una genialidad del Sultán y su general griego. La idea consistía en que ya que los barcos otomanos no podían cruzar la ensenda del Cuerno de Oro por mar para llegar así a Constantinopla, los barcos llegarían por tierra a dicha posición. Para ello, Mehmed II ordenó la construcción de un camino de madera a modo de plataforma rodante a espaldas del barrio genovés de PERA, entre el estrecho del Bósforo y la ensenada del Cuerno de Oro, mientras sus cañones bombardeaban a la flota cristiana para que no se acercase. Por dicho camino de "rodadura" situado al norte de PERA, sus navíos serían halados por tierra, evitando la barrera marítima tanto de los navíos bizantinos, como por la cadena gigante que Constantino XI había ordenado meses antes del sitio arrojar en aguas del Cuerno de Oro para obstaculizar la circulación de navíos de gran profundidad. Así Mehmed II logró su objetivo, y pudo hacer cruzar a sus 76 barcos a través de PERA, con lo que sus navíos quedaron posicionados en un nuevo frente, en el mismo Cuerno de Oro, justamente "cara a cara" con el bloque mas indefenso de la muralla de Constantinopla (en la siguiente entrada explicaré con mayor detalle este punto tan trascedental). Sin tener otra elección, los bizantinos se vieron forzados a contraatacar como pudieron, y el 25 de Abril intentaron efectuar un ataque sorpresa a los barcos turcos situados en el Cuerno de Oro, mas fueron descubiertos por espías, y posteriormente fueron capturados y ejecutados por los marinos otomanos. Tras ello y en represalia por la ejecución de sus valientes soldados, el ejército bizantino decapitó a 260 turcos quienes se encontraban cautivos, para posteriormente arrojar sus cuerpos sobre las murallas del puerto, buscando quizás lograr tener un efecto intimidatorio frente a la tropa turca, el cual al parecer no surtió mayor efecto.

A finales del mes de Abril, Constantino XI solicitó la paz y una tregua a Mehmet II, pero el sultán viendo tan cercana su victoria como para ceder, no hizo mas que ofrecerle perdonarle la vida y la paz para Constantinopla a cambio de la entrega inmediata de la Ciudad. Se dice que ante tal respuesta, Constantino XI no se tomó siquiera la molestia de responder, por lo que algunos días después arribó un mensajero turco reiterando la propuesta y los términos de "paz" del sultán: los griegos podrían permanecer en la ciudad pagando un tributo anual de 100 mil monedas de oro o podrían abandonar Constantinopla con todos sus bienes sin ser importunados. El Emperador se reunió en consejo de guerra para exponer la propuesta del Sultán, siendo la oportunidad en que varios de los allí reunidos le aconsejaron huir de la ciudad cuando aún tenía la posibilidad de hacerlo, y reorganizar ya fuese una defensa desde otras regiones libres como el Peloponeso (que años atrás el propio Constantino XI había ayudado a defender de los turcos) o a solicitar ayuda en persona a otras potencias cristianas europeas esperando con ello obtener mas que sólo promesas. Pese a dicho consejo, Constantino XI no aceptó dicha opinión, y decidió permanecer junto a su tropa y su pueblo (no se descarta que en la defensa hayan participado cristianos, judíos e incluso árabes dado el carácter tan cosmopolita de Constantinopla), y defender su ciudad a costa de su vida.

Constantinopla era bombardeada constante y diariamente en dos frentes, mas los bizantinos raramente eran atacados en sí por tropas de soldados turcos, pues el combate básicamente se efectuaba a base del fuego de los enormes cañones de casi 8 metros de largo construidos para los turcos por ingenieros húngaros, y que en su momento fueron rechazados por Constantino XI debido a que no tenía los recursos económicos para pagar por la construcción de los mismos. Así, el 07 de Mayo, Mehmed II intentó por tercera vez un ataque dirigido al valle del Licos, que era el lugar de la muralla que cercaba la ciudad de Constantinopla donde sus cañones habían podido hacer mas daño a la misma; no obstante, fue nuevamente repelido con éxito por las exiguas tropas bizantinas que para dicha fecha ya se encontraban extenuadas, hambrientas y superadas en número en una proporcion abrumadora de diez a uno. Al final de dicho día, los otomanos comenzaron a movilizar una gran torre para el asedio intentando con ella superar la muralla bizantina; sin embargo, en la noche misma de su transporte los soldados bizantinos consiguieron destruirla antes de que pudiese ser utilizada por los turcos para su invasión. La tropa turca asimismo intentó cavar túneles por debajo de las murallas de la ciudad capital de oriente, pero los bizantinos repelían dicho posible ataque lanzando flechas, dardos, y cavando del lado opuesto para contraatacar de sorpresa echándoles fuego o agua. Tras mas de un mes de asedio constante y agresivo por parte de la infantería, marina pero sobre todo la artillería otomana, las murallas de Constantinopla comenzaron a ceder tras los perennes cañonazos los que rompían tramos de la muralla, por los cuales luego la élite de los soldados turcos, los jenízaros, ingresaban a la ciudad teniendo posteriormente que sortear los hondos fosos dispuestos entre la triple muralla, los que rellenaban con los mismos bloques de piedra caídos de las murallas derruidas, y así podían penetrar para luchar cuerpo a cuerpo con los soldados bizantinos. Como ya he mencionado, los "reparadores" de la muralla estaban sobrecargados de trabajo, los soldados estaban exhaustos física y mentalmente, así como los recursos empezaban a escasear, empezando a hacer la situación prácticamente insostenible. El mismo emperador Constantino XI coordinaba las defensas, inspeccionaba las murallas y animaba a las tropas por toda la ciudad, pero ello no bastaba ante un asedio bien planeado y que contaba con los suficientes recursos en todo orden para poder mantener un ritmo de ataque constante. Algo que puedo decir con certeza es que si dicho sitio otomano duró el tiempo que duró, fue exclusivamente por el coraje y gran corazón que en la batalla y defensa pusieron tanto los soldados profesionales, como los habitantes de Constantinopla, pues los mismos en ningún momento contaron con el armamento o la cantidad de soldados necesarios para hacer frente al tan abrumador ataque turco.

Los ánimos de la extenuada resistencia y defensa de Constantinopla comenzaron a decaer cuando se sucedieron una serie de supuestos "malos presagios". En la noche del 24 de Mayo hubo un eclipse lunar, y ello les recordó a los bizantinos una vieja profecía que rezaba que: "la ciudad sólo resistiría mientras la luna brillase en el cielo". A su vez, al día siguiente mientras tenía lugar una procesión cristiana en la ciudad, uno de los íconos de la Virgen María cayó al suelo, a lo que de repente siguió una tempestad de lluvia y granizo que prácticamente inundó las calles. Junto a ello, los navíos prometidos por los venecianos no hacían su aparición y la resistencia de la ciudad se encontraba al borde y al límite. Ya que el ejército turco a su vez también efectuaba un gran desgaste propio del largo asedio, Mehmed II se vio obligado a lanzar una última propuesta, un ultimatum, al emperador Constantino XI; sus términos se resumían a que el Sultán perdonaría la vida de todos los cristianos de Constantinopla, a cambio de que su Emperador hiciera entrega de la ciudad por completo. Viendo que dicha propuesta no había tenido ni si quiera respuesta anteriormente, el Sultán a su vez ofreció una segunda opción la cual consistía en el levantamiento de sitio a la ciudad a cambio de que la misma pagara un excesivamente oneroso tributo al ejército otomano. Ante tales proposiciones, Constantino XI no hizo sino simplemente rechazárlas de plano, pues ni iba a entregar la ciudad, ni tenía el dinero suficiente para pagar el elevado tributo que exigía Mehmed II. Ante la negativa del emperador bizantino, Mehmed II entendió que había llegado el momento de efectuar el mas decisivo, contundente y ardoroso ataque jamás visto por los defensores de Constantinopla.

Aquí se debe hacer un necesario paréntesis para explicar que a pesar de lo que se creía, Constantinopla no era para dicho momento (1453) una ciudad rica, el lujo y la riqueza que había tenido siglos atrás habían sido menoscabados hasta su última expresión debido al saqueo efectuado por los cruzados, quienes robaron prácticamente todos los tesoros de la misma, así como debido al mal gobierno de los francos durante el periodo de conquista y hegemonía del Imperio Latino; todo ello había dejado a la ciudad en una situación económica por demás calamitosa, si se compara la misma con la situación que vivió Constantinopla en tiempos mejores. Sobre ello, es bastante explícita la frase que expresó Juan VI Cantacuzeno: "Ya no hay dinero en ninguna parte. Las reservas se han agotado, las joyas imperiales han sido vendidas, los impuestos no producen nada porque el país está en la ruina". Los antiguos relatos de los viajeros y comerciantes que llegaban a la capital de oriente son realmente asombrosos por el contraste, pues para el año 1204 sólo se relataba el inmenso lujo, las casas hermosas, las avenidas, puertos, edificios públicos, palacios, iglesias y monasterios ostentosos, mas luego de esa fecha se encuentran relatos sobre casas abandonadas, calles desiertas, barrios destruidos, abandono, suciedad, pobreza y muerte en Constantinopla. Es por ello, que para 1453, la llamada "nueva Roma", ya no ostentaba el lujo de antaño y que le hiciere famosa históricamente, sino se encontraba en una situación de franco declive.

Volviendo a la historia, el 28 de Mayo de 1453 Mehmed II ordenó a sus generales hacer descansar a su fatigada tropa, y preparar a la misma para asestar el golpe final al día siguiente, ya que tras acudir a sus atrólogos, éstos le habían indicado que aquel el mejor día para atacar con el favor de las "fuerzas ocultas". La misma noche del día 28, y ante el inminente ataque turco, Constantino XI expresó su último gran discurso a su pueblo, dirigiéndose todos después a celebrar una última misa en la hasta ese momento aún iglesia cristiana de Santa Sofía.

Fue en la madrugada del día 29 de Mayo de 1453, que el sultán otomano Mehmed II lanzó un ataque definitivo a la triple muralla bizantina, estando compuestas las huestes que realizaron este primer ataque, principalmente por mercenarios y prisioneros serbios y búlgaros quienes concentraron el mismo en la muralla que daba al valle del Licos (por ser la sección mas derruida por la artillería otomana), aunque se tiene conocimiento que también fueron parte de las tropas turcas solados de origen italiano, húngaro, griego, alemán, armenio y árabe. La batalla final duraría por espacio de seis horas, y pondría fin a un sitio que duró cerca de ocho meses. Este primer ataque pudo ser rechazado por el espacio de dos horas por los soldados bizantinos quienes actuaban bajo el mando de Giovanni Giustiniani Longo. Los soldados bizantinos contaban con mejores armas y armaduras, y estaban protegidos por la triple muralla de la ciudad, pero se encontraban exhaustas, y el momento de la verdad había llegado pues tendrían que enfrentarse al grueso del ejército turco que contaba entre 80 mil a 100 mil hombres. Viendo el Sultán que tras dos horas de combate sus tropas no habían podido ingresar a la ciudad y vencer a la valiente resistencia bizantina, el mismo ordenó que se hiciera uso de los enormes cañones (gran bombarda) construidos para la ocasión. Las huestes hicieron espacio, y entre los mismos los bizantinos pudieron ver con asombro las proporciones gigantescas del cañón que en su momento habían rechazado por falta de dinero. Un sólo disparo de dicho cañón bastó para abrir un enorme forado en la muralla bizantina, luego de lo cual la tropa turca lanzó su segundo ataque en extremo agresivo y llevado a cabo principalmente por un regimiento de soldados anatolios, quienes lucharon e iniciaron su ingreso por la brecha creada por la "gran bombarda", no obstante el mismo no tuvo ningún efecto pues fue bien rechazado por la tropa bizantina que prácticamente aniquiló a casi todo el regimiento. El mismo Constantino XI coordinaba una exigua defensa a dicha zona mientras sus ingenieros y ayudantes trataban de hacer lo posible por reparar el inmenso forado causado, pero los huecos eran demasiados, así como el cansancio menguaba las fuerzas de los solados y de todos aquellos ciudadanos bizantinos que apoyaban a sus defensores en la tarea de cubrir los forados causados por la artillería otomana. Lejos de frustrarse, Mehmed II decidió que habiendo causado ya gran zozobra entre la tropa defensora de Constantinopla, y habiendo dejado casi en escombros las murallas que lo separaban de la victoria final, envío a lo mejor de su armada, los soldados élite de su tropa llamados los jenízaros, confiando en que el ataque de los mismos fuese el mayor y con mejores resultados que los dos anteriores. Los jenízaros trataron de ingresar a la ciudad trepando por enormes escaleras, pero eran repelidos inmediatamente por los bizantinos, por lo que tras una nueva hora de ataque, los turcos habiendo ya enviado a lo mejor de sus huestes, aún no habían podido ingresar firmemente a la ciudad. Era algo irónico el que justamente fuesen los jenízaros los que le dieren la victoria a Mehmed II, ello era porque dicho regimiento de élite se conformaba por niños de origen cristiano, que habían sido capturados en las ciudades que los otomanos habían conquistado, y a los cuales el Imperio Otomano les brindaba una educación tanto en el arte de combatir como en los principios del Islam; serían cristianos convertidos al Islam los que le permitieran al Sultán turco hacerse de la ciudad que se decía a sí la mas crisitiana del mundo.
Debido a que el ataque turco se había concentrado por la sección de la muralla que daba al valle del Licos, los bizantinos cometieron el descuido de dejar una vieja puerta de la muralla ubicada en el noroeste (llamada Kerkoporta) semi abierta, alguna vez se dice que un profeta indicó que sería justamente por aquella antigua y tapiada puerta, por donde ingresarían a la ciudad los que finalmente invadirían la misma. Se especula sobre esta supuesta desatención o extraña coincidencia por parte de los bizantinos que debían cuidar dicho portón, pues algunos piensan que efectivamente ante la concentración del ataque otomano por la sección del valle del Licos los bizantinos se descuidaron y para mala suerte de los mismos la Kerkoporta fue dejada abierta, algunos historiadores mas suspicaces advierten la teoría que quizás algunos elementos traidores o incluso espías turcos infiltrados en la ciudad, pudieron ser los que abrieron dicho pórtico. Lo cierto, es que por dicho funesto error, o hábil táctica, un sólido destacamento jenízaro pudo penetrar por allí e invadir el espacio existente entre la muralla externa e interna (recordemos que la muralla de Constantinopla se constituía a su vez por tres filas de murallas divididas por fosos profundos), no obstante el obstáculo de los hondos fosos causó la muerte de varíos jenízaros tras su caída. Mientras ello ocurría en el noroeste de la muralla, el comandante genovés Giovanni Giustiniani Longo fue herido gravemente por una culebrina, tras lo cual fue evacuado apresuradamente hacia una galera genovesa que lo llevaría a la isla de Quíos (que fue parte del territorio de la República de Génova desde épocas del Imperio Latino hasta el año 1566 cuando los turcos tomaron posesión de la misma, y donde se encontraba anclada la flota de naves venecianas que supuestamente había llegado allí para ayudar en la defensa de la ciudad a la cual no había acudido por no tener "vientos favorables") donde moriría al arribar a la misma, pese a que Constantino XI viendolo herido le había pedido que no se retirara, pues si lo hacía ello amilanaría el ánimo de los defensores de la ciudad por el nefasto efecto psicológico que ello generaría en la tropa. Pese a ello, Giustiniani no aceptó quedarse sabiendo de la alta gravedad de sus heridas, por lo que indicó a su guardia personal que fuese retirado del lugar del combate. Viendo los defensores genoveses a su magno comandante Giustiniani retirarse de la batalla herido de muerte, se desmoralizaron y desertaron de sus puestos de defensa en la muralla siguiendo a su capitán, dándose ello en el peor momento pues en aquel preciso instante arreciaba el ataque de las fuerzas de los jenízaros en el lugar. Así, el regimiento de los jenízaros había podido ingresar por el noroeste -por la Kerkoporta- y prontamente los otomanos hicieron flamear la bandera turca sobre el Palacio de Blaquernas, hecho que al ser divisado por los demás defensores de la ciudad, causó un desánimo generalizado, y el pánico se apoderó de la ciudadanía. La tropa turca a costa de tres ataques había entrado a la ciudad, Constantinopla estaba siendo invadida.

El emperador Constantino XI acudió al sector de Blanquernas al ver dicho espectáculo acompañado de sus fieles amigos Juan Dálmata y Francisco De Toledo y de su primo Teófilo Paleólogo. Al regresar a la puerta de San Romano, los cuatro personajes se dieron cuenta que la ciudad ya había sido perdida. Se especula que ante el espectáculo de toda la tropa bizantina masacrada por los turcos, y sabiendo que Mehmed II había ofrecido una jugosa recompensa por él, Constantino XI exclamó: "¿No hay un cristiano que me corte la cabeza?"; tras lo cual se arrancó las múltiples insignias de su investidura, y fue a buscar una muerte digna luchando cuerpo a cuerpo contra los soldados turcos quienes como era de esperar, lo aniquilaron en escasos segundos. El Emperador como muchos otros defensores de Constantinopla, también caería abatido por la ferocidad del ataque turco, cerca de la puerta de San Romano. Se dice que su cuerpo luego de muerto fue decapitado por un jenízaro de nombre Sarielles, quien llevó la cabeza del emperador ante Mehmed II el cual hizo que la colgaran de la columna de Constantino I dentro de la misma ciudad como medio de humillación al imperio milenario que había caído finalmente tras el fervoroso ataque otomano, siendo el cuerpo de Constantino XI enterrado en una fosa común por los turcos como instrucción directa del Sultán, ello para no permitir que sus restos fueran enterrados en un lugar de la capital que posteriormente fuese "santificado" por los cristianos fieles a su último emperador. Tras disponer ello, Mehmed II le otorgó una serie de premios, entre otros el dominio sobre la península de Anatolia.
En esta batalla, así como hubieron actos de extrema valentía y pundonor, también hubieron actos de traición despreciables, así como de indiferencia inexplicables. Es realmente algo insólito la indiferencia con que las naciones cristianas de occidente trataron los pedidos de auxilio y ayuda de Constantino XI y del propio Papa Nicolás V para la defensa de Constantinopla. Es increible que naciones que por siglos habían visto incrementarse las arcas de sus pueblos en base al incesante comercio que realizaban en Constantinopla, simplemente decidieran no acudir al llamado de ayuda del emperador y del Papa. Tanto los gobiernos florentino, napolitano, romano como pisano, griego y la nación hebrea no enviaron ayuda alguna a la ciudad capital que las había consolidado como potentadas y ricas naciones de comerciantes. Asimismo, no deja de asombrar que tanto la República de Venecia como la de Génova no enviaran una ayuda masiva para la ciudad que sus comerciantes prácticamente dominaban a sus anchas. El territorio bizantino y Constantinopla en sí, básicamente tuvo un gran comercio dividido en base a las zonas de asentamiento de las colonias inmigrantes sobre todo italianos que habían llegado atraidos por la facilidad de crear fortuna. La mezquindad con la que actuaron estas Repúblicas se contradice no obstante con el arrojo, valentía y coraje con que actuaron algunos de sus mas insignes hijos residentes en la capital de oriente. A pesar que encontramos una conducta inadecuada en la actuación de los comerciantes genoveses asentados en Gálata, quienes se declararon neutrales por decisión del jefe de la colonia, Angelo Lomellino, los que prefirieron ceder ante el sultán y mantener sus beneficios, antes que glorificar a la madre de sus negocios; ello se desdice con los muchos ciudadanos genoveses de PERA quienes decidieron cruzar la ensenada del Cuerno de Oro y colaborar con Giustiniani desde antes del ataque, atraídos por la personalidad del gran capitán genovés, incluso otros genoveses llegaron también a la ciudad para luchar por ella por propia voluntad, como por ejemplo los ya citados hermanos Paolo, Troilo y Antonio Bocchiardi que trajeron a sus propios soldados equipados, así como también actuó el capitán de navío genovés Bartolomeo Soligo quien ancló su barco tras la enorme cadena que cerraba el paso a todo aquel barco que intentáse ingresar a la ensenada del Cuerno de Oro (dicha cadena incluso fue ubicada allí por el propio Soligo a petición expresa de Constantino XI). A su vez, de la misma manera actuaron los principales elementos de la colonia veneciana en Constantinopla, quienes comandados por el jefe de la comunidad, Girolamo Minotto, se ofrecieron para dar ayuda incondicional al emperador a pesar que la República de Venecia como tal también se mostró mezquina enviando una flotilla que como ya mencioné ancló en Quíos, pero nunca salió a ayudar a los bizantinos por no tener a su favor "buen viento"; no obstante, entre los que sí llegaron para la defensa marítima de la ciudad estaban los capitanes de navío venecianos, Gabriel Trevisano y Alviso Diedo, que participaron también de los combates ayudando a los bizantinos. Peré Juliá organizó a los mejores elementos entre los catalanes que residían en la ciudad a los cuales se les unieron varios marineros compatriotas, con lo cual conformaron un fuerte grupo que defendió una porción de las murallas marítimas del Mármara. Asimismo, un ingeniero llamado John Grant, quien presumiblemente fuese de origen inglés o escocés, tuvo una primordial actuación en la defensa con su experiencia en el minado de las murallas. Finalmente, el noble castellano, don Francisco de Toledo (homónimo del Virrey peruano), también ofreció todo lo que pudo para la defensa de la ciudad. Finalmente, y aunque parezca increible también participó en la defensa de la ciudad un antiguo príncipe candidato al trono otomano llamado Orján, el cual desde su niñez y tras y tras haber perdido el trono turco, se estableció en Constantinopla, ciudad que defendió con una muy leal pero pequeña tropa. En esta batalla como se ve se dieron contrastes de los mas evidentes, entre repúblicas y naciones que como tales se rehusaron a brindar auxilio a un pueblo hermano y del cual habían obtenido grandes beneficios económicos por muchos siglos (mas de tres se dice), frente a la actuación de individuos de los mas diversos orígenes, quienes por decisión propia y arriesgándose asímismos no dudaron en participar en el combate.

Poco a poco y tras el fulgor de la batalla, los turcos fueron ganando posiciones e ingresando por los pórticos de la muralla. Es así que los combates se trasladaron a las calles efectuándose barrio a barrio, algunos de los cuales ofrecieron gran resistencia pero otros no por la falta de hombres y armas, que estaban concentrados lejos en las murallas; hubo gran confusión y muchos huían desesperados, por lo que el ejército turco ocupó la ciudad rápidamente, abriendo puerta tras puerta en las murallas para que más y más turcos penetraran en la ciudad. La gran mayoría de habitantes no griegos de la ciudad fueron masacrados, solamente unos pocos habitantes de Constantinopla, especialmente los italianos que sabían bien donde estaban los barcos de sus compatriotas, lograron salvarse huyendo en las naves venecianas y genovesas. Murieron muchos valientes soldados atrapados entre dos fuegos, otros intentaron huir y no pudieron, o fueron capturados y muertos al instante, otros tantos tuvieron la "suerte" de ser capturados, pero sus vidas se convertirían en un infierno hasta que pudieron comprar su libertad o huir definitivamente. La mayoría de los combatientes extranjeros, fuesen venecianos, genoveses, napolitanos, pisanos o catalanes, que quedaban en la ciudad fueron ejecutados al instante. En pocas horas los turcos ya eran dueños de la situación en la nueva ciudad capital del Imperio Otomano.
Cabe resaltarse que como ya expresé, muy por el contrario a lo que se puede creer, la Constantinopla que invadieron los turcos, y que tanto sacrificio de vidas y dinero había costado a los mismos, no era una ciudad con riquezas que saquear. Debemos recordar que las antiguas joyas y lujos, obras de arte, bibliotecas, etc. habían sido ya saqueados previamente durante la cuarta cruzada, por lo que lo que pudieron obtener como botín de guerra los mercenarios y soldados otomanos (a quienes el Sultán Mehmed II otorgó tres días de saqueo) no fueron las que ellos mismos habían pensado. De lo que sí gozaron los invasores turcos, fue de las violaciones, matanzas, torturas, etc. que pudieron efectuar sin control alguno a la población indefensa de la ciudad. Quizás el mayor logro visible de la conquista de Constantinopla para Mehmed II fue el convertir a la "mas cristiana" de las ciudades y a su iglesia principal Santa Sofía, en una esplendorosa mezquita.

Así es como la historia cuenta la consumación de uno de los pasajes históricos más importantes en la vida de la humanidad, siendo este uno de aquellos hechos que no tienen parangón en el devenir del desarrollo histórico del hombre. Pocas veces se tiene conocimiento de una batalla que haya significado tanto para la historia, y se haya convertido en la muestra directa del choque de dos civilizaciones. Asimismo, las consecuencias que acarrearía para el futuro del mundo la victoria de los turcos musulmanes en esta batalla y toma de la ciudad capital del cristianismo, se convertirían en uno de esos actos principales que sólo se dan en muy rara ocasión, y que en aquel momento de creencias muy parametradas generaba el terror de toda la cristiandad; el inmenso triunfo del islam turco sobre el cristianismo ortodoxo, y la desaparición definitiva de una civilización única, que aglomeraba en sí lo mejor del mundo antiguo, decaía ante el nuevo poder de una naciente potencia que llevaría sus huestes hasta el corazón mismo de la Europa cristiana, Austria, a finales del Siglo XVI e inicios del XVII. Es notable destacar una profecía griega que indica con referencia a la ciudad de Constantinopla lo siguiente: "Un Constantino la construyó, un Constantino la perdió y un Constantino la recuperará". Y quien sabe si es que algún día esta profecía tal como la que según se cuenta profetizó el ingresó del ejército invasor turco por la Kerkoporta, se hace realidad; y la actual ciudad de Estambul, tal como Constantinopla en su momento, vea la llegada a sus puertas de un ejército cristiano (católico, ortodoxo o quizás unificado) que de dura batalla y tras mas de cinco siglos y medio de dominio turco, devuelva a sus antiguos y primigenios edificadores, la "reina de las ciudades".
Mi deseo ha sido el de poder ofrecer un breve resumen del cómo la historia narra los hechos que sucedieron para la toma de Constantinopla por parte del Imperio turco otomano, y la caída del Imperio mas grande del que la historia de la humanidad ha tenido conocimiento registrado. La cáída de Constantinopla generó un cisma, los cristianos por primera vez no se sintieron dueños del mundo conocido, y supieron de la existencia de otra naciente mega potencia religiosa con quizás igual o mayor fe en sus creencias y dogmas, y que en ningún momento dudó en hacer frente a los "infieles" con la misma fervorosidad asesina de la religión cristiana. Así como los cristianos tenían a los cruzados, los musulmanes tenían a los muyahidines, quienes tal como los primeros no dudaban un segundo en ofrendar su vida, a cambio de la gloria perpetua para su religión.
A mi parecer, hay una frase que revela sublimemente el espítiru con el cual las huestes cristianas enfrentaron y defendieron hasta el último palmo de suelo, la capital romana de oriente. La misma la he extraido de la última carta que enviara el Emperador Romano Constantino XI Paléologo al Sultán Turco-Otomano Mehmed II: "Ya que has optado por la guerra y no puedo persuadirte con juramentos ni con palabras halagüeñas, haz lo que quieras; en cuanto a mí, me refugio en Dios y si está en su voluntad darte esta ciudad, quién podrá oponerse?... Yo, desde este momento, he cerrado las puertas de la ciudad y protegeré a sus habitantes en la medida de lo posible; tú ejerces tu poder oprimiendo pero llegará el día en que el Buen Juez dicte a ambos, a mí y a ti, la justa sentencia". (Ref. "Historia Turco Bizantina" de Miguel Ducas. Madrid, Ed. Visor Distribuciones S.A., 2007.)

Dentro de todo este contexto, he ido haciendo referencia a la ciudad de PERA (colonia genovesa en Constantinopla), el papel de este actual distrito de Estambul, que ve sus orígenes perderse en la antigua historia desde la fundación de la ciudad de Constantinopla, fue de singular trascedencia para el deselvolvimiento y posterior final de la batalla por la conquista turca de la "reina de las ciudades". En el contexto de aquella batalla, y del cómo el sultán Mehmed II con ayuda de su general Zâganos Pasha idearon la estrategia perfecta para garantizarse la victoria, PERA, como asentamiento de los colonos genoveses en Constantinopla, tiene una función fundamental, pues sin duda sobre la tierra de dicho actual distrito se gestó la victoria final turca. Pero ello será objeto de un estudio mas específico en la siguiente extrada.

lunes, 30 de junio de 2008

La toponímia PERA en Constantinopla (actual Estambul, Turquía) - Parte I: Historia de la capital oriental del Imperio Romano

(vista recreada de la ciudad de Constantinopla en el año 1453 y su ubicación geográfica)

No cabe duda que quizás la toponímia mas antigua que se encuentre plenamente establecida y registrada en los anales de la historia por su gran importancia en el desenvolvimiento del desarrollo histórico del mundo europeo-asiático, es la toponímia PERA en Constantinopla, actual Estambul, República de Turquía.

La caída del Imperio Romano de Occidente, el cual desapareció como entidad política el 04 de Setiembre del 476 d.C., significó un gran resquebrajamiento de las estructuras sociales que se habían mantenido como inalterables, no sólo para los pueblos que se encontraban bajo dominio del Imperio Romano a lo largo de varios siglos, sino también para todas las naciones aledañas que de una u otra manera no habiendo estado bajo el yugo romano, habían aprendido a convivir si se quiere de alguna manera con el "gigante" que de modo tan avasallador obtuvo para sí y llevó las riendas del manejo del mundo antiguo por varios siglos antes y después de Jesucristo. Frecuentemente se ubica al año 476 d.C., como la fecha clave que marcó de modo definitivo la caída del antiguo Imperio, y esto es porque para dicha fecha ya ni siquiera se puede ubicar en la política romana, a algún personaje que al menos se autodenominase el "emperador" de Occidente; esto unido a que para dicho año Roma como ciudad capital, ya había sido saqueada e invadida por las tribus bárbaras procedentes del norte europeo, tribus que vieron en el resquebrajamiento del poderío político y militar romano, la oportunidad perfecta para invadir y hacerse del tan apetecible botín que era Roma. Es así que en los hechos, para el año 476 d.C., prácticamente ya no quedaba nada del históricamente famoso orden romano original.
Tras el "sacudón" propio de la caída del orden socio-político, cultural y económico que había regido a casi todo el mundo conocido para ese entonces por siglos, el Imperio Romano no tuvo mas salida ante tal crisis que preparar prontamente su traslado e intentar conservar y hacer predominar su hegemonía desde lo que el Imperio siempre consideró el territorio límite mismo entre los continentes de Europa y Asia. Es así que habiendo ya sucumbido el Imperio Romano de Occidente, Constantino I (272 d.C. - 337 d.C.), apodado el Grande, fue proclamado Emperador de Roma por sus propias tropas el 25 de Julio de 306 d.C., el cual sería a su vez el cargo político que ocuparía hasta su muerte. Es importante destacar, que este personaje ha sido objeto de los mas profusos estudios históricos dada su principal actuación en casi todos los órdenes de la vida en el "nuevo" Imperio Romano, el Imperio Romano de Oriente (también denominado Imperio Bizantino). Por sólo citar algunos aspectos, Constantino I fue el legalizador de la religión cristiana en el Imperio Romano, y fue quien refundó la antigua ciudad de Bizancio (ciudad griega capital de la región de Tracia, ubicada en la entrada del estrecho del Bósforo -que úne al Mar de Mármara con el Mar Negro-), en el año 330 d.C., llamándola "Nueva Roma" (por construirse de modo muy similar a la capital histórica del Imperio Romano, contando con 14 regiones, 01 foro, 01 capitolio y 01 senado, además de pasar a tener su territorio la calidad legal de "suelo itálico" con lo que estaría libre del tener que efectuar pago por concepto de impuestos a la autoridad mayor romana. Se dice que la similitud que se buscaba con Roma era tal, que al igual que la capital de occidente, Constantinopla se edificó teniendo siete colinas), y que tras la muerte de Constantino I en el año 337 d.C., pasó a llamarse Constantinopla (derivada del griego Constantini-polis, en castellano "ciudad de Constantino"). Es debido a que dicha nueva ciudad se asentó sobre la antigua Bizancio, que al Imperio Romano de Oriente se le conoció a su vez, como Imperio Bizantino; no obstante, sus habitantes la nombraban coloquialmente como "polis" (en castellano, ciudad), de donde con su caída se produjo el nombre turco de "Istanbul", palabra árabe que es una deformación de la terminología griega clásica "eis tên polin" (en castellano, en la ciudad). Asímismo, también es de resaltarse que los eslavos la llamaban "Tsarigrad" (derivada de la palabra tsar, en castellano César; y de grad, en castellano la ciudad, lo que significaba en conjunto la Ciudad del César). Es importante destacar, que los habitantes de Constantinopla nunca se llamaron así mismos bizantinos, sino que fueron bautizados así por los historiadores en tiempos mas recientes.

Al ser Constantinopla la nueva capital del Imperio Romano y la ciudad situada ad portas del ingreso tanto a Europa como a Asia Meridional, ello le otorgó a dicha ciudad un status único, el ser la "reina de las ciudades", ostentando un poder que se manifestaba en todos los órdenes del actuar humano, constituyéndose como el centro del saber, prosperidad y preservación de la cultura e historia de la antigua Roma, para lo cual Constantino I dotó a dicha ciudad de un Senado y oficiales civiles de forma similar a los que regían en la antigua capital occidental, ubicando esta vez un nuevo referente, el cual sería poner al naciente imperio bajo la protección de la simbología cristiana como la supuesta "Vera Cruz", la "vara de Moisés" y otras reliquias consideradas sagradas para el cristianismo. Constantino I pasó asimismo a la historia mundial, por las leyes que promulgó y que verbi gratia convirtieron los oficios de carnicero y panadero en hereditarios, así como convertieron a los colonos de las granjas en siervos, sentando con ello las bases de la incipiente sociedad feudal europea de la Edad Media. Como he referido, desde sus primeros días la ciudad de Constantinopla se expandió con asombrosa agilidad, siendo que la gran cantidad de recursos que empezó a aglomerar atrajeron a un gran número de personas que practicaban los mas diversos oficios y profesiones, desde abogados, arquitectos, ingenieros, hasta artesanos y principalmente comerciantes los cuales llegaban casi desde todas las regiones de Europa y del oriente para buscar amasar fortuna en la nueva gran capital del Imperio. Es por ello, que si nos ubicamos en el contexto general del nuevo Imperio, Constantinopla se convirtió en la ciudad que servía de perfecto nexo entre las regiones de Oriente y Occidente, caracterizándose por ser sumamente cristiana, no permitiéndose la existencia de ningún templo pagano, y adornándose a la misma con plazas monumentales y los mas bellos edificios públicos, todos los cuales habían sido edificados teniendo en cuenta el debido respeto a la "religión oficial" de Imperio. Luego de profundas investigaciones, se ha podido determinar que durante su máximo apogeo, la ciudad de Constantinopla llegó a contar con 14 iglesias cristianas, 11 palacios, 05 mercados, 01 Universidad (la primera del mundo, fundada en el año 340 d.C. y llamada la Universidad de Constantinopla, en la que se enseñaba gramática, retórica, derecho, filosofía, matemática, astronomía y medicina), 08 baños públicos, 153 baños privados, 20 panaderías públicas, 120 panaderías privadas, 52 pórticos, 322 calles y 4.388 casas.

Viendo el contexto general en el que se desarrolló Constantinopla, podemos apreciar que prontamente y gracias a los esfuerzos (políticos, sociales y principalmente económicos) de Constantino I y su séquito imperial, Constantinopla -la ciudad de Constantino el grande- supo reunir en sí una incomparable combinación de imperialismo, religiosidad y posición estratégica comercial, lo que le depararía el desempeño de un papel mas que trascedental en la escena política y socio-económica del antiguo mundo, configurándose como una encrucijada perfecta entre dos continentes (Europa y Asia), y luego como un incentivo para África y otros territorios a su vez, constituyéndose como una posibilidad muy efectiva para intentar lograr su desarrollo en los aspectos de comercio, cultura, diplomacia y estrategia. Siendo un enclave tan valioso, Constantinopla era capaz de controlar la ruta del comercio entre Asia y Europa, así como el paso del Mar Mediterráneo al Mar Negro, lo que generó que mientras la parte occidental del Imperio Romano decaía cada vez mas en una aguda crisis económica, comercial, política y demográfica (que a la postre determinaría su caída total), Constantinopla mantuvo y mas aún capitalizó dicho resquebrajamiento y pudo consolidar su posición hegemónica durante los siglos posteriores, convirtiéndose en la gran urbe europea medieval de cara a dos amplios frentes: Europa y Asia. Como ejemplo de ello, se puede evidenciar que para el año 336 d.C. Constantinopla contaba con cerca de 30 mil habitantes, tan sólo un siglo después alcanzó los 500 mil (aumentando 16 veces su demografía) convirtiéndose para dicha época en la ciudad más grande del mundo, tal es así que algunos historiadores han indicado que en los picos poblacionales de dicha capital, la misma llegó a constituirse de un millón de habitantes (sin contar a aquellos viajeros que permanecían por escasas semanas o días hasta concretar sus negocios), lo que de comprobarse, definitivamente situaría a Constantinopla como la ciudad mas grande de la antigüedad de la que se haya tenido un conocimiento histórico documentado.

Año a año, Constantinopla fue creciendo y embelleciéndose a través de la colocación de monumentos u obras de otras ciudades aledañas -Alejandría, Éfeso y principalmente de Atenas-, las que fueron saqueadas para trasladar sus tesoros: esculturas, columnas, mosaicos, obeliscos, etc. a la nueva capital mundial. Para ello, Constantino I no reparó en los grandes gastos que dichos traslados implicaban, ello hallaba su explicación en que el mismo quería edificar una ciudad que fuese el máximo símbolo del nuevo Imperio, y una ciudad capital no sólo para Europa, sino una de calidad universal. Teniendo en cuenta lo antes mencionado, es fácil preveer que ante tales características, la ciudad capital del Imperio Romano de Oriente, Constantinopla, era muy apetecible -tal como en su momento lo fue la ciudad de Roma- ante los ojos de los diversos reinos que se encontraban a sus alrededores, e incluso algunos cuyas tierras se ubicaban bastante alejadas. Dicha ciudad fue debido a ello sitiada en múltiples ocasiones (algunos historiadores indican que fue sitiada en mas de 22 oportunidades) por diversos ejércitos como el persa, ávaro, árabe, búlgaro, ruso y turco, mas de todos estos sitios y asaltos Constantinopla pudo salir victoriosa y triunfante gracias al arrojo, valentía y fe de sus habitantes quienes no dudaban en salir a defender su ciudad, así como por la triple muralla que hacía prácticamente imposible el ingreso a la misma una vez cerradas las puertas. No obstante ello, como indican las leyes de la naturaleza, "todo lo que sube, baja", y Constantinopla no fue la excepción a esta regla, pues su declive puede decirse que empezó en el año 1190, durante los preparativos de la Tercera Cruzada o "Cruzada de los Reyes" (1189-1192) en los reinos de Occidente, que tuvo la intención de recuperar la Tierra Santa del dominio de Salah ad-Din Yusuf, históricamente conocido como Saladino. Llama mucho la atención, que al ser una ciudad eminentemente cristiana, los habitantes de Constantinopla, mantuvieren la firme convicción que los cruzados cristianos no tenían posibilidad alguna de vencer Saladino. Quizás ello se debió a que estando los bizantinos en una directa colindancia con los dominios de Saladino, conocían muy bien el poderío militar con el que contaba el mismo; ello unido a las divergencias agudas en cuanto a los dogmas de fe entre los cristianos ortodoxos y los católicos apostólicos romanos, nos hace notar el posible leitmotive por el que Constantinopla a pesar de ser la cuna del cristianismo como religión oficial en el límite continental, optó por mantenerse como territorio neutral ante el nuevo conflicto que surgía entre cristianos y musulmanes. Es debido a esta reticencia a ayudar a la cruzada, no sólo aportando un ejército, sino también aportando en lo económico (mas aún si se tiene en cuenta que era ampliamente conocida la gran riqueza de dicha ciudad), que los cruzados occidentales tuvieron la excusa que buscaban para por primera vez tener una supuesta "legitimidad" para saquear y hacerse de los tesoros de Constantinopla.

Así, el primer asalto cristiano a dicha ciudad tuvo lugar en el año 1204, y ya estando en época de la Cuarta Cruzada (1202-1204) -expedición militar organizada como una cruzada para reconquistar Tierra Santa, pero que en el camino varió su rumbo, terminando con la conquista y el saqueo de Constantinopla-, fue que se creó el efímero Imperio Latino (1204-1261). Mientras ello tenía lugar y los bizantinos eran despojados de su capital imperial, los mismos tuvieron como única salida a la crisis que estaban viviendo en fundar nuevos Estados aledaños a Constantinopla, desde donde podían observar como satélites, lo que sucedía dentro de su capital dominada por un ejército que se decía protector y seguidor de las enseñanzas de Jesucristo, pero que derramaba sangre, muerte y destrucción a su paso. Es así, que luego de la toma de Constantinopla por parte de los cruzados cristianos, y tras la fundación del Imperio Latino manteniendo prácticamente a la misma como una ciudad "secuestrada", se fundaron los Imperios de Nicea (1204-1261), de Trebisonda (1204-1461)y el Despotado de Epiro o Arta (1205-1358), que fueron determinantes en la suerte de la propia ciudad capital del Imperio Romano de Oriente.

Sin embargo, con el paso de los años el reino establecido por los cruzados occidentales en Constantinopla fue perdiendo territorios, hasta que finalmente en el año 1261, el Imperio de Nicea, bajo el mandato de Miguel VIII Paleólogo (1225-1282), reconquistó la capital de oriente, arrebatando Constantinopla al emperador latino Balduino II de Constantinopla (1217-1273), haciéndose coronar con su hijo menor Andrónico II Paleólogo (1260-1332), como co-emperadores. Una vez en el trono, Miguel VIII abolió todas las costumbres latinas y restauró muchas de las ceremonias e instituciones bizantinas que habían existido antes de la conquista de los cruzados latinos. Poco después del año 1259, sería investido con el título de déspota, para ser finalmente proclamado emperador, con el apoyo de la colonia de los genoveses asentada en Constantinopla, en el territorio conocido como PERA. Posteriormente, Miguel VIII en su intento por unir las iglesias Católica Bizantina y Católica Apostólica Romana, lucharía contra los colonos genoveses y venecianos asentados en Constantinopla, y cuya influencia en dicha capital quería reducir, manteniendo el equilibrio de fuerzas entre ambos grupos de italianos. Durante la era bizantina, Constantinopla fue conquistada sólo una vez. La ocupación del Viernes Santo de 1204 por la mencionada Cuarta Cruzada, que despojó a Constantinopla de sus tesoros, y la condenó a cincuenta y cinco trágicos años de mal gobierno por los francos, quienes se decían descendientes de Carlos I (742-814) históricamente conocido como Carlomagno, apodado el Grande fundador del Imperio Carolingio y del Sacro Imperio Romano Germánico, y quienes usurparon el trono de los emperadores bizantinos. La ciudad de Constantinopla quedó así debilitada profundamente ante sus potenciales futuros adversarios, los turcos otomanos, por ello la única posibilidad de salvación radicaba en una alianza con la lglesia de Roma y las naciones cristianas de occidente, mas aquello se mantenia como algo poco probable, pues como sentenció en 1452 el primer ministro y comandante militar bizantino, el megaduque Lucas Notaras: "Antes el turbante del sultán que la mitra papal", y la mayoría del pueblo y el clero bizantino eran de la misma opinion, sin importar el grave peligro que acechaba a sus puertas.

En relación a la nación que pretendía la conquista de Constantinopla, los turcos otomanos, puedo expresar que el actual pueblo turco se asento en el Siglo IX en el Califato de Bagdad o Abasí (750-1258) -ubicado en la actual Irak-. Con el tiempo, los turcos lograron derrocar a la dinastía de los Abásidas, y consiguieron fundar una dinastia propia con Osmán I (1258-1326), apodado el Victorioso. Es por el nombre de este emperador, que se conoció en adelante a los turcos con el sobrenombre de otomanos, y de allí viene el nombre justamente de Imperio Otomano. Así, desde la actual Irak, los turcos otomanos comenzaron una expansión estilo imperial que los llevó en el Siglo XV a poseer vastos territorios en Europa, Asia y África, por lo que sin duda el Imperio Otomano se constituyó como uno de los mas importantes imperios en la historia de Europa y Asia, a pesar que no susbsistieran por muchos siglos como tal.

Volviendo a la historia de la conquista otomana de Constantinopla, los otomanos ya habían hecho prevalecer su dominio anteriormente al cada vez mas desvalido Imperio Bizantino, ello lo lograron haciendo suyas las últimas ciudades asiáticas bajo dominio bizantino, ciudades tales como: Bursa, Nicea y Nicomedia. Es en el año 1341, que tras morir el emperador bizantino Andrónico III Paleólogo (1297-1341), el Imperio Romano de Oriente quedó en manos de su esposa Ana, quien nombró al clérigo Juan Cantacuzeno (1292-1283) -quien estaba emparentado a la familia Paleólogo por su madre- como tutor o regente de su hijo Juan V Paleólogo (1332-1391) y corregente de la propia Ana. En 1343, el clerigo Cantacuzeno usurpó el poder abusando de su cargo y de la minoría de edad de su regentado con ayuda turca -haciéndose llamar desde allí Juan VI Cantacuzeno, y se declaró asimismo como regente único de Constatinopla, pidiendo ayuda militar a los otomanos para imponer su control sobre los últimos remanentes del Imperio Bizantino. Es así, que la emperatriz Ana pactó con Juan VI Cantacuzeno para que el mismo y su hijo Juan V Paleólogo gobernarían como co-emperadores, teniendo Cantacuzeno mayor autoridad sobre Paleólogo durante diez años, siendo que a partir de dicha fecha gobernarían como co-emperadores en situación de plena igualdad. No obstante, tras el primer ataque efectuado por el Reino de Serbia, efectuado a la ciudad de Salónica en el año 1349, el clérigo y regente bizantino Juan VI Cantacuzeno pidió por segunda vez ayuda al Imperio Otomano. En el año 1351, Cantacuzeno haría una tercera alianza con los otomanos la misma que lo ayudaría en la guerra civil provocada entre sus partidarios y los seguidores del príncipe Juan V Paleólogo. Debido a este último acuerdo que para los bizantinos tenía un sabor a traición, Cantacuzeno prometió a los otomanos la posesión de una fortaleza del lado europeo del estrecho de los Dardanelos: la misma que se convertiría en la primera ocupación de una civilización asiática en Europa desde el asedio persa a Grecia, hacía más de dos mil años atrás. Entretanto, los otomanos reforzaban su posición tomando la ciudad de Gallípoli, estableciendo el control sobre toda la península y una base estratégica para la expansión del Imperio Otomano en Europa. Cuando Juan VI Cantacuzeno exigió la devolución de dicha ciudad, los otomanos se volvieron en contra de Constantinopla. Mientras tuvieron lugar estos hechos, el Imperio Romano de Oriente, se encontraba muy fraccionado y casi reducido a una mínima expresión, era constantemente atacado por todos sus límites, teniendo guerras incluso por ejemplo con los genoveses, que mantenían una colonia en Galacia y controlaban las transacciones monetarias con la corte. Allí se hallaba el barrio llamado Gálata, y que hasta estos días conserva dicho nombre. El mismo se encuentra sobre una colina rodeada de calles sinuosas, con casas de estilo occidental. La torre de Gálata es una fortificación que formaba parte de un conjunto que construyeron los genoveses en el antiguo barrio de Gálata, en el año 1348, en momentos en que las relaciones que mantenían los genoveses con Constantinopla no eran del todo buenas, y además las mismas se veían constantemente amenazadas por los venecianos, que fueron desde siempre los rivales de los genoveses, con quienes pugnaban por el poder y la hegemonía en el comercio entre oriente y occidente.

Por todo lo antes mencionado, se puede decir que durante el gobierno de Juan V Paleólogo, y por actuación de Juan VI Cantacuzeno, el Imperio Romano de Oriente y en particular Constantinopla, se convirtió un estado vasallo de los otomanos, ofreciendo soldados para las campañas de los turcos en Europa y pagando un tributo anual para mantener a los turcos lejos de la ciudad capital. Mas con el tiempo, las exigencias turcas se agravaron cuando Juan V Paleólogo murió en 1391, y su hijo Manuel II Paleólogo (1350-1425) subió al trono, en desacato a lo que el sultán otomano Bayaceto I (1354-1403) exigía para el gobierno de Constantinopla. Entre las nuevas exigencias del sultán Bayaceto I, se encontraba principalmente el establecimiento de un distrito en Constantinopla con el dominio de los mercaderes otomanos, tal como existían asentamientos de comerciantes venecianos, florentinos, romanos y genoveses, quienes se repartían el territorio bizantino. Frente a dicho requerimiento Manuel II Paleólogo se rehusó a consentir dicho asentamiento ya que el mismo simbólicamente significaba el aceptar el inicio y "pie de apoyo" de la invasión otomana a Constantinopla. Ante la negativa rotunda de Manuel II, Bayaceto I ordenó efectuar un cerco a la capital de oriente por tierra, siendo que tras siete largos meses de sitio, Manuel II Paleólogo no pudo mantener su decisión, y se vio obligado a ceder ante el petitorio otomano, tras lo cual el poderío militar turco se dirigió inmediatamente hacia iniciar campañas en el norte, contra el Reino de Serbia y Hungría. Tiempo después, Bayaceto I llamaría a varios reyes cristianos del este europeo -entre los que estaba Manuel II- para efectuar una audiencia, donde según dijo demostraría las consecuencias para cualquiera que se resistiera a su poder como sultán. Ante tan invitación, Manuel II Paleólogo presintió que el objetivo del sultán era asesinarlo frente a los demás reyes católicos, lo que se configuraría como una clara amenaza para el qué se negara a obedecer sus mandatos, por lo que rechazó la propuesta. Manuel II volvería a ser invitado por Bayaceto I en el año 1396, no obstante, el emperador bizantino nuevamente rechazaría el pedido, a lo que el sultán respondería enviando por segunda vez a su ejército a sitiar Constantinopla, destruyendo y saqueando los campos aledaños a la ciudad, impidiendo que quien fuese entrara o saliera vivo de la ciudad capital. Pese al sitio terrestre, Constantinopla aún contaba con suministros que llegaban vía marítima, ya que las huestes de Bayaceto I no habían dispuesto un sitio marítimo a la ciudad. Constantinopla tuvo que resistir por largos seis años dicho segundo asedio, hasta que en el año 1402, el temible ejército del conquistador y líder militar turco-mongol Tamerlán (?-1405), apodado el Cojo, invadió el Imperio Otomano por el este -Anatolia-, y Bayaceto I se vio obligado a trasladar las tropas que tenía en el sitio de Constantinopla hacia el nuevo frente, por lo que la ciudad capital pudo tener un respiro y se salvó una vez mas de la inminente invasión otomana en el último momento por un factor totalmente externo a sí.

Durante los siguientes veinte años, Constantinopla se vio libre del yugo y asedio otomano gracias a los conflictos internos entre los musulmanes, e incluso pudo recuperar algunos territorios en Grecia, sin embargo los perdería nuevamente poco tiempo después. Quizás pensando que podría obtener algún provecho como una tregua, en el año 1422 Manuel II Paleólogo decidió apoyar a uno de los príncipes otomanos que querían hacerse del trono en su imperio. Pero, la respuesta a tal ofrecimiento de apoyo tuvo como resultado que el sultán Murad II (1404-1451) enviara un contingente de 10 mil soldados para cercar Constantinopla nuevamente. El 24 de Agosto de 1422, Murad II ordenó que se realizara un fuerte ataque a las murallas bizantinas, mas luego de varias horas de ardua batalla, ordenó la retirada de sus tropas, por lo que la capital del Imperio Romano de Oriente, la ciudad de Constantinopla, logró sortear y sobrevivir increiblemente una vez mas a los constantes ataques invasores otomanos.

Sin duda, quizás el mayor problema o "talón de Aquiles" del que padecía Constantinopla, era que el cisma existente entre las Iglesias Católicas Romana y Ortodoxa, era demasiado profundo, a pesar de la cercanía entre las creencias religiosas de ambos "bandos" cristianos. Resulta muy interesante observar que precisamente el peor problema que debía enfrentar el Imperio Romano de Oriente y Constantinopla, era interno, y se refería a aquella división tan marcada entre dos facciones de una misma religión, los musulmanes constituían un problema, pero la desunión y escasa voluntad de sobreponerse a las viejas rencillas internas dentro de una misma creencia cristiana, eran la mas dura prueba que los bizantinos debían superar. Aquella división y fractura religiosa, había mantenido a dicha ciudad distante de las naciones occidentales que le podían haber brindado mucha y valiosa ayuda para su defensa, es sorprendente que incluso durante los múltiples asedios de los turcos musulmanes, tanto Roma como sus aliados occidentales no hayan hecho sino mostrarse indiferentes al sufrimiento del pueblo cristiano bizantino. En un último intento de aproximación entre estas facciones del cristianismo, y teniendo presente la constante amenaza turca y las exiguas fuerzas de Constantinopla para resistir los incesantes ataques otomanos, el emperador Juan VIII Paleólogo (1392-1448) promovió la realización del llamado Concilio de Ferrara (1438-1442), en Italia, el cual tenía como objetivo el estudiar una reforma a la iglesia cristiana y reconciliar a los bizantinos (ortodoxos) con los latinos (apostólicos romanos), éstos a su vez entraron en efecto en el seno de la Iglesia con los armenios, los jacobitas, los mesopotamios, los caldeos y los maronitas. Este concilio se dio en varias etapas y sedes diferentes, lo que ocasionó muchas situaciones tirantes. Fundamentalmente se trató de lograr la ansiada unión de la Iglesia Católica Apostólica Romana con las diferentes Iglesias Cristianas Orientales Autónomas, y con ello lograr al fin unificar criterios de fe dentro de una misma religión. No obstante, dicho último gran esfuerzo realizado por Juan VIII Paleólogo, generó entre la población bizantina tumultos y división entre los que rechazaban a la iglesia romana y los que apoyaban la maniobra política de Juan VIII como medio momentáneo para lograr un apoyo en la defensa se Constantinopla. Muerto Juan VIII en el año 1448, su hermano Constantino XI Paleólogo (1405-1453), último emperador del Imperio Romano de Oriente, asumió el trono al año siguiente (mientras la regente en Constantinopla fue Elena Dragases, madre de ambos). Constantino XI era una figura popular y muy respetada por la población, la misma que tenía muy presente que Constantino XI había luchado en la resistencia bizantina en el Peloponeso frente al ejército otomano, por tal lo veían como un noble muy patriota. Este último emperador romano seguía la línea política de su hermano y predecesor en lo concerniente a la necesaria conciliación entre las iglesias cristianas de oriente y occidente, lo que causaba desconfianza no sólo entre el clero bizantino totalmente reticente a superar las disputas internas de fe con sus pares latinos, sino también en el sultán Murad II, que veía esta posible unificación como una amenaza de intervención de las potencias occidentales en la resistencia a la expansión de su Imperio en Europa, y en particular, frente a su inminente conquista del botín mas preciado: Constantinopla. En 1451 Murad II falleció sin lograr sus objetivos políticos y militares de conquista, y fue sucedido en el trono otomano por su joven hijo Mehmed II (1432-1481), apodado el Conquistador, y a quien la historia le tendría deparado ser el emperador otomano que finalmente tras siglos de asedio turco podría tomar la ciudad capital de Constantinopla en el año 1453 e ingresar en ella triunfalmente, provocando tras ello la caída definitiva del milenario, hegemónico y mas importante de los imperios que la historia del mundo haya conocido: el Imperio Romano.

Inicialmente, al subir al trono otomano Mehmed II prometió no violar el territorio bizantino, en reconocimiento a la actuación que había tenido su antecesor Murad II (quien incluso tuvo la prerrogativa de actuar como arbitro cuando tras morir Juan VIII Paleólogo, hubo un enfrentamiento por el trono bizantino entre Constantino XI y su hermano Demetrio, siendo finalmente Murad II quien eligió al nuevo emperador de Constantinopla, coronando él mismo en persona a Constantino XI en la ciudad de Mistra-Peloponeso el 06 de Enero de 1499), lo que aumentó la confianza de Constantino XI Paleólogo quien en el mismo año, se sintió seguro y en una posición tal que le permitiese exigir a Mehmed II el pago de una renta anual para la manutención de un supuesto príncipe otomano capturado y mantenido como rehén en Constantinopla. No obstante, Mehmed II mas por furia debido a la afrenta a su honor que por la amenaza de muerte a su pariente en sí, ordenó los preparativos para un asedio definitivo y hasta las últimas consecuencias a la capital bizantina, configurando algo así como una batalla final, que sellaría el último capítulo de la historia de Constantinopla, y del Imperio Romano de Oriente.

Ambos bandos, cristianos católicos y turcos musulmanes, se prepararon así para la guerra final. Los bizantinos, contando tras los esfuerzos de Juan VIII y Constantino XI, con la simpatía de las naciones cristianas occidentales, enviaron mensajeros a dichas naciones pidiendo refuerzos, mas únicamente consiguieron promesas de ayuda que nunca se concretarían. Sólo tres navíos genoveses contratados por el Papa Católico Nicolás V (1397-1455) estaban en camino a Constantinopla con armas y provisiones. Este mismo Papa solicitó la ayuda de los reyes cristianos de occidente para evitar la caída de Constantinopla, mas a pesar de su solicitud, su pedido cayó en "oídos sordos". Nicolás V también envió en el mes de Octubre de 1452 al cardenal Isidro para que confirmara la unión de las Iglesias mediante una misa solemne en la Iglesia de Santa Sofía. Dicho Cardenal, trajo consigo a una fuerza de 300 arqueros los que aparentaban ser la "avanzadilla" de una futura ayuda militar mayor para la defensa de la capital oriental, efecto que no consiguió. A fines de Agosto de 1452, los turcos terminaron de construir la fortaleza de Rumelí Hisar en la orilla europea del Bósforo, a escasos kilómetros al norte de Constantinopla, y en Noviembre hundieron a cañonazos a un navío veneciano -que se negó a detenerse ante las fuerzas otomanas y a pagarles tributo- desde esa posición, lo que iniciaba a cumplir la amenaza sobre la capital bizantina, la misma que se transformó en una realidad cada vez mas desesperante para la población de Constantinopla. En el mismo mes de Noviembre de 1452 el cardenal Isidro convocó una reunión conciliatoria en la que los antiunionistas bizantinos expusieron todas sus objeciones de fe contra los cristianos de credo latino: los católicos apostólicos romanos. La materialización de las amenazas y la exhibición de fuerza de Mehmet II despertaron tal pánico entre toda la población, que Isidoro tuvo la certeza que había llegado el momento de celebrar en la Iglesia de Santa Sofía la solemne misa de la proclamación de la Unión entre las iglesias cristianas. Con la venia del emperador Constantino XI, la misa se celebró el 12 de Diciembre de 1452. A lo largo del invierno, Mehmet II empezó a tomar posiciones para lanzar el que sería el ataque definitivo contra la "Reina de las Ciudades". A mediados del año siguiente, los venecianos enviaron un exiguo refuerzo de 800 soldados y 15 navíos con pertrechos, mientras que los ciudadanos venecianos residentes en Constantinopla aceptaron participar de las defensas de la ciudad. La capital bizantina también recibió refuerzos de los ciudadanos de origen genovés, habitantes de PERA. Se aprestaron a la defensa de la ciudad con barriles del llamado "fuego griego" y varias armas de fuego, la orden era que todos los hombres y jóvenes capaces de empuñar una espada o un arco, defendieran la ciudad. Para esa época, Constantino XI Paleólogo había hecho un censo en la ciudad para contabilizar mejor las fuerzas disponibles para la defensa de Constantinopla, siendo el resultado decepcionante, pues la población apenas llegaba a los 50 mil habitantes (recordemos que como he mencionado en su época de máximo esplendor en el Siglo V Constantinopla había llegado a contar con 500 mil habitantes) y apenas había entre 5 mil a 7 mil soldados para la defensa. Los otomanos, a su vez, iniciaron el cerco construyendo rápidamente una muralla diez kilómetros al norte de Constantinopla, en Anadoluhisari. Mehmed II sabía que todos los asedios anteriores habían fracasado porque los mismos sólo se habían efectuado por vía terrestre, mientras la ciudad capital recibía suministros por vía marítima; es por ello que trató de bloquear las dos entradas a la ciudad, la que daba al Mar Negro, con una fortaleza armada con tres cañones (Rumeli Hisari) en el punto más estrecho de la orilla del Bósforo, y con 125 navíos ocupando los Dardanelos, el Mar de Mármara y el oeste del Bósforo. Mehmed II también reunió un ejército estimado entre 80 mil a 100 mil soldados, muchos de los cuales eran combatientes turcos profesionales; los demás, eran reclutas capturados en campañas anteriores o mercenarios, aventureros, voluntarios de Anatolia, los bashi-bazuks y renegados cristianos, los cuales fueron empleados en los asaltos directos. Mehmed II empleó toda la fuerza de su artillería, y se sabe que en cuanto a su infantería 12 mil de sus soldados eran jenízaros (infantería adiestrada específicamente para ser la élite del ejército otomano, quienes debían defender a todo costo al sultán y a las dependencias del palacio real otomano, eran una suerte de guardia pretoriana. Su orígen data de 1330 y fueron finalmente exterminados en 1826 por el Sultán Mahmud II tras la decisión de éstos de asesinar al sultán predecesor y al propio Mahmud II), y 15 mil eran cipayos (caballería de élite incluida dentro de las Seis Divisiones de la Caballería del Imperio Otomano y que normalmente procedía del Magreb, eran una suerte de caballeros feudales medievales); como se puede ver, Mehmed II envío lo mejor que tenía, la élite completa del ejército otomano por todos los frentes para garantizar así su magna victoria.

En los primeros meses de 1452, un ingeniero húngaro llamado Urbano (Orbón) y sus trabajadores (todos húngaros), ofrecieron sus servicios de artillería pesada al emperador Constantino XI, mas éste rehusó los mismos debido a que no contaba con la gran cantidad de dinero que pedían para llevar a cabo la construcción de una defensa de artillería a lo largo de toda la muralla de Constantinopla, así como le ofreció poner a su servicio su "nueva arma". Es de tenerse en cuenta que para dicha época la nación húngara constituía el pináculo de la ciencia de la pólvora, incluso se decía que este pueblo era capaz de jactarse de poder reducir a cenizas las mismas murallas de Babilonia. Pese a ello, el hecho que el Imperio Romano de Oriente no pudiese pagar los servicios de Urbano, demuestra el elevado costo que implicaba el uso de artillería, donde únicamente para su transporte, esta clase de armamento requería de setenta bueyes y 10 mil hombres. Es así que ante la negativa de Constantino XI, el húngaro Urbano optó por ofrecer sus servicios al sultán Mehmed II, quien no reparó en el gasto en que se incurriría, y prontamente hizo responsable al húngaro de la instalación de los 68 cañones en su nueva fortaleza, así como le ofreció los medios necesarios para la fabricación de la nueva arma "creación" del húngaro: un inmenso cañón de nueve metros de longitud, apodado "gran bombarda", el cual medía 26 pies (unos 7.9 metros) de largo y pesaba 20 toneladas. Este cañón podía disparar sin problemas una piedra de 1.200 libras, y requería para su funcionamiento un contingente de al menos 200 hombres. Dicho monstruoso instrumento de artillería fue llevado a las cercanías de Constantinopla empujado por varios cientos de bueyes y auxiliado por un contingente de cien hombres, quienes consiguieron su objetivo a la velocidad de dos kilómetros por día. El gran tamaño de esta colosal arma, unido al tremendo ruido que su transporte provocó, hizo que cundiera el pánico entre los defensores bizantinos, y principalmente entre los pobladores de Constantinopla. A todo este estruendo, se le sumaba el incesante sonido de aquellos que animaban a la batalla con sus tambores y trompetas que se contaban por miles, no cesando de tocar en ninguno de los momentos del asedio turco, además del apoyo de los derviches (miembros del grupo religioso Sufi, aquellos que viven una pobreza mendicante y ascética, indiferente a las posesiones materiales, dedicada al aprendizaje de la religión) que incitaban a destruir la ciudad. El sultán prometió así a sus hombres que de obtener la victoria les otorgaría tres días de pillaje y botín, lo que enardeció mas aún los ánimos de la soldadesca turca, incluso llegó a prometer que nombraría como Bey (en castellano, gobernador) de una de las provincias bizantinas capturadas, a quien destruyese primero parte de la larga y sólida muralla que protegió a Constantinopla por mas de 22 asedios a lo largo de los siglos.

El 29 de Enero de 1453, la ciudad capital se regocijó y tuvo un cierto respiro con el arribo de algunos Caballeros italianos cristianos quienes colaborarían con la defensa de Constantinopla. Entre ellos destacaban Maurizio Cattaneo, los hermanos Bocchiardi y el reconocido noble genovés Giovanni Giustiniani Longo (?-1453), fervoroso católico, político, militar y cónsul de Génova en Crimea (se debe tener en cuenta que el Reino de Génova tal como en Constantinopla con PERA, contaba a su vez con una colonia llamada Kaffa -actualmente llamada Teodosia- en territorio ahora ucraniano), famoso por su pericia para defender ciudades amuralladas de los asedios y por manifestar frente a su desmoralizada tropa cristiana ante las ingentes huestes otomano musulmanas al inicio de la cruda batalla por la defensa de Constantinopla: "Si es necesario morirán por el honor de Dios y de toda la Cristiandad". Este personaje arribó al sitio con setecientos soldados bien armados, cuatrocientos que habla reclutado en su natal Génova, y trescientos alistados en Quíos y Rodas. A fines del mes de Marzo, el inmenso ejército otomano de 80 mil (algunas versiones hablan de 100 mil) hombres, comenzó a avanzar desde la ciudad de Adrianópolis hacia el estrecho del Bósforo, que separa a Europa de Asia; para efectuar toda su defensa Giovanni Giustiniani Longo contaba escasamente con 8000 soldados para defender 22 kilómetros de muralla. Frente al impactante avance otomano, el emperador Constantino IX Paleólogo vio que tras nueve ataques sucesivos de la peste negra en el siglo precedente, Constantinopla habla perdido el cuarenta por ciento de su ya bastante menguada población. Constantino contaba con menos de siete mil hombres para defender la larga y triple muralla que protegia la ciudad capital.

El lunes 02 de Abril, los vigías bizantinos descubrieron las vanguardias del ejército del sultán Mehmed II. El emperador Constantino ordenó inmediatamente que se cerraran todas las puertas de la ciudad, que se destruyeran todos los puentes sobre los fosos, y que se echara una inmensa cadena sobre las aguas del Cuerno de Oro (estuario, parte más ancha y profunda en la desembocadura del Mar de Mármara) para impedir el ingreso de las embarcaciones turcas que se acercaban con inminente peligro. Lo peor aún estaba por venir...

 

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